Dejar de juzgar empieza por soltar la idea de tener razón
Te levantas y ya hay algo que no te gusta: el clima, lo que dijo tu pareja ayer, cómo te responden en casa. Antes de desayunar ya llevas varios juicios, y todavía no te diste cuenta.
¿Por qué juzgar agota?
Piensa en un día cualquiera: no me gusta lo que me dijo mi pareja ayer, no me gusta cómo me responden mis hijos, me levanto y no me gusta si está nublado o si hace frío. Vivimos centrados en lo que no nos gusta, y cuantas más cosas juzgamos, más ruido tiene la mente. Un Curso de Milagros lo dice así: la fatiga que produce el juzgar continuamente es algo realmente intolerable. Y después no entendemos por qué estamos agotados.
¿De dónde sale la vara con la que juzgas?
De lo que aprendiste. Todos medimos con una vara que formamos mirando a nuestros padres, y la repetimos o hacemos exactamente lo opuesto. Pero irte a la polaridad contraria sigue siendo juzgar, y terminas viviendo situaciones muy parecidas. Y cada persona tiene su propia vara: las familias, las parejas y los vecinos entran en conflicto porque todos piensan que la suya es mejor.
Cuando reconocemos que aquellas cosas de los demás que nos producen una reacción son también nuestras (y a veces sólo nuestras), comenzamos a tomar conciencia de nuestro propio ego.
— Eckhart Tolle, Una nueva tierra
Tener razón o estar en paz
Fíjate en tu vida cotidiana qué es lo que más te molesta de otros y vas a notar que detrás hay una opinión distinta a la tuya, y que piensas que tienes razón. La paz sucede cuando suelto la idea de tener razón. Puedes tener una opinión, claro que sí; el problema es creer que es mejor que la del otro. Eso es puro ego.
Y no se trata de darle la razón al otro: si dos personas discuten desde el ego, se encienden mutuamente. Se trata de ir más allá de quién tiene razón y ver, por detrás de las opiniones, quién eres realmente. Si quieres ver cómo funciona esto con las cosas que te molestan de los demás, lee por qué ves en los demás lo que no aceptas de ti.
Ejercicio de un día: observar el juicio
El trabajo de hoy es uno solo, y es de observación. Cada vez que vivas una emoción incómoda (enojo, angustia, impotencia, lástima, lo que sea), date un momento y mira qué estás juzgando. Al principio vas a darte cuenta de que juzgas todo el tiempo, desde que te levantas hasta que te duermes, como quien ve una película y opina del actor y del guion. No te angusties por eso: no es malo que algo te guste o no te guste. El problema empieza cuando juzgas desde tu propia vara, porque ahí se arma una maquinaria de conflicto y de infelicidad interna.
No te preocupes todavía por cómo soltarlo: primero tienes que verlo. Si un día entero de observación te parece mucho, empieza por una situación: la persona con la que más discutes. Y si el juicio viene con rencor, este artículo sobre el resentimiento te da tres preguntas para seguir.
Este es el primer día del reto gratuito «Un Curso de Milagros»: cinco videos para llevar los conceptos del Curso a la práctica, que empiezan justo por el juicio. Míralo gratis en Guía TV.


