Perdonar a quien te lastimó sin justificarlo
Su nombre aparece en una pantalla y el cuerpo contesta antes que tú: el estómago cerrado, la mandíbula dura. Pasaron meses o años desde que esa persona te hizo daño y todavía discutes con ella en la cabeza. Alguien te dice «ya perdona, ya pasó» y tú piensas: si perdono, estoy diciendo que estuvo bien.
¿Perdonar a quien te lastimó es decir que estuvo bien?
Es lo primero que se atraviesa, y tiene su lógica. Mientras sigo juzgando, siento que defiendo lo que me pasó; si suelto el juicio, me parece que firmo que no pasó nada. Así funciona el perdón del ego: creo que algo ocurrió, traigo el pasado al presente y trato de ver cómo lidio con lo que esa persona me hizo. Como ya lo volví real en mi mente, no lo puedo soltar.
Mira qué hace el juicio mientras tanto. Si yo fuera solo un cuerpo, muchos de mis juicios estarían justificados: me hizo esto, me dijo aquello. Pero Un Curso de Milagros habla de una confusión de niveles: le damos toda la importancia a lo que pasó afuera y no vemos lo que hace nuestra mente con eso cuando nos acostamos. El juicio no deshace nada de lo ocurrido. Lo único que consigue es que el golpe te siga llegando a ti.
La frase más conocida sobre esto es la de Jesús: «Perdónalos, porque no saben lo que hacen». La dijo porque veía que quienes lo atacaban creían que él era un cuerpo al que había que destruir, y no se daban cuenta de lo que eran ellos mismos. Perdonar es ver eso en el otro, sin aprobar lo que hizo. Si quieres entender por qué cuesta tanto, lo explico en por qué me cuesta tanto perdonar a alguien.
¿Tengo que volver a verlo o a hablarle?
El perdón ocurre en tu mente; lo que hagas con la relación es otra cosa. Yo lo respondo con algo simple: hay algo en ti que te dice cuándo irte y cuándo quedarte. En el Curso se llama la voz del Espíritu Santo. Vas al cumpleaños de tu hermana, a los cinco minutos sientes que ya está, y te vas. No hace falta justificarlo ni juzgarte por irte; los demás van a interpretar lo que quieran.
Volver a verla tampoco prueba que perdonaste. Tu señal está en tu mente: tienes a esa persona delante, diciéndote lo mismo que antes, y ya no se arma el juicio. Es la misma situación y lo que cambió es tu percepción. Si lo que viviste fue violencia o abuso, protegerte va primero, perdones o no, y conviene que te acompañe un profesional.
¿Y si no me pide perdón?
Entonces estás esperando algo que no depende de ti, y eso te deja atado a quien te lastimó. Haz la prueba: piensa en esa persona ahora, que no está. Puedes juzgarla una hora entera, repasar lo que hizo y lo que debió decir, y quien siente todo eso eres tú; ella no está ahí. Se dice mucho que uno se toma el veneno y espera que se envenene el otro. Así funciona el juicio.
Si su disculpa llega, bien. Pero el perdón no la necesita, porque no ocurre en el otro: ocurre cuando tú dejas de sostener el juicio. Tampoco hace falta que le digas «te perdono». Sin una corrección en tu mente, esa frase es un gesto vacío. El Curso lo dice así:
Condena y te vuelves un prisionero. Perdona y te liberas. Ésta es la ley que rige la percepción.
— Un Curso de Milagros, lección 198
La definición completa, con lo que el perdón no es, está en qué es el perdón.
¿Cómo se perdona a alguien que te lastimó?
Con lo único que hay que perdonar: la imagen que aparece ahora. No toda la historia, solo la escena que hoy viene a tu mente. Y si no aparece ninguna imagen, no hay nada que perdonar.
Aquí veo mucho el error de los rituales. Una persona del grupo me contó que, cuando le venía la imagen, rodeaba a la otra con una burbuja rosa, la perdonaba, y a los pocos días volvía todo. Le dije que eso no tenía que ver con el perdón del Curso. Perdonar no es un truco para que la imagen no vuelva. Es aprender a verla sin esquivarla ni distraerte, hasta que llega un punto en que ninguna distracción te alcanza y la mente la mira de frente.
Si vuelve mañana, no fallaste. El perdón se aplica ahora, cada vez que haga falta, y es el mismo mecanismo cada vez. Si lo que te pesa es el rencor que se acumuló con los años, te sirve cómo soltar el resentimiento.
Este trabajo se hace mejor acompañado de ejemplos y ejercicios: el minicurso gratuito «El perdón» te explica qué es esta herramienta y cómo aplicarla en ti, para que sepas qué hacer la próxima vez que esa escena regrese. Haz el Minicurso El perdón.

