Cómo pedirle al universo: antes aprende a recibir
Llevas meses pidiendo. Lo escribes en una libreta, lo visualizas, lo repites en voz alta antes de dormirte, y la vida sigue igual. Empiezas a pensar que el universo no te escucha, o que a los demás les hacen más caso. Lo que ocurre es otra cosa, y tiene arreglo.
¿Por qué pido al universo y no recibo?
Porque en realidad estás recibiendo todo el tiempo lo que pides. Nosotros emanamos de manera constante, y todo lo que emanamos tiene respuesta. El problema es lo que mandas debajo de las palabras. Puedes pensar «dinero, dinero, dinero» y que detrás vaya un «me falta, me falta». Lo que el universo recibe es el «me falta». Si dices «quiero una pareja que me ame» pero lo que sientes es falta de pareja, vas a encontrar a alguien a quien también le falta, y se arma una relación desde la falta.
Eso mismo explica que a veces te pasen todas seguidas: tu mente está vibrando en algo negativo y llega todo lo negativo. Quien cree que las relaciones son difíciles es un imán estupendo para relaciones difíciles. Y quien centra su atención en no ser pobre sigue mirando la pobreza. Lo que se pide es lo que se quiere, no lo que se rechaza.
Todo esto ya lo desarrollé en La ley de atracción no escucha tus palabras y en 3 claves para manifestar lo que deseas sin forzar, así que aquí voy a otra pregunta: qué pedir, y desde dónde.
¿Qué pedirle al universo?
Cuando alguien me dice «quiero que me aumenten el sueldo», le pregunto qué busca con eso. Casi siempre es tranquilidad. Y tras la tranquilidad hay alegría, y tras la alegría, un espacio interior donde estás bien contigo. Si sigues preguntando llegas a lo que en el fondo todos queremos: recordar quién eres. Eso es lo que buscas, y el dinero o la pareja son la cáscara. Pedir solo la cáscara es tapar el síntoma, como quien toma un calmante y no mira por qué le duele.
Esto no quiere decir que no puedas pedir cosas. Tampoco hay que dejar los deseos: el deseo de crear, de amar, de dar lo mejor a los tuyos es el deseo del ser. Te cuento algo de mi madre. Si no me acuerdo mal, iba a tener su tercer hijo y caminaba por Buenos Aires pidiendo más dinero para que alcanzara para todos. Se cruzó con una antigua profesora, y justo se estaba abriendo una vacante. Ella no pedía desde «me falta», pedía desde las ganas de darles lo mejor a sus hijos. Seguramente otras veces pidió dinero desde otro lugar, y no le llegó.
También puedes pedir luz. Cuando no sabes qué le conviene a otro, pedir que se dé lo que tú crees mejor es una súplica. Pedir comprensión es otra cosa. Cómo se ve esa diferencia lo conté en Orar no es suplicar: qué pedir para sanar.
Si usas decretos, mira un detalle. Un decreto dicho desde la falta repite la falta. Antes de decretar, mira quién decreta: lo explico en Decretos de prosperidad.
Yo di todo esto con más detalle en una conversación, y la puedes ver completa. Aprende cómo pedir al Universo es la charla en Guía TV donde explico por qué todo lo que pedimos se da, cómo se distingue el deseo del ego del deseo del ser, y respondo preguntas de quienes la veían en vivo.
¿Cómo se pide, paso a paso?
El truco, si quieres llamarlo así, es este: antes de pedir, aprende a recibir. Si rechazas y rechazas lo que te llega, traes más rechazo. Antes de pedir otra cosa, mira lo que ya está llegando a tu vida y recíbelo. Después ven al pedido, que no funciona por control sino por amor. «Que me aumenten el sueldo» es control. «Quiero estar en paz y darles lo mejor a los míos» es amor.
Un segundo punto es sentir el deseo. Decir «ya lo tengo» ayuda si lo sientes. Si lo dices sin sentirlo, es superficial: estamos tan acostumbrados a mentirnos que casi siempre una parte de lo que decimos es mentira. Hay que sentir el deseo, no repetirlo.
Y tu emoción te avisa. Si lo que sientes al pensar en tu pedido es bienestar, vas en la dirección que quieres. Si sientes angustia, te estás alejando. Es tu termómetro. Para saber qué quieres, empieza por darte cuenta de lo que no quieres y pregúntate qué quieres en su lugar. Suena complicado y es simple, pero hay que practicarlo.
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