Cómo calmar la ansiedad: 4 pasos que puedes hacer ahora
Hace años me di cuenta de algo que me dejó sorprendido. Entre que me bajaba del metro y llegaba al lugar donde iba a dar clase de violín caminaba ocho o diez cuadras, y las caminaba con un nivel de ansiedad enorme. Lo tenía tan automatizado que ni lo notaba. Lo vi recién cuando empecé a observarme. Si te reconoces en esto, sigue leyendo.
¿Qué es la ansiedad?
Es una mente que ya no está aquí: se fue al futuro a ocuparse de lo que todavía no pasó. Y como el cuerpo espeja la mente, si la mente vive en ansiedad, el cuerpo también la siente. Por eso los síntomas son tan reales.
Hay algo más. Cuando sientes ansiedad hay una desconexión con lo que eres, porque tu ser no siente ansiedad. Las emociones contraen; el espíritu expande. Esa contracción te avisa que te alejaste de ti.
¿Por qué me da ansiedad aunque haga lo que tengo que hacer?
Lo que genera ansiedad no es lo que haces: puedes hacer una cosa o treinta. Lo que la genera es la mente desde la que lo haces. Una persona ansiosa es alguien que quiere controlar el universo, y la ansiedad llega porque creías estar a cargo de todo. La buena noticia es que no lo estás. Cuando te llega algo, lo haces y punto.
Por eso no eres «una persona ansiosa». Todavía no conoces tu verdadero ser, y lo que vives es una máscara que corre para que las cosas sean como crees que tienen que ser. Es un hábito, y un hábito se puede ver. Si la ansiedad tiene un pariente cercano, es el miedo: el miedo no se enfrenta, se mira y se suelta.
¿Cómo calmar la ansiedad en el momento?
Cuatro cosas que puedes probar ahora mismo:
- Tómala como un timbre. Cada episodio de ansiedad es una señal de que tienes que rendirte. Es como si tocaran el timbre de tu puerta, y el mensaje es siempre el mismo: suelta el control.
- Pregúntate si hay ansiedad en este instante. En un encuentro, una alumna me contó que su mente no paraba y que arrastraba mucha ansiedad en el trabajo. Le pregunté si ahora, en ese momento, había ansiedad. Se quedó un instante y dijo que no; bromeó que quizás era el té de canela que estaba tomando. Nos reímos, pero mira lo que pasó: la ansiedad vivía en lo que pensaba del trabajo, no en ese momento.
- Vuelve al cuerpo. El cuerpo siempre existe ahora, así que es la puerta más simple al presente. Pon la mano en el corazón y siente los latidos. O observa la respiración: el aire entra un poco más frío y sale un poco más tibio. Hazlo cien veces y mira cómo está tu mente. Va a estar suavecita, salvo que en la vez treinta y dos te hayas puesto a pensar en tu ex.
- Ríndete y haz solo lo que toca hoy. ¿Qué tienes que decidir? Nada. ¿Qué va a pasar mañana? No sabes, y nadie lo sabe. Puede que el pecho te siga latiendo aunque ya te hayas rendido, y no pasa nada. Si quieres avanzar, la ansiedad no te va a ayudar: hoy tienes una tarea, hazla.
Y una pregunta para probar: ¿qué pasa si eso que veo con ansiedad lo viera con paciencia? ¿Y si confío en que se dará como tiene que darse y yo no tengo que controlar nada? Pruébalo y mira qué ocurre. Para entrenar esa observación, te sirve conocer la mente alerta.
¿Y si la ansiedad no se va?
Lo que enseño trabaja sobre la mente y no reemplaza a un profesional. Si tienes un problema médico y un médico te ayuda, sigue yendo; si alguien necesita ir a un psiquiatra, que vaya. Si lo que sientes es muy fuerte, busca acompañamiento profesional además de este camino.
Y no confundas calma con esfuerzo: no se trata de fabricarla, sino de recordar que la paz interior es tu estado natural.
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