Perdonar en 3 pasos: observar, esperar y no juzgar
Si estás acá, todavía no sabes perdonar
Hay algo importante cuando uno estudia sabiduría: si estamos acá es porque no sabemos perdonar. Por eso, cuando leas la palabra perdón, no pretendas saber lo que significa. Si pretendemos saberlo, no podemos abrirnos a una nueva forma de ver que realmente funcione. Si el perdón que intentamos hasta ahora hubiera funcionado, no estaríamos hablando de esto.
A mí la palabra perdón, cuando empecé a estudiar el Curso, no me resonaba mucho. ¿Qué tengo que perdonar? ¿Qué hice mal? Pero el perdón no es una palabra: es algo que ocurre adentro, y que puede estar ocurriendo ahora mismo si te vas abriendo a soltar el pensamiento que tienes.
Un gesto vacío
Un Curso de Milagros te dice que el perdón es un gesto vacío a menos que conlleve corrección. Pero no es una corrección como las que aprendimos, en la que viene alguien y te dice que estás haciendo algo malo. Es una corrección interna. Nadie puede corregirte: eres tú el que produce esa corrección.
¿Cuál es la corrección? Soltar el pensamiento egoísta. Y cuando lo sueltas aparece algo que es como una liberación: hay algo que ya no tienes que aferrar. A veces no lo puedes poner en palabras; simplemente es como que algo se quiebra. Sin esa corrección, lo que haces es juzgar en vez de sanar. Si lo corriges para afuera y no lo corriges para adentro, es un gesto vacío.
¿Cómo sabes que se produjo? Yo sentía culpa por esto y de pronto ya no la siento. Me sentía mal con esta persona y ahora la veo con inocencia: ya no la culpo, ya no la ataco en mi mente. Y no se trata de un olvido en el sentido de bloquear un recuerdo. Si el recuerdo viene, te das cuenta de que perdonaste porque ya no te duele.
Observa, espera y no juzgues
El Curso es un libro que todo el tiempo te lleva a perdonar; los ejercicios están diseñados con una metodología para eso. Y la práctica es muy simple:
Observa. Si ahora sientes rencor hacia alguien, lástima, indiferencia o miedo, primero simplemente obsérvalo. En general lo bloqueamos, porque el ego cree que si lo observa puede perder al otro.
Espera. Como el libro sabe que somos impacientes, te dice: date un momento de espera. Lo primero que va a pasar cuando observes es que lo vas a juzgar, porque el ego habla primero. Tienes que dejar pasar toda esa nube.
No juzgues. Viene un pensamiento, y puede ser terrible. Simplemente llega, y lo observas pasar como las nubes, como en tantas prácticas de meditación.
Lo que más nos cuesta de esto es que no tengo que hacer algo, no tengo que decir algo, ni siquiera tengo que pensar algo.
El perdón no dice «te perdono»
El perdón no piensa y no dice perdón. Es como si algo estuviera anudado y tú lo observaras, y por gracia divina eso se desanudara. De pronto ves que esas dos fibras que parecían anudadas siempre fueron libres. El perdón reconoce esa libertad.
No es decirlo, no es un mantra, no es con palabras que se perdona: esos son gestos vacíos. Cuando estás con alguien que te está juzgando, o a quien tú estás juzgando, no tienes que decirle «te perdono». Tienes que soltar la creencia que te hace juzgarlo. Pasa que estamos esclavizados por lo que pensamos: en el pensamiento está todo el juego de la percepción. Tu pensamiento es la llave y es la cárcel. Por eso, cuando la mente se silencia, aparece el perdón.
Condena y te vuelves un prisionero. Perdona y te liberas. Ésta es la ley que rige la percepción.
— Un Curso de Milagros, lección 198
La tormenta pasa, tú no pasas
¿Alguna vez estuviste angustiado? ¿Y qué pasó con la angustia? Se fue. Si no la estás reproduciendo, la angustia en algún momento pasa, la ansiedad pasa, el miedo pasa. El ego no es eterno: solamente da la impresión de tener mucho poder porque lo experimentamos ahora, y el presente es toda nuestra experiencia. Por eso dicen que el infierno es eterno. No es eterno: es hasta que tú puedas perdonar.
La práctica es así de simple: te sientas, o te paras, o te acuestas, observas y dejas que pase la tormenta. Tú no eres la tormenta. La tormenta pasa, pero tú no pasas.
El presente es perdón
A veces hay personas que me dicen: «Pero Gabriel, yo pensé que esto lo había perdonado». Lo puedes perdonar ahora. ¿Qué es lo que te duele ahora? ¿Qué te molesta ahora? El perdón ocurre ahora. El Curso tiene una definición increíble: el presente es perdón. Si estoy juzgando a alguien ahora, lo tengo que perdonar ahora. ¿Me volvió a venir? Lo puedo perdonar ahora.
Y si por un instante lo puedes hacer, ese instante se extiende en el tiempo. Queda como el recuerdo de un momento en que dices: yo lo pude experimentar. Y entonces la pregunta es otra: ¿por qué no lo puedo hacer ahora?


