Lección 197: Tu gratitud te la das a ti
Cierra los ojos un momento y piensa en alguien a quien le estés agradecido. Puede ser por algo de hace cincuenta años o de ayer. ¿Notas lo que pasa? Esa calidez no está en esa persona: está en ti. Después de la lección 196, donde vimos que la culpa que proyectas recae primero en ti, hoy damos el segundo paso.
¿Qué significa «No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano»?
Esta lección desmonta una idea muy común: que poner el centro en uno mismo parece egoísta. Como si, para sanarme primero a mí antes de hacer grandes actos caritativos en el mundo, yo fuera egoísta. En realidad, el trabajo interno, la sanación, siempre se produce en la propia mente. Y como nuestras mentes, aunque no lo veamos con los ojos del cuerpo, están todas conectadas, cuando algo se sana por dentro, eso afecta desde dentro al resto. Estamos todos sincronizados: puedes pensarlo como una conexión divina e invisible, donde cada cosa que haces repercute en toda la mente. Por eso se dice que tu mente y la de Dios son una, y que todos somos uno. Si quieres ahondar en esa unidad, te servirá entender por qué no eres una mente aparte.
¿Por qué agradecer te libera a ti primero?
Es el segundo paso de lo que vimos en la lección anterior. Ayer veíamos que cada vez que culpo a alguien me estoy castigando a mí mismo, a través de mis propios pensamientos. Ahora, una vez que me libero de la carga que yo mismo me he puesto, aparece el poder de agradecerme. Igual que cuando le gritas a otro la ira la experimentas tú, cuando le agradeces a otro el agradecimiento lo experimentas tú. Ese es también el poder de la bendición. Sobre esa misma lógica, puedes leer por qué al dar también recibimos.
Todo en la mente es interno. Y mientras todavía nos experimentamos como seres divididos, tenemos que ir primero al interior antes de reconocer que lo externo también somos nosotros y que todo está en unidad.
¿Cómo practicar la lección 197 hoy?
Es muy simple de observar. Estos son los pasos:
- Cierra los ojos y agradece a alguien por algo que haya hecho alguna vez en tu vida.
- Siente de manera directa la gratitud en tu interior y nota que ocurre en tu mente.
- Recuerda que tienes que darte las gracias a ti mismo también: la liberación del mundo es el reflejo de la tuya.
- Da las gracias en el momento en que las recibes, sin esperar a que pase el día.
- Si perdonas para volver a atacar después, nota ese ciclo y recuerda que todo te lo estás dando a ti mismo.
¿Qué cambia cuando agradeces así?
Si hoy ves un mundo más armonioso que el que veías hace unos meses, es porque tú te estás liberando. Y si alguien te dice que todo está peor, recuerda que la liberación ocurre siempre en la mente, y siempre estamos proyectando o extendiendo hacia afuera. Por eso es tan importante cerrar los ojos y observar cómo el mundo que hemos creado gira en torno a nuestra mente. Ese es el poder enorme del agradecimiento: puede transformar por completo tu mundo interno.
Esto también explica el perdón del ego: si perdonas, vuelves a pelear y vuelves a perdonar, estás en un ciclo vicioso. Cuando te liberas, eres un ejemplo de liberación para todos los que lleguen a ti, incluso para quienes aún no han nacido, porque tocas a mucha gente que a su vez enseñará: es un efecto mariposa, un efecto infinito. Dios no es un Dios externo: está en tu interior, en tu corazón, y cuando conectas ahí y perdonas ahí, empiezas a abrir puertas y canales del amor incondicional en este mundo físico. Mañana seguimos con la lección 198, donde solo tu propia condenación te hace daño. ¡Gracias, gracias, gracias!
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