Lección 182: Baja el escudo, vuelve a casa
¿Por qué hay días en que, con todo en su lugar, sigues sintiéndote un extraño aquí? Puedes cambiar de casa, de ciudad, de trabajo, y el vagar continúa. Esta lección pone el dedo en eso y llega después de la lección 181, donde vimos que nadie te hace nada.
¿Qué significa «Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar»?
Aquí el Curso nos va pidiendo ir más allá de las palabras, porque las palabras, en algún punto, no pueden explicar la profundidad que somos. Quizá ya la viviste por momentos. Como tenemos la necesidad de explicarlo en términos cercanos, así es como esta lección nos llega.
Lo que dice es que puedes construir todas las casas humanas que quieras, pero si no encuentras tu verdadero hogar, sigues sintiéndote perdido y buscando algo que nunca vas a encontrar en el mundo físico. Tu hogar está en la mente de Dios, y no es un hogar físico, porque somos mente y, en términos reales y eternos, seres espirituales.
¿Quién es el Niño del que habla la lección?
Acuérdate de que estamos deshaciendo conceptos: ese es el trabajo de la salvación. Ese Niño no es la imagen distorsionada que tienes de tu infancia, ya fuera dichosa o infeliz. Eso es solo un producto de recuerdos que se fueron distorsionando con el tiempo y generaron una imagen ilusoria; el pasado es ilusorio. Por eso no busques fotos de cuando eras pequeño: es una voz interna, que el texto escribe con mayúscula, la voz de la inocencia, de la impecabilidad y de la fortaleza.
Esa voz está pidiendo por el Padre, por el Creador, y pide volver al hogar. No es mi infancia ni la tuya: es una voz que todos compartimos y que todos recibimos. Es una dulce llamada que espera con paciencia infinita, porque está más allá del tiempo, en un lugar de la mente donde los escudos, los conflictos y las luchas ya han sido depuestos. Para escucharla mejor puedes leer cómo escuchar tu voz interior cuando el ego habla primero.
¿Por qué hay que bajar el escudo?
Porque la fortaleza surge de la falta de defensa, no del poder de la defensa. A veces pensamos que alguien es más fuerte mientras más grande sea su escudo. El Curso te invierte el pensamiento y te dice que eso es locura: cuando bajas el escudo descubres la fortaleza de Dios. Por eso hoy dedicamos tiempo a bajarlo por completo.
¿Cómo practicar la lección 182 hoy?
- Dedica un tiempo y siéntate, sin prisa, con la actitud de quien va a regresar a casa.
- Baja todos los escudos: las defensas, los conflictos y las luchas que cargas.
- Permanece muy quieto un instante y escucha esa voz interna que pide por el Padre y por volver al hogar.
- No busques imágenes de tu infancia ni palabras que lo expliquen: recuerda que las palabras son solo flechas.
- Reconoce detrás de los conceptos humanos a un ser divino que está más allá de cualquier palabra, y recíbelo.
¿Qué cambia, y si no escucho nada?
El final de la lección es de una belleza sublime y te lo regalo: te recuerda que no has perdido tu inocencia, que eso es lo que tu corazón anhela, y que el camino está libre y despejado. Te invito a leerlo despacio en tu libro y gozar de paz por un rato.
Si hoy no oyes ninguna voz, no la fuerces: lo que toca es bajar el escudo, aunque sea un momento. Estamos entrando en una etapa donde vamos más allá de las palabras y nos toca la experiencia directa. Para acompañar la quietud, puedes leer qué es la paz interior y cómo encontrarla. Mañana seguimos con la lección 183, «Invoco el Nombre de Dios y el Mío Propio».
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