El ego no es real: qué es y cómo reconocerlo
Una parte de tu mente que piensa desde un lugar falso
Ahora mismo, mientras lees esto, hay una parte de tu mente que está interpretando lo que digo. En la espiritualidad, en general, a eso se le llama el ego. ¿Qué significa? Que estás pensando desde un lugar que es falso. Para el ego esto es muy duro de escuchar, pero si lo escuchas desde el ser probablemente digas: «es verdad, hay una parte de mi mente que lo que piensa es mentira».
Imagínate todas las ideas que tienes: tus necesidades, tus búsquedas, lo que crees ser y lo que no, lo que crees necesitar, lo que esperas que alguien te dé. Imagínate que todo eso fuera una ilusión, que tú soplaras y desapareciera. No es un acto de magia. Es lo que Un Curso de Milagros llama el milagro.
La definición: creer que tu existencia es la separación
Un Curso de Milagros define el ego como aquella parte de la mente que cree que tu existencia es la separación. Cada vez que tu mente tiene un pensamiento que divide la realidad, estás en el ego. El ego no es algo o alguien: es la ilusión que tenemos de que pensamos de manera separada. Y en general, casi el 99% de nuestros pensamientos son egoístas: están desconectados de la fuente.
Así vamos caminando la vida, sintiéndonos separados. No solo de alguien que está lejos: también de nuestra propia familia, de la gente que tenemos al lado. Y cuando por fin encontramos a alguien con quien nos sentimos conectados, ¿qué hacemos? Nos apegamos. «Al fin llegó la persona con la que conecto». Conecta con todos. Aprende a mirar a los ojos a todos.
Cómo reconocerlo en ti
Esto no es una teoría psicológica, no es la idea de alguien: así funciona nuestra mente. Te lo explico para que después lo veas en tu interior.
El ego siempre habla primero. Lo primero que reacciona ante cualquier cosa es él: «esto no es para mí», «me equivoqué de lugar». Si algo no sale como esperabas, enseguida aparece la preocupación por la hora, por esto y por lo otro.
Es la mente reactiva. Ves que alguien hace algo que no te gusta y reaccionas. Cada uno a su manera: uno se lo calla, otro lo dice, otro se juzga.
Su ley es dar para obtener. Le das algo a alguien y quieres algo a cambio. Te abrazo y, si el otro no me abraza tanto, ya me molesta. Hace falta una honestidad tremenda para verlo.
Su propósito es infundir miedo. Cada vez que aparece el miedo en tu vida, es el ego. Y puede ser muy sutil: una inquietud, una pequeña molestia, una sensación de incomodidad.
Hay un ejercicio muy simple: fíjate lo que pensabas hace un mes. ¿Es igual a lo que piensas ahora? Entonces, ¿por qué es confiable tu mente? Uno mismo tiene que dejar de confiar en esa mente.
La pregunta que el ego nunca puede responder
Un Curso de Milagros dice que el ego planteó una primera pregunta que nunca puede responder: ¿qué eres? Hay gente que se pasa años tratando de responderla. Creemos que somos ese juego de espejos y de personajes: soy lo que hago, soy lo que siento, soy lo que pienso, soy lo que digo. No eres nada de todo eso.
Desde entonces el ego no para de preguntar: ¿por qué me pasa esto a mí?, ¿otra vez lo mismo?, ¿por qué siempre con estas personas? Las preguntas no están mal; yo también tengo un montón. Lo importante es empezar a ver lo que hay debajo de la pregunta. Y debajo puede haber algo muy hermoso: un deseo profundo de despertar, de liberarte de todo eso que te está agobiando.
El ego es el único que pregunta, puesto que es el único que duda. El curso simplemente ofrece otra respuesta, una vez que se ha planteado la pregunta.
— Un Curso de Milagros
El ego nunca está ahí
Si el ego es una ilusión, ¿por qué siempre nos lo encontramos en el camino? Porque en realidad nunca está ahí. Si pones una película, parece real; te puede emocionar, te puede dar miedo. Pero cuando la pausas, te das cuenta de que no era real, que era solo una proyección. Si ahora estás teniendo un pensamiento de ego, debajo estás tú.
Eso es lo que Un Curso de Milagros llama el poder de elegir: tienes el control en la mano y puedes apagar la tele del ego. Es como correr por el bosque con miedo de que algo te persiga. Corres y corres, y en un momento te das vuelta y ves que no te perseguía nada: era una sombra, fue solo tu imaginación.
No se trata de tenerle miedo al ego ni de retarte. Se trata de verlo, porque si no entendemos la tarea que tenemos que hacer, poco la podemos hacer. Y todo esto no es para otro: está ocurriendo en ti ahora.


