3 preguntas para descubrir tus dones
¿Cuál es tu don? Si todavía no lo sabes, quizás la pregunta está mal hecha.
Tus virtudes no son tuyas
Una de las primeras cosas que hace un creador es reconocer cuáles son sus virtudes. Obviamente las virtudes no son propias, pero sí se expresan a través de cada uno, y cada uno tiene virtudes diferentes. Cuando entiendes que esas virtudes bajan a la mente individual para expresarse en beneficio de los otros, ya no hay espacio para el ego, porque sabes que esa virtud es algo para dar y no algo individual.
La creación nunca pertenece al individuo. Ella cesa enteramente cuando la individualidad, con sus capacidades, dones, técnicas, etc., se vuelve dominante. La creación es el movimiento de la incognoscible esencia de lo total; nunca es la expresión de la parte.
— Jiddu Krishnamurti, Diario I
Te comparto algo mío. En un momento me llegó que tenía que enseñar la palabra de Dios, y mi nombre, Gabriel, significa básicamente el que trae la palabra de Dios. Cuando me di cuenta, no me sentí orgulloso: agradecí, porque era exactamente lo que había pedido.
El don ya estaba ahí
Cuando empieces a crear vas a ver que no es tan diferente de cómo era antes. La única diferencia es que ahora eres consciente y estás en otro nivel de vibración. En mi caso, antes de dedicarme a enseñar todo esto yo ya daba clases de música. La enseñanza ya estaba ahí. Por eso, mientras más pronto uno descubre el propósito, la misión, lo que viene a ser, antes va a poder desarrollarlo.
Así como Mozart tenía un don y hoy todavía escuchamos su música, cada uno tiene un don. Y la música de esos maestros tiene un estilo que se reconoce enseguida: escuchas Mozart y es Mozart, escuchas Bach y es Bach. Es una idea que ellos recibieron y fueron expresando en infinidad de formas.
Las preguntas para reconocerlo
Cada uno tiene que reconocer internamente:
¿Cuál es mi don?
¿Cuáles son mis virtudes?
¿Cuáles son mis cualidades?
¿Qué es aquello que tengo para dar?
Visto desde el plano espiritual es muy interesante, porque en la humanidad están todos los dones infinitos expresándose particularmente en seres: en cada uno se expresa un don y una virtud. Y en la medida en que los pongas al servicio de la humanidad, de la sociedad o de los hermanos que te toque guiar, vas a sentir una alegría infinita.
Trabajar es poner la energía al servicio
Esto se ve muy claro cuando uno trabaja en equipo. Es parte del líder ver los dones y las virtudes de cada uno para ponerlos en su máxima expresión, y cuando cada uno está en su máxima expresión, la expresión del grupo es máxima. Es algo natural y armónico, y lo vamos a experimentar en la medida en que vayamos despertando.
Fíjate: si alguna vez trabajaste de algo que no te gustaba, o que no sentías, era porque no estaba ligado con tus dones y tus virtudes. Parte del despertar espiritual es trabajar en algo que esté empatado con tus cualidades. Ahí lo que haces lo haces con amor y no con egoísmo, y ese amor es el que le da la calidad a lo que se crea. Trabajar no es otra cosa que poner la energía al servicio de los otros.
Nadie puede decidir tu don por ti
Esto todavía nos resulta raro. Hasta hace una o dos generaciones, e incluso en esta, no es raro que los padres crean saber lo que tienen que hacer los hijos. Creer que sabes lo que tiene que hacer tu hijo no es más que la proyección de tu ego. Puede pasar que un hijo comparta un don con el padre —hay familias de músicos donde todos lo hacen con amor—, pero cada uno está en un estado evolutivo diferente.
Y para que el don se exprese hay que comprender cómo funciona el ego y cómo se libera, porque mientras el ego persista en nuestra mente no hay creación posible. Por eso primero la sanación y después la creación. Crear, además, no tiene que ver solo con el arte: crear es una forma de moverse, una forma de hablar, una forma de pensar. Todo es creación.


