Lección 277: Las leyes que tú mismo inventaste
Piensas que alguien tendría que haberte dicho algo, haberte tratado de otra manera, haber hecho lo justo. Esa idea tiene la fuerza de una ley. Pero ¿quién la escribió?
¿Qué significa «Que no aprisione a Tu Hijo con leyes que yo mismo inventé»?
Hoy nos damos la oportunidad de ver las cosas de otra forma, sobre todo desarmando esas leyes. Hay ciertas leyes que nos hemos impuesto, que nos han parecido tan reales que nos hemos dejado gobernar por ellas. Seguramente todavía hay alguna operando en tu vida. La lección dice que las inventé yo mismo, y eso significa que las estoy inventando día a día cuando las vivo. Podemos aprender cosas, sí, pero también podemos decidir si eso va a operar o no en nuestra vida.
Son leyes que nos ponemos sobre el cuerpo y nos generan un encorsetamiento. Cada mente particular las moldea y las usa a favor del ego.
¿Cómo te das cuenta de que una ley inventada ya no manda?
Es muy concreto, se experimenta. Empiezas a sentir claridad, alegría, dicha; te sientes más libre, caminas más libre, hablas más libre. Y al revés: si no hay alegría, hay ego; si no hay liviandad, hay ego; si no hay libertad, hay ego. Si en cualquier comunicación algo te molesta o te inquieta, ahí hay una ley absurda, egocéntrica y demente que todavía está. No pasa nada: justamente nos estamos entrenando para esto. Y estamos hablando de salud mental, la salud de una mente conectada directamente con la fuente.
Este trabajo de desaprendizaje es constante. Quizá notaste que vuelven cosas que parecían resueltas. Eso es por falta de perdón: lo perdonaste en algún momento, pero la ley inventada sigue ahí, sea que alguien tiene que hacer algo por ti, que alguien tiene que decirte algo o que alguien no fue justo. Siempre implica un juicio hacia otro o hacia ti, y tiene que ver con algo que se hizo con el cuerpo. Si te cuesta, lee por qué me cuesta tanto perdonar.
¿Cómo practicar hoy la Lección 277?
- Observa tus leyes con total honestidad. Regálate la oportunidad de ver con claridad cuáles siguen operando en tu vida.
- Revisa tu experiencia instante a instante. Pregúntate si hay alegría, liviandad y libertad. Si no las hay, ahí hay una ley.
- Reconoce que no es una ley natural. Es inventada; puede parecer que tiene fuerza o valor, pero no los tiene.
- Suéltala con perdón. Date la libertad de soltar todo juicio hacia otro o hacia ti.
- Recuerda las únicas leyes reales. No hay otras que las leyes del amor y las de Dios.
Para mí, soltar estas leyes es un acto heroico: liberarnos de toda invención, de toda justificación y de todo acto egoísta, para reconocer lo que es el Hijo de Dios en esencia. Y te agradezco el trabajo de liberación que haces, porque también libera en mi mente.
¿Qué cambia cuando las sueltas (y si no sientes nada)?
El curso dice que las leyes del amor no dejan de funcionar porque estés dormido: ahora mismo te están dando la vida, te están creando y seguirán operando, las veas o no. Hoy es un día para vivir con alegría completa y libertad completa, y notarás el cambio en el nivel de liviandad con el que vas por la vida y en cómo te comunicas. El Hijo de Dios, en esencia, es pureza, inocencia, amor y libertad. Si aún ves el mundo desde el ego, lee qué es el ego y cómo reconocerlo.
Si hoy no notas cambios, sigue observando: el desaprendizaje se hace por capas. Y si algún juicio te hace sufrir mucho, busca también acompañamiento profesional. Para seguir el recorrido, mira la Lección 276 y la Lección 278.
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