Palo santo y sahumerio: lo que limpia una casa
Compraste un palo santo, recorriste cada habitación con el humo, pusiste sal gruesa en las esquinas, y esa noche la casa siguió pesada, o volvieron las mismas discusiones. Te preguntas si lo hiciste mal, si faltó algo, si hay que repetirlo. Primero quiero decirte que nada de eso es tonto. Mucha gente lo hace por cariño a su hogar.
¿Para qué sirven el palo santo, el sahumerio y el baño de sal?
El palo santo es una madera aromática que se quema en varias tradiciones de Sudamérica para perfumar un lugar y marcar un momento de recogimiento. El sahumerio es una varilla o un manojo de hierbas que se prende con la intención de armonizar un espacio. El baño de sal, con sal gruesa en el agua, se hace para soltar el cansancio y las tensiones del día. Las velas, el incienso y la música suave cumplen una función parecida: avisan al cuerpo que empieza otro momento.
Quien los usa suele sentir alivio, y ese alivio tiene un origen que vale la pena mirar.
¿Limpian la casa de malas energías?
Tengo respeto por los rituales. Cuando prendes un sahumerio, cierras los ojos, pones una música tranquila y elevas una oración, haces algo valioso: te das un momento para detenerte. Una intención amorosa ayuda a quien la hace. Eso es cierto y no hay que quitárselo a nadie.
Lo que quiero mostrarte es lo que ocurre debajo. En el método que enseño, la energía sigue a la mente: la energía es el movimiento de la mente, y es la mente la que elige ese movimiento. Los cuatro cuerpos del ser lo ordenan así: el cuerpo físico y el energético son dinámicos, cambian todo el tiempo, y el que los mueve es el mental. Una casa se siente pesada por lo que piensan quienes viven en ella: los resentimientos que se repiten en la mesa, las conversaciones sin resolver, el miedo a lo que viene. Por eso lo que limpia una casa es la mente de quien la habita. El humo puede acompañar ese cambio. Reemplazarlo no puede.
Tampoco te preocupes por haberlo hecho mal: no hay una forma incorrecta de encender un sahumerio. Si te dio calma, te regalaste un momento, y eso suma. La pregunta útil es qué pensamiento te acompañaba mientras lo hacías. Si recorrías la casa con rabia por la discusión de ayer, el humo no va a disolver esa rabia. Si lo hacías con cariño, se nota en cómo respiras tú y en cómo te hablas con quienes viven contigo.
Ya escribí sobre esto en Limpiar la energía empieza por lo que piensas, y no quiero repetirlo. Aquí te cuento otra parte.
¿Qué pasa cuando el ritual se vuelve una forma de controlar?
Hay un camino espiritual donde uno intenta acomodar las cosas a lo que quiere. Quiero conseguir este trabajo, entonces tiro las cartas, prendo un palo santo, subo a la montaña. Es muy comprensible, porque todos queremos seguridad. Pero ese camino se apoya en un objetivo que creemos necesitar, y mientras intentemos estar a cargo de cada resultado, la tensión sigue. El camino que a mí me toca enseñar es el de la entrega: no puedes controlar nada, y reconocerlo trae un alivio enorme.
Me parece muy bien que cierres los ojos, prendas un sahumerio o una vela, pongas música de meditación y eleves una plegaria. Solo mira qué pides. Puedes pedir amor, sanación, conexión, ver distinto. Pedir que vuelva tu pareja ya es querer manejarla, y ahí el ritual deja de ser un acto de amor.
¿Y si no tengo nada para prender?
Un maestro cuenta una anécdota que me gusta mucho. Alguien sentía una presencia de paz muy fuerte en su habitación y pensaba que era por el palo santo que había prendido. El maestro le propuso ir al baño a ver si la presencia seguía. Seguía. La cocina, igual. Le dijo entonces que saliera a dar una vuelta y volviera: estaba en todos lados. Tu experiencia es interna y no depende de lo que haya afuera. Un sahumerio puede recordártela, pero no es una condición para tenerla. Si una noche no tienes nada a mano, o estás de viaje, o en una casa que no es la tuya, el lugar al que vas es el mismo.
Lo esencial de ti ya está encendido, sin que hagas nada. No necesitas sentarte en loto ni recitar una oración para existir. Si quieres aprender a aquietar la mente, un buen comienzo es qué es meditar y cómo empezar.
Si quieres entender por qué tu mente hace la casa liviana o pesada, en el curso gratuito La nueva consciencia humana te llevas una forma simple de mirar tu pensamiento y tu energía.

