Reiki: qué es, para qué sirve y qué hay debajo
Llevas meses yendo a sesiones de reiki. Sales liviano, duermes bien un par de noches y después vuelve la misma angustia, la misma discusión con tu madre. Y empiezas a preguntarte si el reiki sirve, si te falta otro nivel o si el problema eres tú.
¿Qué es el reiki?
El reiki es una práctica nacida en Japón a comienzos del siglo XX. Quien la da apoya las manos, o las acerca, al cuerpo de la otra persona con la intención de transmitirle energía. Se practica como complemento de bienestar, no reemplaza un tratamiento médico, y cada persona lo vive a su manera.
Si a ti te da calma, tienes todo el derecho de seguir. Yo no te voy a decir que lo dejes.
¿Para qué sirve el reiki?
Yo lo veo así: una enseñanza llega a una persona con muchas flechas, y mientras haya un blanco al que apuntar, hay que trabajarlo con todas las flechas posibles. Un Curso de Milagros, la indagación, la psicoterapia, el reiki: todo lo que te sirva. La imposición de manos es una forma de dar amor, y quien la recibe suele sentir que algo se destraba.
Eso es verdad en la experiencia. Una persona recibe las manos, o una meditación guiada, o una música con incienso, y ve cosas impresionantes. Yo mismo di meditaciones así en mi casa, hace años. Salían con una anécdota hermosa de lo que habían vivido. Y yo me preguntaba cuántos de ellos alcanzaron sabiduría. Una experiencia impactante a veces se necesita y se da, pero dura lo que dura.
La sabiduría se alcanza de otra manera: estudiando a los maestros, uno por uno, hasta que dejas de creerle a la voz que te dice que algo te falta.
¿Quién sana en el reiki?
Voy a ser claro con esto, porque es la clave: la sanación energética es mental. Puedes ir con sanadores que te ayuden a equilibrar tus polaridades, y esa energía se mueve. Pero si no la equilibras en tu mente, se desequilibra enseguida. La energía sigue al pensamiento, y el único poder que tienes en este mundo es el poder de pensar. Siéntate un rato con pensamientos de miedo y en unos minutos tu cuerpo te trae la angustia. No hace falta nadie más.
Lo mismo vale para quien da las sesiones. He conocido gente que empezó a practicar un trabajo energético y lo dejó porque se cargaba con lo que traía el otro; otra persona siguió y lo sigue haciendo. Cuando reconoces de dónde viene el poder de ayudar, y te aquietas lo suficiente como para no proyectar, ayudas sin cargarte. Si no, la persona que tienes enfrente te devuelve lo suyo.
En una charla de Guía TV conté esto con otros ejemplos, hablando de gente que llegó con años de prácticas y a la que le faltaba algo. Está completa en Cómo detengo el loro en la cabeza: ahí cuento qué les faltaba y por qué no tiene que ver con hacer más cursos.
¿Qué falta cuando el reiki no alcanza?
He visto llegar a nuestra formación a terapeutas, a gente que estudió coaching, que hace reiki, que trabaja con ángeles. Todos con muchas prácticas y todos con algo que faltaba: conocerse a sí mismos. Sin eso, cada práctica nueva se suma a las anteriores como un dogma más, algo que añades.
Piensa en la pintura. La espiritualidad no te enseña a pintar una naturaleza muerta; te muestra qué colores y qué pinceles tienes. Después pintas lo que quieras. La técnica sola es un cuadro. Conocerte es entender con qué pintas todos los cuadros.
Y una persona puede trabajar con la energía y seguir enojada con su ex, con su hermana, consigo misma. Que una sesión te deje en calma no cambia el pensamiento que estaba esperándote al salir. Si ese pensamiento no se mira, vuelve.
Una cosa más, y la digo con cuidado: si lo que te trajo al reiki es una enfermedad o un sufrimiento muy fuerte, sigue con tu médico o con tu terapeuta. Lo que aquí hablamos acompaña; no reemplaza un tratamiento.
¿Cómo conocerte después de una sesión?
Si quieres seguir con el reiki, sigue. Solo suma una cosa: mirar tu mente cuando la sesión termina. Para eso hay dos lecturas que te pueden ayudar: Los 3 pasos en falso de quien empieza a sanar, sobre qué ocurre cuando alguien ayuda a otros sin haberse mirado a sí mismo, y Tus pensamientos no son tuyos: te llegan, para ver de dónde vienen los que se repiten.
En el curso gratuito Vivir en paz interior aprendes a mirar tus pensamientos y a soltar los que te quitan la calma, a tu ritmo y con lo que ya practicas.

