Lección 266: Cada persona es santa
Cierra los ojos un momento y deja que aparezca la primera cara. Quizá es tu madre, tu pareja, un amigo que hace años no ves, o alguien con quien discutiste muy fuerte. La lección 266 de Un Curso de Milagros es, justamente, un ejercicio para hacer con esas personas.
¿Qué significa «Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios»?
Esta lección nos ayuda a comprobar lo que las lecciones nos van mostrando. Como hicimos en la lección anterior, te invito a darte un momento para cerrar los ojos. La idea es que el Ser santo que vive en ti vive también en cada persona que llega a tu mente. Cada una es una porción del Hijo de Dios que, de manera bendita, te ha tocado conocer a través de su cuerpo físico.
Fíjate en el movimiento del ejercicio. Primero dejas que lleguen esas imágenes, esos recuerdos y esos nombres de personas que han tocado tu vida de una forma especial, con un amor singular; y recién después el ejercicio te muestra algo más general. La invitación de la lección es que en este día entres al Paraíso reconociendo tu ser en cada uno de nosotros, unidos en el santo amor de Dios.
Esto conecta con lo que explico en qué es la separación según el curso: rechazar al otro es rechazarte a ti.
¿Por qué cuesta ver santidad en los demás?
Porque casi siempre miramos a las personas por lo que nos dijeron, por lo que nos hicieron o por cómo son. Y mientras las miramos así, no vemos al Hijo de Dios, vemos un cuerpo y una historia. En este ejercicio te pido que observes una cosa muy importante: esas personas no son santas por lo que dicen, por lo que hacen, por cómo visten, por cómo lucen ni por su carácter. Son santas por su origen.
Incluso aparecerán personas con quienes tuviste conflictos que, más allá de que sabemos que todo esto es una ilusión, representaron movimientos emocionales muy fuertes. Para este pequeño ejercicio también ellas son parte del cuadro. Si el resentimiento aparece, te puede ayudar leer por qué cuesta tanto perdonar.
¿Cómo practicar la lección 266 hoy?
- Cierra los ojos. Date un momento tranquilo, como en la lección anterior.
- Deja llegar a las personas. Las primeras que vengan: parientes, amigos, parejas, gente cercana o gente que hace tiempo no ves. Permite que lleguen sus imágenes, sus rostros, sus nombres.
- Recuerda cómo te tocaron. Con un amor singular, o con conflictos que te movieron por dentro.
- Reconoce en cada una al Hijo de Dios. El ser que vive en ti, en mí y en cada porción de la creación. Puedes ir visualizando con más intensidad a las que ya aparecieron, y puede que lleguen nuevas.
- Bendice y agradece. A cada una, por haber aparecido en tu vida y por tener una porción en tu mente y en tus recuerdos.
Muchas de estas personas probablemente sigan tocando tu vida, y hoy te vas a encontrar con varias de ellas. Intenta recordar lo mismo cuando las tengas delante: que son santas por su origen y no por su conducta, ni por cómo se vistan, ni por lo que te digan en ese momento. Cada vez que lo recuerdes, repite la lección: mi santo Ser mora en ti.
¿Qué cambia cuando las miras así? ¿Y si no sientes nada?
Así es como realmente podemos empezar a integrar a cada persona en nuestro interior y a reconocer la unidad que somos. No por lo que dice el cuerpo, ni por lo que hacen, ni por lo que piensan, ni siquiera por lo que sienten, sino por lo que son. A partir de esa bendición que elevas hacia ellas, estás recibiendo la bendición del Hijo de Dios: reconoces que toda la creación, y cada porción que ha aparecido, es el Hijo de Dios.
Todo lo que estás observando está en ti, es parte de tu mente, por eso es bendito. Si hoy no sientes nada especial, no pasa nada: repite el ejercicio otro día, sin forzarlo. Y si algún recuerdo duele demasiado, no hace falta atravesarlo solo; el acompañamiento de un profesional también es una forma de cuidarte.
Para seguir con esta mirada, puedes ver la lección 29: Dios está en todo lo que veo.
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