Lección 198: Solo tu condena te hace daño
Una frase que te dijeron hace años. Una decisión de alguien que te afectó. Pasa el tiempo, y cada vez que lo recuerdas se te vuelve a cerrar el pecho. ¿Y si lo que te sigue haciendo daño no es lo que ocurrió, sino la condena que guardas en la mente? Eso es lo que nos muestra la lección 198, que llega después de la lección 197, sobre la gratitud que te ganas.
¿Qué significa «Solo mi propia condenación me hace daño»?
Todos hemos tenido algún momento muy profundo de paz, de alegría o de gratitud. El trabajo con Un Curso de Milagros es despertar a la consistencia de eso: que el instante santo deje de ser algo que viviste una vez y sea una constante en tu mente. Para ello necesitamos entender cómo funciona la mente: por proyección, o como también se dice, por espejo.
Te lo digo de forma muy directa: si puedo culpar, se me puede culpar. Si puedo juzgar al otro, soy pasible de ser juzgado. Si puedo incriminar, tengo miedo de ser incriminado. Es un espejo constante. Y al revés: si reconozco una inocencia total en los demás, reconozco que mi propia mente es inocente, pura, amorosa, divina. Por eso esta lección cambia tu percepción: condena y te vuelves prisionero; perdona y te liberas.
¿Por qué sigo sufriendo por algo que ya pasó?
Suena muy bonito, lo sé, pero esto hay que verlo en la práctica. La lección dice que los efectos de esa condena jamás tuvieron lugar, y ahí está la forma de desarmar la idea de que hubo algo en el pasado que debo seguir sufriendo. Sin embargo, dice también que tendremos que lidiar con ellos por un tiempo, como si hubieran ocurrido, hasta que podamos perdonar por completo.
Quizá algo que te pasó ya lo perdonaste en parte, ya te sientes más aliviado, pero queda un resquicio de culpa. Ese resquicio es el que todavía vives. El Curso tiene una frase espectacular: «las ideas no abandonan su fuente». Tu mente es la fuente de tus ideas, y si guarda rencor o resentimiento, lo vas a experimentar. Si quieres profundizar en esto, te recomiendo cómo soltar el resentimiento.
¿Cómo practicar la lección 198 hoy?
- Fíjate a quién estás condenando o culpando hoy, aunque sea en un pensamiento.
- Perdónalo. Perdonar no significa que el otro vaya a cambiar; significa que tú dejas de crucificarte con esa condena.
- Si queda un resquicio de culpa, no lo fuerces: obsérvalo y vuelve a perdonar.
- Repite durante el día: «Solo mi propia condenación me hace daño; solo mi propio perdón me puede liberar».
Si lo que cargas es muy doloroso, acompáñate también de un profesional de la salud mental; esta práctica no lo reemplaza.
¿Qué cambia cuando perdonas?
El perdón es la herramienta más poderosa del Curso, y la lección lo llama «ilusión» porque, al fin y al cabo, nadie te hizo nada en la eternidad, en la mente de Dios. La condenación solo ocurrió en un momento del tiempo, y al perdonar ese momento queda liberado de tu mente. El perdón es la ilusión que responde a todas las demás: la de separación, la de lucha, la de conflicto. Y es un sueño en el que el Hijo de Dios despierta a su propio ser.
Ese ser lo eres ahora; no hace falta que lo imagines para mañana o para cuando termines las lecciones. No te creaste a ti mismo: tu ser está siendo creado en la mente de Dios, te creas separado o no. Para conocer cómo se practica paso a paso, lee perdonar en tres pasos. Mañana seguimos con la lección 199, No soy un cuerpo, soy libre.
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