Lección 202: Repaso, no quiero este pensamiento
Pones la alarma, cierras los ojos, y a los dos minutos tu mente ya está organizando la lista del supermercado. ¿Lo estás haciendo mal? No. Es justo para esto que la lección 201 inició el repaso y que la lección 202 te da una herramienta muy simple.
¿Qué repasa la lección 202?
Aquí repasamos la lección 182 junto con la frase de todo el ciclo: «No soy un cuerpo, soy libre, pues aún soy tal como Dios me creó». Te recuerdo que es para que comiences el día con ella y lo concluyas con ella, y que una vez por hora la tengas presente. Vas a sentir una paz que no es de este mundo, porque te conecta directo con la esencia. Quizá todavía no la comprendas del todo, y no importa. Esa frase te va acompañando mientras el repaso avanza, y cada vez que vuelves a ella entras en contacto con algo que es previo a cualquier pensamiento cotidiano.
¿Qué hago con los pensamientos que no quiero?
Lo que sí podemos comprender a esta altura es que esos pensamientos que en la introducción se llaman triviales, los que no significan nada, no los queremos. Entonces, cada vez que aparezca uno, recuerda la introducción y di: «No quiero este pensamiento; el que quiero es…», y pones la lección del día. Si no la recuerdas, puede ser tu pensamiento de perdón: «Perdona y verás esto de otra forma». No quiero este pensamiento, pero el perdón sé que lo quiero. Ahí se abre una puerta. Si quieres profundizar en el perdón, lee qué es el perdón de verdad.
¿Cómo practicar el repaso de la lección 202?
- Dedica 15 minutos por la mañana y por la noche a centrarte en la frase guía.
- Ponte una alarma: el mensaje puede llegar a los 14 minutos y 30 segundos, y a veces la mente necesita ir bajando y preparándose.
- Silénciate y permítete escuchar, sin forzar nada, pero sin dudar de que va a llegar.
- Durante el día, ante un pensamiento trivial, di «no quiero este pensamiento».
- Una vez por hora, recuerda la frase guía, aunque solo sea un segundo.
¿Qué cambia si escuchas, incluso sin palabras?
La lección que estamos repasando hace una pregunta: ¿por qué habría de elegir quedarme un solo instante más donde no me corresponde estar, cuando Dios mismo me ha dado su voz, que me exhorta a retornar a mi hogar? Ese instante más en el que no debemos estar es en nuestra mente que juzga y condena, la mente del ego.
A medida que escuchas la voz divina, vas sintiendo la apertura. Si ayer no sentiste nada, no la fuerces hoy. A veces habla sin palabras: una paz profunda, una emoción, un llanto; eso también es una manifestación. Permítete ese momento santo y ten presente durante el día la frase guía. Si quieres una guía para esos minutos, lee cómo escuchar al Espíritu Santo. Cada pensamiento que rechazas con claridad es un paso hacia la mente en paz. Mañana seguimos con la lección 203, el repaso de la 183.
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