No encuentro trabajo y estoy desesperado
Llevas semanas mandando currículums, el teléfono no suena y por la noche el pecho se te aprieta con la cuenta de lo que queda. Alguien te dice «ya saldrá algo» y lo único que sientes es que no te escucha. No voy a hablarte de entrevistas ni de cómo armar un currículum; de eso saben otros. Te hablo de lo que pasa en tu mente mientras buscas, porque ahí sí puedes hacer algo hoy.
¿Por qué me desespero tanto si no encuentro trabajo?
Porque detrás de la falta de empleo hay miedo, y el miedo toma la forma que tenga a mano: «me voy a quedar sin trabajo», «me voy a quedar solo», «le va a pasar algo a mi familia». Ese miedo tiene un motivo concreto: hay cuentas que pagar. Pero fíjate en lo que hace la mente con eso. Dice que el futuro va a fallar, que la gente no te quiere, que no vas a poder con esto. Todo eso es futuro. Nadie te pide que dejes de sentir ese miedo; te propongo verlo con claridad, para que no maneje cada decisión que tomas hoy.
Yo puedo ponerme a pensar en treinta mil cosas para adelante, y mi ser, aquí, no cambia. Lo único que cambia es mi estado mental. Quien viaja al futuro se siente ansioso, y en el presente no cambia nada. Si quieres ahondar en eso, escribí sobre cómo calmar la ansiedad y sobre cómo liberarse del miedo.
¿Qué puedo hacer hoy con mi mente mientras busco?
Lo primero que le digo a quien llega así es que no crea todo lo que piensa. La mente es una fábrica de historias, y las que más produce estos días son las del futuro. Anótalas en un papel y míralas: escritas se ven distintas de cuando dan vueltas en la cabeza.
Lo segundo es volver al ahora. Esta hora existe. Estás respirando, tienes un cuerpo, hay algo que sí puedes hacer en los próximos diez minutos. Lo que aún no pasó no necesita que lo resuelvas esta noche. El Curso dice que el tiempo está a tu favor. Con el alquiler cerca cuesta creerlo, y no te pido que lo creas hoy; te pido que lo pruebes cinco minutos, lo que dura la práctica de más abajo. Repítela cada vez que vuelva la angustia. La mente repite el mismo guion, y reconocerlo le quita fuerza.
Lo tercero es escuchar. Esa voz es la del corazón, y si dudas sobre cómo decidir en tu vida, preguntarle es muy práctico. A mí me cambió la vida cada vez que la escuché: tuve claro qué hacer, y después hay que hacerlo. Pregúntale qué te toca hoy: una llamada, un mensaje, descansar. Cuando uno está bloqueado puede tener una buena idea y no creérsela; por eso conviene calmar el miedo antes de empujar más.
¿Mi valor depende de tener empleo?
Ramana Maharshi enseña algo que repito mucho: lo que depende de un objeto externo es una moneda. Un día cae «me recibí» y es placer; otro día cae «no encuentro trabajo» y es dolor. Conseguí el trabajo que quería, placer; no me gusta mi jefe, dolor. Es la misma moneda, y gira.
Puede sonar a poco cuando hay cuentas encima, y lo entiendo. Te lo digo porque lo que vales no lo determina la ropa, un cargo ni lo que otro te diga. Pensamos que valemos por papelitos de colores que inventamos los propios seres humanos, y con ellos nos ponemos un precio. Si hoy no entran papelitos, la mente cuenta que vales menos. Esa cuenta está mal hecha. Una entrevista que sale mal no te dice quién eres. Y a veces, cuando alguien se queda sin trabajo, aparece un tiempo que antes no existía. Ocurrió mucho en la pandemia: personas que de pronto se encontraron consigo mismas. No te lo cuento para que lo agradezcas ahora; te lo cuento porque ese tiempo, si lo tienes, es tuyo.
¿Y si la desesperación es demasiado fuerte?
Si no duermes, si sientes que no puedes más o te cruzan pensamientos de hacerte daño, busca ayuda profesional y habla hoy con alguien cercano. Hacerlo no resta nada al camino interior; lo sostiene. Y si hoy lo único que puedes es descansar, descansa: eso también cuenta.
Cuando la cabeza esté más tranquila, puedes leer también sobre cuál es tu propósito en la vida.
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