No hay poco, hay infinito: la mentalidad de abundancia
La escasez es la primera creencia del ego, sobre la que está cimentado todo su esquema de pensamiento, y nace de la separación. Si me siento separado —este es mi mundo privado y ahí afuera está el resto—, empieza la escasez. Tengo este auto, pero veo todos los autos que no tengo.
¿Qué es la mentalidad de escasez?
La escasez es la primera creencia del ego, sobre la que está cimentado todo su esquema de pensamiento. Y nace de la separación. Si yo soy la totalidad, si soy todo, soy infinito, no necesito más ropa ni más autos ni más propiedades: como soy todo, lo recibo todo. Pero si me siento separado —este es mi mundo privado y ahí afuera está el resto—, empieza la escasez.
Fíjate cómo funciona: no es que el ego no tenga nada. Tengo este auto, pero veo todos los autos que no tengo. Tengo hijos, pero veo cómo los hijos de otros se portan mejor o hacen mejor las cosas. Vivo en un pueblo, pero me gustaría conocer otros lugares. Siempre te va a faltar algo. El ego se basa en poseer, no en ser.
La frase de la escasez es «hay poco»: hay poco dinero, entonces no puedo comprar un auto mejor; hay poco dinero, entonces no puedo viajar adonde me gustaría.
Escasez y carencia: «hay poco y me falta»
La carencia da un paso más: no solo hay poco, sino que me falta eso poco. Imagina un pastel, el pastel del mundo. Lo divides en ocho porciones: esto es todo el dinero que hay, todas las relaciones, todo lo que hay. Y de ese pastel yo tengo una porción, o ni siquiera: tengo la puntita. Así se construye la carencia. Y así funcionan también los países: hay pocos recursos y me faltan, entonces entro en conflicto con el otro para conseguirlos.
Ahora, cuando aparece una mente que piensa en infinito, cambia el juego. En lugar de pelear por algo finito, dice: ¿y si hacemos energía de algo que no se acaba, como la luz del sol, el viento o las olas del mar? Nosotros también tenemos energía infinita: un día más física, otro más mental, otro más sentimental, pero todo el tiempo hay energía. Va cambiando su forma de manifestarse, y sigue siendo infinita.
¿Cómo pasar de la escasez a la abundancia?
Invirtiendo el pensamiento. Donde el ego dice «hay poco», la inversión es: hay infinito. No es que hay poco y paso a que hay mucho: es que hay infinito. Hay infinitas ciudades por recorrer, infinitos modelos de auto porque los seres humanos siguen creando ideas, infinito amor, infinito para dar. Y donde la carencia dice «hay poco y me falta», la inversión es: hay infinito y me ha sido dado. No solo hay infinito: te lo están dando.
Y esto no depende de que lo creas. La verdad no es una creencia ni depende de nuestras creencias. Se trata de que lo empieces a buscar, a sentir, a indagar, a observar y a meditar en tu interior.
Ojo con que la escasez se meta en lo espiritual. Pensamos que ser espiritual es sumar algo: leer todos los libros, practicar cientos de horas de meditación. Basta una frase de un maestro, una hora de meditación, un instante de reconocimiento del infinito. Y tampoco se trata de cambiar una ilusión por otra más bonita: esto no es un espejismo más lindo, es soltar la ilusión.
Un trabajo práctico: tu cuaderno de abundancia
Pregúntate en qué te sientes escaso. En las relaciones, en el dinero, en lo social, en lo afectivo, en lo espiritual. Haz una lista.
Anota lo que crees que te falta. Aunque todavía no lo creas, es sembrar la semilla.
Busca un testigo. Alguien que conozcas que no se sienta escaso en eso en lo que tú sí. No hace falta que sea un maestro iluminado: alguien que dio un paso más. Esa persona funciona como espejo y te abre una puerta.
Porque desde la escasez buscamos en otros lo que creemos que nos falta, y eso genera envidia, celos, enojo. El otro no tiene lo que yo no tengo: el otro tiene que funcionarte como espejo para que te des cuenta de que tú también puedes tener infinito.
Lo que le niegas al otro, no lo ves en ti
La carencia funciona por proyección. Te pongo un ejemplo sencillo: pienso que mi pareja no me tiene que ayudar con algo que tengo que hacer hoy, que lo tengo que hacer yo solo. No es que mi pareja no quiera ayudarme: soy yo el que le niega la posibilidad. Y como le niego al otro la ayuda, no descubro mi propia capacidad de ayudar. Lo mismo con el amor: si veo que el otro no sabe amar, no me doy la oportunidad de ver el amor que tiene, y tampoco lo veo en mí.
Lo que le niegas al mundo, te lo niegas a ti mismo, porque no estás separado del mundo. En cada situación, lo que pretendas guardar es lo que no vas a tener, porque es sólo a ti mismo a quien se lo niegas.
— Un Curso de Amor
Por eso, cuando hagas tu cuaderno, fíjate también qué proyectaste en otros, para verlo en ti y liberarlo. Puede doler. Pero lo que duele no es el espíritu, es el ego: el espíritu perdona, ama y sana.


