Lección 201: Repaso, tus hermanos son uno contigo
Terminaste la lección 200, donde viste que no hay más paz que la de Dios, y ahora el libro de ejercicios te cambia el ritmo: en lugar de una idea nueva cada día, te pide volver sobre las que ya recorriste. Esta es la lección 201, el comienzo de un repaso, y conviene entender cómo se hace para no pasarlo por alto.
¿Qué repasa la lección 201?
Como vimos en la introducción, vamos a repasar lección a lección. Cada día trae dos cosas: la lección que se repasa, aquí la 181 y la frase que nos guía a lo largo de todo el ciclo: «No soy un cuerpo, soy libre, pues aún soy tal como Dios me creó». Jesús le suma además un pequeño párrafo iluminador a cada una.
Esos unos 15 minutos, por la mañana y por la noche, tienen que ser espacios donde sientas esa frase y permitas que el maestro que hay en tu interior hable a través de ti. Jesús te dice al final de la introducción que él te ofrece este repaso. Él sabe de lo que habla, y a nosotros nos toca saberlo a través de la práctica.
¿Qué dice hoy «Confío en mis hermanos, que son uno conmigo»?
El repaso de hoy dice que no hay nadie que no sea mi hermano, que he sido bendecido con la unidad que gozo con el universo y con Dios. Te recuerdo que hablamos en términos amplios: todo está hermanado contigo, no solo los humanos. Todo es creación. Pero nosotros, en general, no sufrimos por nuestro perro o por nuestro gato; de hecho, los amamos. Lo que más sufrimos son las relaciones humanas, y por eso ahí está el foco.
Si puedes mirar con una mirada inocente y ver que las personas que están a tu lado tampoco son un cuerpo, que también son libres, tu mirada va a tener un grado de perdón, de compasión y de inocencia realmente milagroso. Empieza a producirse el milagro de ver más allá del cuerpo físico y de recibir al otro desde el corazón. Para profundizar, lee qué es la separación según el Curso.
¿Cómo hacer el repaso de la lección 201?
- Al levantarte, dedica unos 15 minutos a sentir la frase guía y la lección del día.
- Hazte a un lado, como pide el Curso, y no interfieras: deja que el maestro interior hable.
- Durante el día, repite la frase y recuerda que quienes te rodean tampoco son un cuerpo.
- Por la noche, vuelve a dedicar esos minutos a escuchar.
¿Qué cambia cuando te regalas ese tiempo?
Es el momento de empezar a recibir la voz de Dios y escucharla con claridad: ese es el regalo que te haces con todo este repaso. No olvides regalarte esos minutos donde el maestro pueda hablar en tu mente. Hazte a un lado, como te dice el Curso, no te interfieras, y vas a empezar a escuchar. Bendito seas, bendita seas. Estamos en un momento de las lecciones realmente fascinante y muy profundo. Si te cuesta escuchar, mira cómo escuchar tu voz interior. Mañana continuamos con la lección 202, el repaso de la 182.
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