El Espíritu Santo no te da cosas: te da otra forma de ver
Las palabras del Curso vienen del cristianismo, pero Jesús las resignifica todas: ninguna queda con el sentido religioso. El Espíritu Santo no tiene nada que ver con ninguna religión: es la voz de la sabiduría, y la tienen todos. Lo que te ofrece es otra forma de ver.
¿Qué es el Espíritu Santo para Un Curso de Milagros?
Las palabras del Curso vienen del cristianismo, pero Jesús las resignifica todas: ninguna queda con el sentido religioso. El Espíritu Santo no tiene nada que ver con ninguna religión. Es la voz de la sabiduría, y la tienen todos: piensa en el ser más detestable que hayas conocido; en él habla igual que en ti. No es algo ni alguien afuera: es una función en tu mente.
Me gusta explicarlo así: tiene dos ojos. Con uno ve el ego —tus procesos de miedo, angustia y sufrimiento— y con el otro ve el conocimiento de Dios, y los ve a la vez. Por eso es el puente de la mente dormida a la mente despierta. Y de ahí salen los regalos que te trae.
El primer don: un traductor perfecto
Esto es lo más importante, así que afila el lápiz. Absolutamente todo lo que el ego usó en tu mente, el Espíritu Santo lo toma, lo usa como recurso de aprendizaje y lo reinterpreta a favor de tu liberación. Te peleaste con alguien: lo reinterpreta. Te echaron del trabajo: lo reinterpreta. Todo.
¿Viste el traductor en el que enfocas algo con la cámara y te lo traduce en el momento? Tenemos el traductor perfecto adentro. No soy yo ni ningún maestro: yo te puedo guiar, pero el traductor está en ti. El Curso habla de su «función de reinterpretar lo que el ego forja», y aclara que no lo hace destruyendo, sino entendiendo.
Esa reinterpretación también ordena lo que importa. Muchas veces pedimos abundancia de cosas materiales, cuando la verdadera abundancia es espiritual. Jesús le llama confusión de niveles, y el Espíritu Santo te lleva a poner los niveles en su justa perspectiva, para que lo importante pase a ser lo espiritual.
El segundo don: la paz
¿Cómo sabes si es el Espíritu Santo o te estás armando la película? Es muy simple. El Espíritu Santo genera paz y el ego genera conflicto. El Espíritu Santo te lleva a perdonar y el ego a condenar. El Espíritu Santo te trae al presente y el ego te lleva al tiempo. Te hace sentir en paz, en amor, en conexión; el ego te hace sentir separado, con miedo y en conflicto.
Si alguien te critica y te sientes atacado, el Espíritu Santo te muestra que el sufrimiento no viene de lo que el otro te dijo, sino de cómo lo interpretas, y como conoce ese mecanismo, te lleva a liberarlo. Y otra cosa: el Espíritu Santo no te carga la espalda. Eso lo hace el ego. El Espíritu Santo te saca las cargas.
El tercer don: una guía que responde
En el Curso hay dos maestros: el ego, del que venimos aprendiendo toda la vida, y el Espíritu Santo, que va guiando la mente en el proceso de despertar. El ego siempre habla primero, pero el Espíritu Santo siempre contesta. ¿Cómo te comunicas con él? Le preguntas en tu mente, así de simple. Yo enseño tres maneras de trabajar con él:
Entregar. Le entregas una situación, abierto a que pase lo mejor, que no siempre es lo que esperas. Cuidado con usarlo de bolsa de basura mientras la mente sigue funcionando igual.
Pedir reinterpretación. Cuando estás en un conflicto: «¿Cómo veo esto de otra forma?». La pregunta lo más corta posible y la escucha lo más larga posible.
Pedir sabiduría. Sin estar sufriendo, por curiosidad: quién soy, cómo conecto con Dios.
Y no te quedes en la primera respuesta. Si te dice «perdona», pregúntale qué es el perdón, cómo se aplica en esta situación, por qué tienes que perdonar. Si sigues preguntando, te va llevando cada vez más a lo profundo.
¿La sabiduría del Espíritu Santo se agota?
No, y eso es lo interesante: es inagotable. No es como las cosas físicas: mientras más sabiduría encuentras, más sabiduría hay para encontrar. A mí me pasaba dando clase: de pronto me llegaba el ejemplo justo, parecido a los que había leído en los maestros, y me sorprendía. Por eso el Curso dice que el Espíritu Santo es la voz que habla por Dios, y es la que te va a ir revelando la verdad.
El maestro de Dios acepta las palabras que se le ofrecen y las expresa tal como las recibe. No controla lo que dice. Simplemente escucha, oye y habla.
— Un Curso de Milagros
¿Qué hace falta para recibir estos dones?
Todos lo escuchamos alguna vez —algunos le dicen intuición—, pero si el ego está prendido casi todo el tiempo, eso queda tapado enseguida y vuelve la duda. Por eso hay condiciones: entender qué es el ego, entrenar la mente para observar sus movimientos y aprender a perdonar. Así se puede silenciar la mente, y en ese silencio se escucha. Y ojo con el ego espiritual: «el Espíritu Santo me dice que te diga que hagas la cama» no es el Espíritu Santo, es una manera de controlar al otro. Mi consejo es uno solo: paciencia. Haz cada día la lección, la práctica y la lectura, y sabe que la sabiduría ya está en ti.


