Lección 42: Tu fortaleza viene de Dios
«Qué persona tan fuerte, mira todo lo que sufrió.» Seguro lo has escuchado, o lo has pensado de alguien, o incluso de ti. Hoy la lección 42 te propone mirar esa frase al revés. Llega después de la lección 41, donde vimos que Dios va conmigo dondequiera que yo voy, y empieza a mostrarnos qué es lo que ese Dios sostiene en nosotros.
¿Qué significa «Dios es mi fortaleza, la visión es Su regalo»?
La idea empieza a atraernos hacia la relación entre la causa y el efecto: entre la forma en que Dios nos ha creado y el efecto que nosotros somos como Su expresión, como Su creación. Por eso, cuando el Curso dice «Dios es mi fortaleza», te está diciendo que no es la tuya. Tu fortaleza no viene de tus ideas, de tus experiencias, de tus ideologías, de lo que has vivido ni de los conflictos que has tenido. Viene de Dios y no tiene nada que ver con tu pasado.
No es la fortaleza que el mundo llama fortaleza. La fortaleza de Dios no sufre, y por eso el Curso viene a invertir tu forma de ver: lo teníamos al revés. La verdadera fortaleza surge de reconocer quiénes somos y no es personal. Yo mismo no tengo ninguna fortaleza propia; ya no hay tal cosa como un ser separado que pueda tener atributos propios. Los atributos que tenemos provienen de la fuente que nos está creando, y a imagen y semejanza es como creamos. Cuando empezamos a reconocer el origen de la vida, eso que se ha llamado Dios, el Curso nos lleva a otro nivel de conciencia.
¿Por qué cuesta aceptar que la fortaleza no es mía?
Porque puede parecerte que lo estás pensando tú, que todo nace de ti. Pero no conoces aún el poder y la fortaleza que hay en tu interior, y no surgen de ti ni tienen nada que ver contigo. Por eso el Curso te pide soltar por completo la idea de quién crees que eres. Esto no tiene nada que ver con tu edad, tu experiencia, tu familia o tu cultura: excede todo tiempo y lugar, y a la vez es una semilla que está en cada tiempo y lugar. Si quieres seguir esa línea, te sirve quién es el yo que piensa y cómo liberarse de él.
¿Cómo practicar la lección 42 hoy?
Aquí el Curso te da una instrucción muy distinta a lo que solemos hacer: deja que los pensamientos se conecten unos con otros. No interfieras, no te metas dentro de tu mente, no trates de controlarla. Es más, no trates de pensar por tu cuenta, porque eso es imposible. Te propongo:
- Repite la idea de hoy con calma: «Dios es mi fortaleza, la visión es Su regalo».
- Hazte a un lado: no intentes dirigir lo que piensas ni fabricar pensamientos elevados.
- Deja que lleguen los pensamientos iluminados, los bendecidos, los sagrados, que llegan naturalmente cuando tu mente reconoce su origen.
- No los juzgues ni te preguntes si te corresponden. No te corresponden: te atraviesan, te crean.
- Si aparecen pensamientos que no sabes a quién atribuir, recíbelos con asombro y sin análisis. Quizá te asombren precisamente porque no puedes asociarlos a ese ser fantasmagórico que crees ser.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Cuando nos hacemos a un lado y permitimos que un pensamiento santo ingrese, la mente sola, por amor y atracción, empieza a explicarnos quiénes somos realmente. Esa es la voz del Espíritu Santo. No importa tu historia ni lo que piensas habitualmente: todo eso es completamente ilusorio frente a los pensamientos reales que llegan con este trabajo de amor y de apertura. Para escuchar más sobre esa voz, tienes cómo escuchar tu voz interior.
Si hoy no te llega nada que te parezca sagrado, no lo fuerces: justamente la lección te pide no interferir. A través de esta pequeña puerta que abrimos, la voz de Dios empieza a hablar en tu mente. Si cargas con un dolor muy grande, apóyate también en un profesional. Mañana continuamos con la lección 43, Dios es mi fuente.
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