Observar tu mente sin tensión: la mente alerta
Alerta no es tensión: es observación
Cuando hablo del mapa del sanador hay una pregunta que para mí es superimportante: ¿cuál es su estado mental? Y la respuesta es una mente alerta. Pero ojo: alerta no significa en tensión, ni significa en conflicto. Significa en observación.
Cada maestro lo expresa a su forma. De Buda, por lo menos así se lo traduce, viene la figura del vigilante: tienes que vigilar tus pensamientos, tienes que vigilar tu mente. Un Curso de Milagros te habla de la mente alerta y te dice que lo que inventaste te dio una mente enferma que ahora tiene que ser sanada, y que mantenerse alerta contra esa enfermedad —el egoísmo, la separación, el miedo— es la manera de sanarla.
La afluencia de pensamientos llega a su fin en aquellos que están siempre alerta en la mente.
— Buda, Dhammapada
Por qué el ego vuelve cuando no estás alerta
Cuando no estás alerta, el ego aparece y vuelve a tomar el control. Y ahí uno dice: «Uy, pero yo lo había entendido, y ahora estoy otra vez acá». Por eso es tan importante entender la teoría y entender cómo hacer la práctica. Puedes estar veinte años haciendo una meditación y no iluminarte, porque una meditación no puede iluminar a nadie. Si tú ya eres la luz, no necesitas iluminarte: necesitas entenderlo, necesitas verlo. Y la forma más profunda para eso es la mente alerta, que no es más que tener la mente en observación de la mente misma.
Eckhart Tolle lo define así: el ego es la mente no observada. La mente que no se observa a sí misma, que no se conoce, eso es el ego. El libro que a mí más me ayudó con esto fue El poder del ahora, que te lleva a ese estado de alerta relajada. Pero fíjate el orden: lo primero no es la mente alerta, lo primero es la teoría, para saber de qué tengo que estar alerta y por qué.
No le tengas miedo al ego
Con mucho entrenamiento llega un punto en que la mente, en general, ya está alerta, y si aparece el ego, lo ves. Así como el Curso te dice que no tengas miedo de mirar el miedo: si aparece el ego y tú lo puedes ver, ¿qué miedo va a haber? Ninguno. Apareció el ego: «Hace décadas que vienes apareciendo. Ven, pasa, siéntate, vamos a tomar un café. ¿Te fuiste porque te vi? Bueno, pasa cuando quieras».
Un maestro no le tiene miedo al ego porque reconoce que él no es eso. Yo puedo tener ahora un pensamiento de ira o de enojo, y no me identifico. El juego del ego es cuando me identifico con eso, me aferro a eso, creo ser eso y creo que tengo que hacer algo. Por eso la liberación es muy fácil, pero hay que entender cómo funciona.
Cuándo practicar
Todo el tiempo que le puedas dedicar a observar la mente, dedícaselo, mientras sea necesario. Tienes diez minutos y no tienes nada para hacer: en lugar de ponerte a ver TikTok, cierra los ojos y observa tu mente. Y hay momentos que se te van a dar especialmente para hacerlo:
Cuando te angusties, cuando te sientas en conflicto, solo o mal. Si ocurrió ese estado es porque todavía estás confundido con respecto a lo que eres: todo el plano emocional perturbador te está diciendo «acá te volviste a equivocar, obsérvate».
Cuando tengas un dolor físico. Nadie puede decir que no va a tener dolor físico en su vida, pero una cosa es tener dolor y otra es tener además al ego culpándote: por qué hice esto, por qué le hice caso al otro. De ese juego mental es del que hay que estar alerta.
Cuando estés hablando con otro, viajando, trabajando o viendo una película. Si una película te da miedo o te angustia, obsérvalo, porque está reflejando algo tuyo.
Y no necesitas un lugar tranquilo en la naturaleza ni silencio. Lo que necesitas, en todo caso, es el máximo ruido posible para poder observar el ruido. Cuando estás en estado de alerta no eliges cómo tienen que ser las condiciones: observas tu presente.
El esfuerzo, hasta que deja de hacer falta
Al principio hay que poner un esfuerzo muy grande, porque la mente está tan identificada que el ego siempre va a buscar alguna distracción para no estar alerta. Eso no quiere decir que no puedas divertirte o hacer cosas que te gustan: quiere decir que siempre estés observando.
El Curso te dice que la vigilancia requiere esfuerzo, pero solo hasta que aprendas que el esfuerzo en sí es innecesario. Una vez que despertamos a la mente natural, a la mente original —lo que en el Curso se llama Cristo—, ¿de qué me tengo que esforzar? Soy el que soy. Mientras todavía no lo pueda ver, o sean conceptos pululando en mi mente, tengo que observarme.
Es como la conciencia corporal. Al principio te llevan a observar las sensaciones del cuerpo y dices «no siento nada». Pero una vez que la incorporaste, si hay algo en el cuerpo te das cuenta de manera inmediata. Con la mente pasa lo mismo. Mente alerta, mente alerta, mente alerta. ¿Hasta cuándo? Hasta que ya no lo necesites más, porque naturalmente tu mente esté alerta.


