Lección 276: La Palabra de Dios se te dio para compartirla
Te miras al espejo, repasas tus errores y de pronto aparece una pregunta que te incomoda: ¿y si lo que sigues buscando para sentirte digno ya está en ti, desde antes de que cometieras el primero?
¿Qué significa «Se me ha dado la Palabra de Dios para que la comparta»?
Esta lección muestra algo increíble de cómo funciona la creación: el Verbo es la madre de la creación. La Palabra de Dios dice algo muy sencillo: «Mi Hijo es tan puro y santo como yo mismo». Es lo que famosamente conocemos como estar hechos a imagen y semejanza. Con los ojos del cuerpo, identificándonos con lo que vemos, no parece cierto. Pero más allá de esa mirada se puede aprender a ver de manera total, con un ver crístico, que reconoce la conexión de cada Cristo en cada porción de vida.
El Creador, en la pureza y el amor incondicional, no puede crear algo que no sea puro y no sea amor incondicional. Y observa esto: el mensaje no va de una mente a otra a través de una línea. Está ya en tu interior de manera total. Por eso puede decirse que la mente es cuántica. Tu mente recibe ahora un pensamiento que siempre estuvo ahí, un pensamiento ancestral. Esa es la Palabra. Si quieres profundizar en la idea de la inocencia, lee el mensaje olvidado: toda la creación es inocente.
¿Por qué cuesta reconocer esa pureza en ti?
Porque nuestros pensamientos suelen orientarse a algo que no está vivo. En el plano de las relaciones, del trabajo o de tu propósito de vida, estamos apuntando a algo que ahora no existe como real. Cuando empiezas a observar la vida, reconoces la impecabilidad. Es más fácil verla primero en un perro que viene y te abraza que en un ser humano, pero después la verás también en las personas.
La única diferencia es que puede que esa persona aún no lo recuerde. Y cuando tú ves el Cristo en ella, activas su recuerdo, y quizá se pregunte cómo es posible que reconozcas el amor que hay en ella y ella todavía no. Así despertamos en unidad. No ocurre a través del cuerpo físico, sino por un cambio de percepción en tu interior, que aparece en toda la mente, porque la mente es una.
¿Cómo practicar hoy la Lección 276?
- Recuerda que esta Palabra es lo único que no creaste. Puedes crear a imagen y semejanza de Dios, pero no puedes cambiar la perfección que eres.
- Reconoce la impecabilidad. Hoy toca ver, una vez más, la ausencia de pecado, la falta de culpa y la inocencia natural que fluye en tu interior.
- Ve más allá de lo que piensas, sientes e interpretas. No hace falta que lo comprendas del todo para observarlo.
- Mira a las personas con esa mirada. Empieza por quien te resulte más fácil y deja que se extienda.
Fíjate en la mayúscula: se escribe así para diferenciarla de las palabras que usamos y de los idiomas que hemos creado los seres humanos. La Palabra de Dios es anterior a cualquier palabra física. Es lo único que no hemos creado, y por eso no podemos influir en la perfección que somos. Tú puedes crear a imagen y semejanza de Dios, pero no puedes deshacer lo que te creó.
¿Qué cambia cuando la practicas (y si no sientes nada)?
Cuando observas esta Palabra creadora que te está creando, vas a notar que algo en tu sentimiento también se alinea. Y la lección dice que, con solo reconocer a quien nos dio su Palabra, su recuerdo aflorará de nuevo y podremos recordar nuestro Ser. Ese Ser es ahora tu vida, lo que está vivo.
Si hoy no sientes nada especial, no lo fuerces: esto es metafísico, está más allá de lo físico, y se observa con paciencia. Si arrastras una culpa muy dolorosa, acompáñate también de un profesional. Para seguir el recorrido, mira la Lección 275 y la Lección 277.
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