Lección 284: Observa cada pensamiento
Lees «puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor» y piensas: sería fantástico, pero ¿cómo se hace? ¿Qué se hace exactamente a las siete de la mañana, cuando el primer pensamiento ya te está arrastrando?
¿Qué significa «Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor»?
Es una lección de responsabilidad total. Suena muy bonita, pero la pregunta es cómo practicarla. Te comparto la clave que más me ha servido: antes del Curso, mientras lo estudiaba y hoy en mi vida práctica, desde que me levanto hasta que me acuesto, sentado, de pie, arrodillado o saltando.
La clave es la observación total, plena, constante y sin fisuras de cada uno de los pensamientos que pasan por mi mente. No existe entrenamiento suficiente para esto: es observar, observar, en cada instante.
¿Por qué cuesta tanto elegir otros pensamientos?
Porque no puedes elegir lo que no ves. Es como salir a caminar sin ser consciente de lo que tienes alrededor: tropiezas, te caes, te golpeas. Si tienes los ojos vendados, no ves. Nosotros tenemos la mente vendada, y hoy te invito a notar dónde quedan vendas.
A estas alturas no se trata de reconocer algunos pensamientos durante el día y hacer diez minutos de práctica, sino todos los que llegan a tu mente. Eso evita que aparezca la venda de lo que parece estar afuera, porque el pensamiento se proyecta y después se ve hacia afuera.
Es fácil poner la atención en los sonidos, los sabores, lo que ocurre en el cuerpo, lo que perciben los ojos. Ponerla en el pensamiento, esa atención plena sobre la mente, es un acto de maestría. Ahí dirás: ahora entiendo lo que me pide el Curso. Antes parecía una fantasía.
Además, la mente distraída gira y gira en preocupaciones y temas que no tienen nada de realidad, porque está entrenada en eso. El pensamiento en sí no está mal: cuando piensas en la mente de Dios, tus pensamientos son una luz, un faro para ti y para todos los que los reciben, consciente o inconscientemente.
Piensa en cuánto de tu día transcurre sin que sepas en qué estabas pensando. Por eso la lección no te pide un esfuerzo extraordinario, te pide presencia. No se trata de pelear contra los pensamientos ni de callarlos: se trata de verlos. Y quien los ve ya no es el pensamiento que ve; ahí empieza la libertad de elegir. Lo repito porque es el corazón de la práctica: sin ver, no hay elección posible.
¿Cómo practicar la lección 284 hoy?
- Comienza el día con la lección y la intención de observar tus pensamientos.
- Pon atención plena sobre la mente, de la misma manera que la pones en un sonido o un sabor.
- Reconoce cada pensamiento que llegue, sin dejar tramos de distracción.
- Nota dónde aún quedan vendas, es decir, dónde crees que la causa está afuera.
- Cuando veas un pensamiento de dolor, elige cambiarlo. Si al principio solo lo dices con la boca, repítelo: más tarde lo considerarás en serio y al final lo aceptarás como verdad.
El Curso lo afirma así: el dolor es imposible, y no hay pesar que tenga causa alguna.
¿Qué cambia cuando lo practicas y si no sientes nada?
Se produce la liberación de manera muy precisa. Quizá nunca habías visto el trabajo espiritual con esta claridad: ser consciente de absolutamente todos los pensamientos para poder elegir, como dice Jesús, cambiar los que causan dolor. Es simple de decir, pero muy profunda en la práctica.
Quizá, al principio, notes que son pocos los pensamientos que atrapas y muchos los que se te escapan. Es normal: se trata de un entrenamiento mental que ya está en otra gradación que cuando empezaste el libro de ejercicios. Cada vez que te das cuenta de que te distrajiste, ya estás observando; ese darse cuenta es la práctica misma.
Si hoy se te escapan muchos pensamientos, no pasa nada: la mente se distrae y se vuelve a traer. Si tu dolor es intenso, busca también acompañamiento profesional. Sigue la secuencia con la lección anterior sobre tu identidad y con la lección siguiente sobre tu santidad. Y para profundizar, mira cómo serenar la mente y por qué tus pensamientos no significan nada.
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