¿Qué es el karma? Y cómo lo libera el perdón
Otra mala racha, y esa frase que aparece sola: «debe ser karma». O peor, la otra: «algo habré hecho para merecer esto». Si te suena, quédate, porque lo que enseño del karma tiene bastante menos de castigo de lo que se suele creer.
¿Qué es el karma?
La palabra viene del sánscrito y significa acción. Es la ley de causa y efecto de las tradiciones de la India, que ya aparece en la Bhagavad Gita y que también se encuentra en el misticismo judío. Toda acción tiene un efecto, y muchas tradiciones entienden que ese efecto puede llegar en la misma vida o en otra.
Yo lo explico con cosas simples. Si estás mal de salud y empiezas a moverte, a comer sano, en tres meses es probable que estés mejor: eso es karma. Si nunca patinaste y te compras unos patines, vas a caerte varias veces hasta aprender: eso también es karma. El karma es neutro, ni bueno ni malo. Es como un boomerang: lo lanzas tú, da toda la vuelta y vuelve. Cuando lo que vuelve duele, lo llamamos castigo, pero nadie te está castigando. Lo que das es lo que vives.
¿El karma existe?
En el plano donde vivimos, el de las causas y los efectos, sí, y funciona sin que tengas que creer en él. Pero hay otro plano, el de tu esencia, y ahí no hay karma. En la mente de Dios, que es tu mente real, no hay karma. Lo que sufres es como la ropa que llevas puesta: hoy la usas, mañana te pones otra, y la ropa es externa a ti.
Un maestro zen, Bodhidharma, lo dice de otra manera: todo el karma, el doloroso y el agradable, está en tu propia mente, porque es ahí donde decides lo que te gusta, lo que no te gusta y lo que te sirve. Y cada vez que buscas la felicidad afuera, generas sufrimiento. Eso va en la misma línea de Un Curso de Milagros: si estás aquí es porque elegiste buscar la felicidad fuera. Por eso es útil mirar qué es el ego, que es quien pone la mirada afuera.
Hay quien se pregunta cómo puede haber karma si el pasado no existe. Las dos cosas son verdad según el plano desde el que mires. Mientras te sientas separado, vives los efectos de lo que causaste. Cuando miras desde tu esencia, no queda nada a lo que llamar pasado.
¿Cómo se libera el karma?
Con el perdón. Para mí es la respuesta más corta y más exacta que hay: el perdón libera el efecto del karma, porque perdonar es soltar el pasado y a eso Un Curso de Milagros lo llama expiación, que es deshacer lo que aprendiste. Lo explico en este artículo sobre la expiación.
Todo lo que causaste, tienes que vivir su efecto para poder generar una causa nueva. Esa causa nueva se llama amor, se llama perdón, se llama conexión con el presente. Y hay dos formas de perdonar. En la primera, creo que algo ocurrió, traigo el pasado al presente e intento liberarlo, pero como ya lo hice real en mi mente, no lo puedo soltar. En la segunda, el perdón del Curso, suelto la parte de la mente que se sostiene en el pasado.
¿Cómo se hace en la práctica? Primero hay que ver la reacción mientras sucede. Es como una película: frenas la escena y te preguntas por qué estás reaccionando. Casi siempre ves que estás mirando más el pasado que el presente, y ahí «cae la ficha». Después viene lo incómodo: para perdonar una emoción hay que volver a sentirla. No para quedarte, sino para dejar de alimentarla. Si quieres el paso a paso, está en cómo se practica el perdón.
Y después del perdón, ¿qué hay? En Oriente le llaman dharma: el camino del sabio, tu propósito. Mientras haya karma, hay sufrimiento; cuando se comprende, el mismo camino se vive de otra manera.
¿Perdonar significa aguantar?
No. Perdonar no es quedarte donde te hacen daño. Si estás en una relación con violencia, primero cuídate y aléjate; busca ayuda profesional si tienes miedo o corres riesgo. El perdón se hace en tu mente y no te obliga a seguir cerca de nadie. Si necesitas ver cómo se perdona a quien te lastimó sin justificarlo, te servirá este otro artículo.
Lo que sí te propongo es dejar de preguntarte qué hiciste para merecer lo que te pasa. Pregúntate qué estás mirando ahora, y qué nueva causa quieres poner.
En el minicurso gratuito El perdón aprendes a ver tus reacciones mientras suceden y a soltar el peso del pasado, a tu ritmo y sin tener que justificar a nadie.

