Una mente serena es donde aparece Dios
Meditas, rezas, lees, y sigues sin sentir a Dios cerca. ¿Y si no está lejos, sino que hay demasiado ruido para notarlo?
El recuerdo de Dios llega a una mente serena
Hay una frase de Un Curso de Milagros que es tan importante y a la vez un mensaje tan simple, tan puro: el recuerdo de Dios llega a una mente serena. Si la mente no se serena, si la mente no se aquieta, el recuerdo no puede llegar. Y no porque sea difícil, sino porque lo estamos bloqueando.
El Curso habla constantemente de Dios, y uno lee y se pregunta a qué se refiere. Si buscas la etimología de la palabra, puedes encontrar que Dios significa ser de luz. ¿Qué es este ser de luz? ¿Qué tiene que ver conmigo? ¿Dónde se encuentra? Es una información que muchas veces resulta imposible de entender de manera intelectual, porque no es una información intelectual ni humana. Por eso la puerta no es entenderlo: es serenar la mente.
Serenar la mente es un pendiente que tienes contigo
A lo largo de toda la historia de la humanidad, los maestros han dado diferentes formas de serenar la mente. Le puedes llamar de muchas maneras:
Meditación.
Indagación.
Respiración consciente.
Introspección.
La mente hay que serenarla para poder escuchar la voz, para que aflore el recuerdo de Dios dentro. Puede que hoy tu mente esté más en calma o menos en calma. Pero esto no es algo para ver más adelante: es un pendiente que tienes contigo. ¿Cómo está tu mente? ¿Cuántos pensamientos tiene? Cuál es tu forma no es tan importante; lo que sí tienes que hacer es aprender a serenar la mente.
Cómo se reconoce a un maestro
Cuánta gente hoy tiene un conocimiento espiritual, y tú la ves y sientes en la vibración que no llegó a serenar la mente. Cuánta gente puede transmitir un mensaje y, sin embargo, todavía hay conflicto dentro. No es que esté mal hablar de espiritualidad sin tener la mente serena, pero lo que toca es serenar la mente.
Por eso reconoces a un maestro cuando lo tienes delante: su mente está en silencio, su mente está en calma. Hoy que tenemos videos y videos, mira a cualquier maestro que busques: se ve en la mirada, se escucha, se siente.
Yo lo he vivido muchas veces, y es algo increíble: puedes estar con un ambiente interno enrarecido, pero cuando tienes que transmitir un mensaje y el propósito está ahí, tu mente en ese momento conecta. Y después la mente va preparando el terreno para que esa conexión no sea de cuatro a cinco, sino constante.
La única constancia es ahora
Una de las preguntas que más aparece en el camino espiritual es cómo consigo estar en paz de manera constante. Pero la constancia también es parte de una ilusión del ego, porque el único instante en el que tienes que ser constante es ahora. Si lo puedes ser ahora, ¿qué te separa de serlo ahora? Pasan los segundos y sigue siendo ahora. Ahora. Ahora.
La única constancia es la conciencia presente. Cuando eres consciente de que siempre estás ahora, lo único que tienes que hacer es recordar ahora.
La mente serena no se puede fingir
¿Cómo se serena la mente? Hay infinidad de respuestas. La ventaja, por decirlo así, de Un Curso de Milagros es que ya no te propone un camino de años y años de meditación: tiene ejercicios para llevar la mente a esta serenidad. Pero la mente serena no se puede fingir. Uno no puede pretender estar en silencio; se trata de encontrarlo.
El Curso dice que la experiencia es necesaria como complemento de la palabra. Con la palabra sola no hacemos nada: lo único que podemos hacer es repetir palabras. Puedes escuchar todo esto, pero lo que abre la puerta es que lo experimentes.
Solo el Yo silencioso es Dios. (…) sólo la experiencia de silencio es el real y perfecto conocimiento.
— Ramana Maharshi, The Teachings of Sri Ramana Maharshi
Un solo Nombre en todo
El Curso también te dice que el Nombre de Dios abarca toda la realidad, y que los innumerables nombres que le diste a todos sus aspectos han distorsionado lo que ves, pero no han afectado la verdad en absoluto. Fíjate la analogía de la Biblia: cuando Adán empieza a nombrar las cosas, las empieza a separar, y sale del paraíso.
No es que esté mal tener un nombre. Tú puedes nombrar a alguien sin separarlo; puedes observar algo sin separarlo. No es un juego de palabras: es una comprensión profunda, interna. Y cuando la mente se serena, llega un momento en que a la mente dejan de importarle los nombres y puede, en todos los nombres, sentir el nombre infinito.


