Hablar con Dios: no le pidas cosas, pídele luz
En un encuentro en vivo, una madre me contó que su hija de 11 años estaba escuchando y quería hacerme una pregunta: cómo puede hablar con Dios y cómo puede escuchar su voz. Mi respuesta cabe en una línea: esta noche cierra los ojos, sabe que Dios está dentro de ti y escúchalo. Y le agregué algo más: si haces esa pregunta, es porque esa voz ya la vienes escuchando.
Esa línea abre varias preguntas. Con quién hablas, qué le dices y cómo sabes que alguien contestó. Vamos por partes.
¿Con quién hablas cuando hablas con Dios?
La oración siempre es una charla contigo mismo, porque Dios está dentro. No es que a veces puedas hablar con Dios y a veces no: todo es Dios. Cuando hablas con una flor o con tu pareja, también estás hablando con Dios. La oración es, quizá, un momento en el que puedes ser consciente de eso. En última instancia, la charla es con la parte de tu mente que está en conexión con todo, no con otra cosa.
Eso no la vuelve menos real. El libro Conversaciones con Dios encarnó para mí una idea que yo no tenía: se puede conversar con Dios. Si quien lo escribió pudo hablar con Dios, yo también; y si las respuestas que recibió son profundas, yo también puedo recibir respuestas profundas.
Un Curso de Milagros agrega un matiz: Dios es todo, y la idea de un Dios que escucha y contesta como una persona es una humanización que inventamos nosotros. Por eso Jesús habla del Espíritu Santo, la voz que habla por Dios. Si quieres entender mejor esa voz, te cuento cómo escuchar al Espíritu Santo.
¿Qué se le pide a Dios?
Hay dos maneras de pedir. La súplica nace de creer que yo sé lo que tiene que ocurrir: pido que me vaya bien con el dinero, pido tal cosa para mi hijo, como si supiera qué es lo mejor para él. El pedido nace de la humildad: no sé lo que tiene que ocurrir, así que no pido un hecho, pido luz.
Pide entendimiento, claridad, poder perdonar lo que parece imposible, abrir el corazón. Si dudas entre quedarte en un trabajo o dejarlo, pide lo mejor para todos los involucrados: si te toca quedarte, te quedarás, y si te toca irte, te irás. El agradecimiento también es una oración, pero solo cuando nace del corazón; forzarlo no tiene mucho sentido. Si no lo sientes, pide ver cómo sentirlo.
¿Cómo reconoces la respuesta?
El punto más importante de la oración no es la pregunta, es la respuesta, y ahí es donde muchos se bloquean. Pedir exige estar dispuesto a recibir, y a recibir lo que viene del plano espiritual, no lo que tú ya habías decidido que tenía que llegar.
Todas las oraciones se responden, pero no de la forma que esperas. Un alumno me contó que pidió sanar la relación con su pareja y al día siguiente su pareja le dijo que quería separarse. En ese momento fue duro, pero entendió que había sido la respuesta a lo que había pedido. Y si lo que recibes no te gusta, lo que hay que perdonar es tu interpretación de lo que estás recibiendo.
¿Y cómo suena? Te va a parecer que es tu voz, y lo es. Pero vas a notar un color distinto, una sutileza. Si quieres aprender a separarla del ruido del ego, mira cómo escuchar tu voz interior.
¿Cómo empezar esta noche?
- Al acostarte, cierra los ojos y recuerda que Dios está dentro de ti. Hablar con Dios al irte a dormir agranda tu conciencia de Dios, porque donde pones la atención, eso se agranda.
- Pide luz sobre algo que no entiendes, sin decirle cómo tiene que resolverse.
- Escucha en silencio y no discutas con lo que llegue.
- Anota lo que aparezca. Si una noche no concilias el sueño, puede ser un buen rato para esta comunicación: no hay casualidades, y quizá hay un mensaje que necesitas recibir. Deja un cuaderno a mano.
Si quieres ir más hondo en la escucha, empieza por el silencio entre dos pensamientos. Y si lo que sientes es sufrimiento muy fuerte, recuerda que la oración acompaña, pero no sustituye la ayuda de un profesional.
Si quieres seguir aprendiendo a escuchar esa voz, mira gratis en Guía TV la serie «El mensaje de Jesús», para seguir profundizando en estas enseñanzas.


