El resentimiento lo pagas tú: 3 preguntas para soltarlo
Hay personas a las que hace años que no ves y con las que, sin embargo, todavía discutes en la cabeza. Una frase, un gesto, un mensaje sin responder: cuando te acuestas, tu mente lo vuelve a poner en escena.
¿Qué es el resentimiento?
La palabra lo dice: re-sentir, volver a sentir. Alguien te hizo o te dijo algo, eso terminó hace una semana o hace veinte años, y sin embargo lo reproduces cada vez que te acuestas y empiezas a pensar en lo que hizo, en lo que debería haber hecho, en la culpa que tiene. Basta ese ratito de pensamiento para que empieces a sufrir de inmediato, como si estuviera pasando de nuevo.
Fíjate que para atacar a alguien ni siquiera hace falta tocarlo. El ataque puede ser puramente mental, y se siente igual de real.
¿Quién paga el resentimiento?
Tú. Cada vez que atacas a alguien, con una palabra, con un gesto o con un pensamiento, el que experimenta ese ataque eres tú: en forma de culpa, de miedo, de angustia, de cansancio mental y emocional. Un Curso de Milagros lo resume en una idea: las ideas no abandonan su fuente. Lo que piensas de otro se queda en tu mente, y ahí hace su trabajo.
Compruébalo con lo contrario. Si un amigo está destrozado y le das una palabra de aliento, quizás él siga mal un rato, pero tú te sientes reconfortado. Lo que das lo recibes, y eso vale tanto para el cariño como para el rencor.
De manera que la inatención genera imágenes y la atención libera la mente de la imagen. (…) si cuando siento ira estoy completamente atento, entonces no existe la inatención que permite que el pasado surja e interfiera con la percepción real de la ira en ese momento.
— Jiddu Krishnamurti, Más allá de la violencia
¿Por qué cuesta tanto soltarlo?
Porque crees que tienes razón. Para atacar a alguien primero hay que juzgarlo, y para juzgarlo hay que creer que él está equivocado y tú no. Pero mira de dónde vienen esas creencias: las aprendiste de tus padres, de tu cultura, de lo que viste de niño. Y además cambian. A los quince años creías una cosa, a los treinta otra; las mías también cambiaron. Empecé a despertar cuando empecé a tirar a la basura todos los cuentos que me había contado.
Tampoco es que lo hagas de mala fe. Lo hacemos por estar dormidos: aprendimos el ataque de nuestros padres, y ellos de los suyos. Si el tema es tener razón o ser feliz, este artículo te ayuda a elegir.
Tres preguntas para soltar el resentimiento
Siéntate con la persona o la situación que más te pesa y responde por escrito, con honestidad:
- ¿En qué me estoy atacando a través de esa persona? Mira qué parte tuya se lastima cuando piensas en ella.
- ¿Quién está sintiendo este ataque ahora mismo? No es quien no está presente: eres tú, en tu cuerpo, hoy.
- ¿Qué creencia estoy defendiendo al pensar que tengo razón? Si esa creencia cambió varias veces en tu vida, quizás no vale tanto como para sufrir por ella.
Al principio no vas a querer verlo, y es normal. Pero mientras menos lo quieras ver, más lo tienes que ver: ahí está tu capacidad de sanarlo. Es como no querer hacerte un estudio por miedo a lo que salga: lo que no ves, no lo puedes sanar.
¿Soltar el resentimiento es lo mismo que perdonar?
Es el mismo trabajo. El perdón es limpiar toda la basura que acumulaste y no te animaste a mirar. Si te cuesta empezar, lee por qué cuesta tanto perdonar o practica los tres pasos del perdón.
Este tema lo trabajo día a día en el reto gratuito «Perdonar para sanar»: cinco videos, uno por día, con una frase y una pregunta para cada uno. Míralo gratis en Guía TV.


