Lección 269: Tu vista busca la faz de Cristo
Cruzas la calle, entras a una reunión, miras a esa persona que te molesta. Tus ojos hacen su trabajo y de inmediato la mente pone etiquetas. ¿Y si, antes de poner la etiqueta, bendijeras lo que ves?
¿Qué significa «Mi vista va en busca de la faz de Cristo»?
Hoy te propongo entrenar algo increíble: más allá de la mirada del cuerpo, empezar a ver con una mirada crística, lo que el curso llama la faz o el rostro de Cristo. Decimos rostro o faz porque es una forma de comprenderlo. Lo que vas a ver, en el reflejo de tu percepción, es tu propia faz de Cristo: tu propia iluminación, tu propio ser iluminado.
Para eso hay que entregar la vista y reconocerla como un medio para liberarte de los errores de interpretación y de concepto que has tenido. Si te interesa el hilo que une todo esto, la Lección 29, sobre ver a Dios en todo, empieza a preparar esta mirada.
¿Por qué cuesta ver el espíritu en lo que miras?
Porque nos acostumbramos a no verlo. En todas las tradiciones se enseña que hay algo en nuestro interior que es el espíritu, pero nosotros no lo vemos. Ese es el sueño en el que el ego empieza a formarse. Si desde el inicio hubiéramos visto el espíritu en cada porción de vida, no estaríamos ahora perdonando. Pero no pasa nada: nuestro trabajo ahora es liberar y desaprender los conceptos errados y terroríficos que aprendimos.
Además, el ego juega justamente con lo que ves y con lo que escuchas. Estuvimos trabajando para escuchar la voz de Dios y reconocer la guía del Espíritu Santo, y ahora nos toca bendecir la visión.
¿Cómo practicar la Lección 269 hoy?
- Elige ver un mundo perdonado. Que todo lo que veas hoy te muestre la faz de Cristo.
- Bendice tu mirada en cada instante. Permite que tu vista sea bendecida y permítete ver más allá de lo físico.
- No interfieras. No te interpongas ni trates de ver desde tu postura individual, como un ser egoísta y separado.
- Ve el ser de cada porción de vida como tu propio ser. Reconoce la unidad, la unicidad que hay en toda la vida, a través de la bendición de tu propia mirada.
- Recuerda con quién compartes la visión. La mirada con la que vas a mirar hoy es la misma con la que ve Cristo, con la que ve Jesús y con la que ve cualquier ser que reconoce la luz.
Hazlo mientras caminas, esperas o conversas. No requiere cerrar los ojos: es mirar de otra manera.
Y recuerda lo central: la única visión real es la que se comparte con la totalidad. Cuando miras desde tu postura individual, miras separado; cuando bendices tu mirada, compartes una sola visión con todo lo que ves. Es un entrenamiento de todo el día, no de un momento: cada vez que lo recuerdes, vuelve a elegir mirar así.
¿Qué cambia cuando practicas esta lección?
Cambia lo que reconoces como tu identidad. Empiezas a espejar con amor, en todo lo que ves, el rostro de Cristo que hay en tu interior, y a ver una totalidad en cada porción de vida. Es un cambio fundamental de mirada, y es un trabajo muy santo y muy hermoso. Permites que la bendición que ves sea lo que reconoces como tu verdadera y eterna identidad.
No es un cambio menor: si hay algo con lo que el ego juega es con lo que vemos. Cuando la vista deja de servirle a la interpretación y empieza a servir a la bendición, lo que antes parecía una amenaza o un estorbo se vuelve una oportunidad de reconocer la unidad.
Si hoy lo que ves sigue pareciéndote igual, no te juzgues. La lección es un entrenamiento y la mirada inocente se aprende. Para sostener el cambio, cambia tu percepción y cambia tu experiencia te da más pistas, y puedes volver a la Lección 268, sobre dejar que todo sea como es. Si estás pasando por un sufrimiento fuerte, busca también el acompañamiento de un profesional.
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