Perdonarte a ti mismo: suelta el peso del pasado
Te acuestas y la película empieza sola: lo que dijiste, lo que hiciste, lo que no hiciste. Te prometes perdonarte, lo intentas, y a los cinco minutos el juicio está de vuelta con más fuerza. Si buscas cómo perdonarte a ti mismo, te digo algo que quizá no esperabas: no tienes que perdonarte.
¿Se puede perdonar uno a sí mismo?
En un encuentro me preguntaron cómo lograr perdonarse y dejar de sentirse culpable ante la ruptura de un matrimonio, cómo dejar de tratarse mal y de sentir que no merece vivir en paz. Respondí lo que te respondo a ti: lo que hay que soltar es el peso que todavía tiene el pasado. Y en términos reales nadie puede perdonarse a sí mismo, porque cuando observas ahora y no te juzgas ahora, no queda nada que perdonar. Lo que se mueve ahí es un juicio, y un juicio es un pensamiento.
El ego hace siempre lo mismo: o juzga a otro, o juzga la imagen que tiene de sí mismo. Al ser que eres no se le puede juzgar. Lo que juzgas es la imagen.
¿Por qué me siento culpable?
La culpa es incómoda, y es una buena señal: avisa que hay algo operando en tu mente que necesita mirarse. Funciona así: le asignamos a algo una función, y si no la cumple nos sentimos mal. A los 18 o 19 años, un domingo a las ocho de la mañana sonaba el despertador para estudiar, y si no me levantaba se disparaba la culpa. Cuando trabajaba de músico y me enfermaba y no podía ir a un ensayo, me sentía culpable. Para otros es el ambiente familiar, el dinero o cuidar a los padres. Ponle nombre a lo tuyo, porque lo que te genera culpa es un espacio donde proyectas cómo deberían ser las cosas.
A veces aparece un círculo: sentirse culpable de no sentir culpa. Ahí conviene hacerse la pregunta de la que nació el Curso, «tiene que haber otra forma de ver esto», y darte cuenta con alegría de que no sabes por qué te sientes mal. Ahí se abre un espacio. Sobre la culpa escribí más en este artículo.
Si quieres ver cómo trabajo esto en vivo, con los ejemplos de quienes comentaban, está ¡Me siento culpable y no sé qué hacer!, la charla completa en Guía TV: explico para qué sirve la culpa, cómo se arma en tu mente y cómo empezar a mirarla.
¿Qué hago cuando vuelve el juicio?
Observa de nuevo. Cada vez que te juzgues, mira otra vez y elige otra vez: «no me estoy juzgando». Lo único que juzga es tu pensamiento. Por eso el Curso te entrena con frases: dices «soy culpable», notas cómo pesa, dices «soy inocente» y observas qué pasa. No para creerlo, sino para ver que lo que pesaba era un pensamiento.
Quizá preguntes: «Sí, pero ¿y mañana?». Mañana, cuando llegue ese instante en que te juzgues, observas de nuevo. No hay fracaso en que vuelva. El juicio es una costumbre, y se desarma de a poco, instante por instante. No esperes a que el dolor termine en una fecha: el ego siempre se agarra a algún pensamiento, a alguna situación, a algún acuerdo, y si sueltas el juicio ya no tiene de dónde agarrarse. Si quieres entender qué significa perdonar para el Curso, míralo en estos tres pasos.
¿Y si lo que hice estuvo mal?
La culpa que le pones al otro y la que te pones a ti son la misma proyección. Las ideas no abandonan su fuente, y su fuente es tu mente. Por eso quien se culpa y quien culpa viven en la misma guerra. Nadie sufre por sabiduría: sufrimos por no saber lo que ocurre. La culpa surge de identificar la mente con un sistema de pensamiento que no ve, y la puerta es reconocer que lo que piensas no es real.
Un gato araña el sillón porque quiere afilarse las uñas. Si no te gusta, le pones algo al sillón, pero no lo consideras culpable. Para el Curso, la inocencia es tu estado natural, y el mensaje olvidado es que toda la creación es inocente. Esto no borra lo que pasó. Si hay algo que puedes reparar, repáralo; se ve con más claridad sin el juicio encima. Y si la culpa te pesa tanto que te lastima o te hace pensar en hacerte daño, busca ayuda profesional además de este camino interior.
En el minicurso gratuito El perdón te llevas una práctica para mirar un juicio, soltarlo y elegir de nuevo, a tu ritmo y desde donde estás.

