Limpiar la energía empieza por lo que piensas
Sales de una reunión agotado. Alguien te habló un minuto y se te cayó el ánimo. Llegas a casa con la sensación de cargar algo que no es tuyo, y buscas cómo limpiar la energía: sal gruesa, salvia, un baño, una oración. A muchas personas eso les da calma, y está bien. Pero tal vez ya probaste varias y la pesadez vuelve.
¿Qué es la energía negativa?
En el lenguaje de muchas tradiciones y de la vida diaria, se llama energía negativa a esa pesadez, tensión o cansancio que parece venir de ciertos lugares, de ciertas personas o de uno mismo. No se mide con ningún aparato, y cada quien la siente a su manera.
Desde lo que yo enseño, esa pesadez es una emoción, y una emoción es energía bloqueada. La palabra lo dice: emoción es un movimiento hacia afuera. Cuando pierdo el foco adentro y me muevo sin eje, aparece el desequilibrio. Se siente en la cabeza, en el pecho o en el estómago.
¿Los demás pueden bajarte la energía?
Esta es la pregunta que más me hacen. Muchos dicen que hay que cuidar con quién compartes energía. Yo lo veo al revés: compartes energía según la vibración que tienes. Con quien vibra parecido, se mezcla; con quien no, ni te toca.
Una persona me preguntó cómo hacer para que otro vibre alto. Yo le dije que no: tú vibra alto. Si fuera posible bajarle la energía a otro o manipularlo para subirla, vivir sería un infierno. Cuando alguien te dice algo y se te cae el ánimo, no es lo que dijo; es lo que tú temías. Si te diera igual, no te bajaría nada. Esa conversación, con ejemplos y preguntas de la gente, está completa en la charla Aprende cómo pedir al Universo de Guía TV: ahí explico por qué nadie puede bajarte la energía y qué pasa cuando pides desde la falta.
Una aclaración importante, porque se puede malentender: esto no quiere decir que te quedes donde te maltratan. Si hay agresión o violencia, lo primero es cuidarte y alejarte, y pedir ayuda profesional si el sufrimiento es muy fuerte. Eso va junto con el camino interior, no en lugar de él.
Y a veces no hay conflicto: simplemente la vibración cambia. Yo tengo amigos de mis años de música a los que quiero con el alma. Cada vez que los veo me alegro, y sin embargo ya no me nacen las ganas de juntarnos. Es otra vibración. No es que los haya dejado de querer, y tampoco hubo pelea.
¿Cómo se sube la vibración?
La vibración es el estado de tu mente. Y funciona así: cuanto más piensas en algo, más vibras como eso. Un pensamiento nace débil. Por ejemplo, «me va a dejar», aunque estén bien, aunque no haya motivo. Si lo repites, aparecen ramas: «fue por lo que dije», «ya no le atraigo». Ese pensamiento se convierte en urgencia, empiezas a actuar desde el miedo y dices cosas desde ahí. Así se arma el círculo; para ver por qué funciona, puedes leer La ley de atracción no escucha tus palabras.
Por eso no se pasa de un estado denso a la perfección de un salto. Si estás muy angustiado, no puedes experimentar de golpe una vibración alta; hay que empezar a equilibrar lo interno, y recién ahí la mente entiende. A mí me pasó dando clases: había gente que decía «te escucho y no entiendo nada», porque su mente estaba en un estado emocional muy denso.
La emoción es la señal más poderosa que tienes: te muestra dónde pusiste la atención. Si la miras en lugar de esquivarla, empieza a bajar. Puedes ayudarte con lo que ya haces: veinte minutos de respiración consciente equilibran mucho la energía, y sentarte junto a un árbol, con los ojos cerrados, también. Cada lugar tiene su vibración, aunque no necesitas estar en un sitio especial para vibrar alto. De hecho, estamos para elevar la vibración de los lugares donde estamos.
Y desconfía de cualquier enseñanza que te llene de miedo: quien sabe no asusta.
¿Qué hacer cuando sientes la energía pesada?
Primero, no te asustes: lo que sientes es una emoción, y una emoción se atraviesa. Después, mira qué pensamiento la está alimentando. Para ese rato en que la mente no se detiene, te sirve Cómo dejar de pensar tanto: no apagues la mente.
En el curso gratuito Vivir en paz interior te llevas una forma sencilla de mirar tus pensamientos y soltar los que te bajan, a tu ritmo y sin exigencias.

