Lección 200: No hay más paz que la de Dios
Llevas casi doscientas lecciones y, aun así, hay días en que tu mente vuelve a buscar. Que alguien te dé seguridad, que algo te alivie, que una situación se acomode y por fin puedas respirar. La lección 200 llega justo ahí, después de la lección 199 sobre no ser un cuerpo, y empieza con dos palabras: deja de buscar.
¿Qué significa «No hay más paz que la de Dios»?
Vivimos en una búsqueda externa: quizá algo o alguien me va a dar esa paz. Y cada una de esas búsquedas nos llevó a algún sufrimiento, a un desengaño, a un momento de frustración, porque buscábamos algo en un lugar donde no había nada. Eso es lo que se llama ilusión. Nos ilusionamos con algo externo y perdimos de vista el tesoro que hay en nuestro interior: la paz de Dios.
Por eso esta lección nos invita a perdonar toda esa búsqueda infructuosa. Hoy es un día para centrarnos en cuáles son las ilusiones que todavía tenemos y qué expectativas ponemos afuera que nos llevan a entrar en conflicto.
¿Para qué sirve el perdón si la paz ya está en ti?
Aquí Jesús hace una pregunta hermosa y profunda: ¿cuál es la función del perdón? En el cielo, ninguna. Recuerda que el cielo es un estado mental, una palabra que trata de mostrarnos la total pureza de la mente de Dios y lo que es realmente nuestro hogar. Quien reconoce el cielo ya fue más allá del perdón. El perdón solo tiene sentido cuando estás en el infierno: cuando sufres, cuando buscas venganza, cuando te sientes iracundo, dolido, malinterpretado o angustiado. Ahí es donde entra.
Y para no sentir el mundo como una prisión, hay algo que tener presente: por libre albedrío es que nos sucede lo que nos sucede, y por libre albedrío tienes hoy la oportunidad de dejar de buscar afuera y encontrar la paz que mora en cada uno de nosotros. Puedes profundizar con qué es la paz interior y cómo encontrarla.
¿Cómo practicar la lección 200 hoy?
- Haz una pausa y anota con total honestidad qué persona o qué cosa esperas que te dé paz.
- Reconoce que esa expectativa es un ídolo externo, y todo ídolo es falso.
- Perdona esa búsqueda y todo lo que te hizo sufrir mientras buscabas.
- Siéntate unos minutos y repite: «No hay más paz que la paz de Dios», reconociéndola en tu corazón.
¿Qué cambia cuando dejas de buscar?
Es un día de una profundidad muy hermosa, pero también de mucha honestidad: ver dónde seguimos depositando esperanzas que no pueden cumplir. Cuando las perdonas, el mundo deja de parecer una prisión. La lección dice que la paz es el puente que todos habrán de cruzar para dejar atrás este mundo, que, por lo que yo lo entiendo hoy, es simplemente el mundo del ego. Lo que viene después es cuestión de la gracia de Dios; a ti te toca perdonar los autoengaños y los falsos ídolos para experimentar esa paz.
Guarda estas palabras en el corazón. Y si te sientes agotado de buscar, lee también ¿Por qué no puedo ser feliz?. Ahora vamos hacia el repaso: te espera la lección 201, el repaso de la 181.
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