¿Por qué me enojo por todo?
¿Por qué me enojo por todo?
Porque tu enojo casi nunca es con la persona que tienes delante: es con la imagen que tu mente armó de ella, y esa imagen está hecha de tus propios pensamientos.
Piensa en la última vez que te saltaste por algo mínimo: un mensaje sin respuesta, un comentario, alguien que habla de cierta manera. Antes de que el otro terminara, tu mente ya tenía una historia armada. Reaccionaste a la historia, no a la persona.
A mí me pasaba en la adolescencia. Alguien me contaba algo que le habían hecho a un amigo, yo me enojaba con el culpable y terminaba peleándome con él, mientras los dos implicados nunca se habían peleado. Me estaba relacionando con una imagen, formada además por lo que otros me habían dicho.
Todas las relaciones son un espejo en tu mente.
Por eso el enojo «por todo» no se arregla cambiando a los demás ni peleándote con tu enojo. Se suelta cuando ves que la relación está ocurriendo en tu mente y que el otro no te está haciendo nada. Ahí aparece la pregunta que sí sirve: ¿qué me está mostrando esta persona?
Cómo trabajarlo
1. Busca el pensamiento que llegó antes
Cuando sientas que sube el enojo, encuentra la frase que lo precedió: «no me respondió», «lo hizo a propósito». El enojo es la respuesta a un pensamiento, y un pensamiento se puede mirar.
2. No pelees con tu enojo
Enojarte con tu enojo es sumar un segundo personaje. No hay que pelearse con el ego: hay que observarlo, y al observarlo no tiene de dónde agarrarse.
3. Escribe la imagen que tienes de esa persona
Pregunta: ¿con quién estoy enojado realmente, con ella o con lo que creo que hizo y representa? Anótala tal cual aparece, sin suavizarla.
4. Pregunta qué te muestra el espejo
¿Qué me está mostrando esta persona? ¿Qué veo en este espejo? No es para culparte: es para encontrar la parte tuya que se despertó.
5. Si hay algo que explicar, hazlo con paciencia
Si de verdad el otro no lo sabe, explícaselo, pero cuando la imagen ya no esté encendida. La paciencia es una de las características del maestro.

