Si crees que te hicieron brujería, lee esto
Te despiertas con el cuerpo pesado, esa semana todo te salió mal, y alguien de tu familia te dice con la mayor seriedad: «a ti te hicieron un trabajo». Desde ese momento cada contratiempo confirma la sospecha. Repasas quién pudo haber sido, miras con desconfianza a una vecina, a un compañero, a una ex. De noche te cuesta dormir. Si estás ahí, quiero hablarte con calma, porque ese miedo es real aunque lo que lo causa esté en otro lugar del que imaginas.
¿Qué es el mal de ojo y la brujería, y por qué dan tanto miedo?
Son creencias muy antiguas, presentes en casi todas las culturas, según las cuales una persona puede dañar a otra con su mirada, sus palabras, su envidia o un ritual hecho con esa intención. Dan miedo porque prometen algo terrible: que el daño viene de afuera, que tú no lo elegiste y que no puedes hacer nada. Una idea así se instala rápido, y cuando se instala todo lo que pasa se lee a través de ella.
Si además tienes síntomas en el cuerpo, como cansancio, insomnio o dolores, ve primero a un médico. Lo que sigue no reemplaza ningún tratamiento ni ninguna ayuda profesional, y si el sufrimiento es muy fuerte, pide ayuda además de mirar tu mente.
¿Alguien puede tener poder sobre mi mente?
Esto es lo que enseño, y te lo digo con cariño: nadie tiene poder sobre tu mente salvo el que tú le das. Un Curso de Milagros explica que las creencias generan tu experiencia, y que nadie puede experimentar algo en lo que no cree. Si tú crees que el mal de ojo existe, no solo lo vas a vivir: lo vas a ver, se va a volver tu realidad, porque estás eligiendo lo que ves a través de lo que crees.
Ahora piensa en alguien para quien el mal de ojo no existe. Ponle a trescientas personas deseándole mal y no hay dónde apoyarlo. Es más: quienes creían que podían hacerlo, si sueltan esa idea, dejan también de sentirse culpables por haber creído que dañaban a alguien. La creencia pesa sobre los dos lados.
En el Curso, a lo que le damos poder desde afuera se le llama ídolo. Puede ser un becerro de oro, un cantante, una persona a la que admiras o una persona a la que temes. Al idolatrar algo pierdo la conexión con mi propia mente, porque le pasé el poder a otro. Cuando alguien me pregunta si esto existe, respondo que en el plano de la ilusión existe todo, pero que en la realidad no existe, y que mientras lo creas real, lo vivirás real. Lo bueno de esto es que, si el poder lo prestaste tú, lo puedes recuperar. Lo digo como una puerta abierta, no como un reto. Para ver cómo se arman estas ideas, puedes leer No cambies tus creencias: deja de vivir sus efectos.
¿Cómo protegerme de la brujería?
Lo primero es entender cómo funciona el miedo en ti. El método de indagación habla de cuatro cuerpos: el espiritual, que es el real; el mental, que es el creador; el energético, donde sentimos las emociones; y el físico, que es esa energía más densa. El orden importa: primero el pensamiento, después la energía y después la materia. Si piensas «me están haciendo daño», tu cuerpo se dispone a defenderse con toda su energía, y eso se siente como tensión, desvelo, peso en el pecho. El efecto es real; la causa está en lo que estás pensando.
Sobre los rituales, no tengo nada en contra. Si prender un palo santo, poner sal en una esquina o encender una vela te tranquiliza, hazlo con cariño: una intención amorosa le hace bien a quien la tiene. Solo observa qué crees que está haciendo ese gesto. Si crees que te escuda de un poder de afuera, sigues dándole poder a lo de afuera. Lo que limpia es la mente, y de eso trato en Limpiar la energía empieza por lo que piensas.
¿Cómo liberarse de una brujería?
Se libera igual que cualquier miedo: se mira y se suelta. No hace falta descubrir quién fue ni pagarle a nadie para que lo quite. Te propongo una práctica corta.
Y si la persona que temes existe y te trata mal, cuídate en lo práctico: aléjate, pon límites, pide ayuda. Retirar el poder de tu mente no te obliga a quedarte cerca de quien te daña.
El miedo se vuelve más liviano cuando lo miras de frente, y eso lo trabajo con más detalle en El miedo no se enfrenta: se mira y se suelta. Lo que queda, cuando sueltas la idea de que algo de afuera manda sobre ti, es una pregunta mejor: ¿a qué quiero amarrarme? Yo suelo decir que el único amarre que vale la pena es amarrarte a Dios, es decir, a la parte de tu mente que no teme.
Si quieres empezar a recuperar el poder que habías puesto afuera, el curso gratuito Vivir en paz interior te lleva a mirar tus creencias con prácticas cortas, para que salgas de él con una forma de calmar el miedo que puedes repetir cada día.

