Lección 74: Solo cuenta la voluntad de Dios
Hay una causa por la que llevas tiempo luchando. Es justa, o al menos te lo parece; le has dedicado tiempo, energía y hasta has discutido con quienes no piensan como tú. Y sin embargo, la lucha no te ha dado paz. La Lección 74 hace exactamente esa pregunta.
¿Qué significa «No hay más voluntad que la de Dios»?
Te lo presento como algo increíble: eso que hemos leído y escuchado como «la voluntad de Dios» es, exactamente, nuestra propia voluntad. No es una orden que viene de fuera. Es la que compartimos. El libro dice, en la primera oración de la lección, que esta idea es el pensamiento central hacia el cual se dirigen todos los ejercicios, y yo lo repito con énfasis: todos, todos, todos.
Por eso la voluntad individual da completamente igual. La única voluntad que cuenta y que es real es la que compartimos. Lo mismo apunta la explicación de qué es el ego: lo que se opone a esa unidad no es real.
¿Por qué cuesta tanto soltar nuestras causas?
Porque corremos por el mundo, hablamos, peleamos por causas que nos parecen importantísimas, lo dejamos todo y nos sacrificamos. Lo resumo con una palabra: estamos cegados por nuestra ideología, por nuestras ideas, por el plan egoico de creer que la voluntad de todo el mundo es mi voluntad individual.
Aquí viene el punto incómodo. Puedes pensar «mira qué altruista es lo que hago, pero tengo que luchar porque es difícil y hay gente en contra mía». Y mi respuesta es clara: por altruistas que parezcan tus ideas, si están en conflicto con otro o en lucha con otro, es ego. No lo digo para juzgarte, sino para darte claridad.
¿Cómo practicar la Lección 74 hoy?
- Instala la idea de la paz. Repite en tu mente frases como «Estoy en paz. Nada puede perturbarme. Mi voluntad es la de Dios».
- Formatea tu mente de ese plan del ego en el que todavía crees, y reconoce lo que realmente quieres: la paz.
- Distingue paz de tranquilidad. Lo que buscamos no es estar tranquilo; es la paz de Dios, y es muy diferente.
- No te encierres. Si usas la lección para aislarte, cerrar la puerta con llave, no atender a nadie, no es hacia donde apunta el libro: apunta a que compartas y te abras.
- Abre la escucha. Comparte aunque solo sea una sonrisa. No hace falta que le cuentes el curso a nadie: si llega el momento, esa persona preguntará o el libro le llegará.
Fíjate en la diferencia. Cuando haces la lección para ensimismarte, para cerrarte en tu habitación porque el mundo es conflictivo, te quedas dentro de ti. Cuando la haces para abrirte, compartes y escuchas. El libro no apunta a lo primero. Y no necesitas explicar nada: si el momento llega, llegarán las preguntas, y esas famosas casualidades, que solo aparentan serlo, harán su parte.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Te lo garantizo, y seguramente ya lo estás experimentando: es muy diferente hablar que escuchar. Notarás la diferencia entre la dicha de abrazar y abrirte a los otros y el encierro dentro de ti. Y recuerda por qué empezaste estas lecciones: porque querías saber cuál es tu verdadera voluntad. Reconocerla es salir de tu ego individual y empezar a abrirte. Si hoy sientes que esa paz no llega, no te exijas: vuelve a la frase, y si la lucha te sobrepasa, un acompañamiento profesional también es parte de cuidarte.
Te dejo una imagen: esa voluntad es como una semilla de amor que está adentro nuestro, y es esa mariposa que empieza a batir alas, aprende a volar y empieza a recordar quién es. Hoy no se trata de hacer más, sino de abrirte a la paz y a reconocer esa voluntad compartida.
Si quieres seguir en este camino, mira cómo se vive la paz como una decisión que puedes tomar ahora, y cómo escuchar al Espíritu Santo, que es justamente el movimiento de pasar de hablar a escuchar.
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