Lección 199: No eres un cuerpo, eres libre
Hay lecciones que, al leerlas, parecen sacadas de un libro de ciencia ficción. «No soy un cuerpo» es una de ellas. Y sin embargo, después de la lección 198, donde viste que solo tu condena te hace daño, llega esta, que el propio Curso pide que forme parte de tu práctica diaria.
¿Qué significa «No soy un cuerpo, soy libre»?
La lección dice que no podrás ser libre mientras te percibas como un cuerpo. Y es lógico: el cuerpo es un límite. Piensa en este mismo mensaje: te llega a través de la mente, lo percibe la mente y va más allá del cuerpo de quien lo escribe. La mente no está dentro del cuerpo; puede liberarse cuando deja de verse a sí misma como encerrada en él.
¿Qué es lo que cree estar encerrado?
El ego. Toda tu identificación con el cuerpo, con tus habilidades físicas, con tu forma de expresarte, con tu carácter o con tu personalidad, está anclada en cómo el ego ve que el cuerpo se mueve: si te gusta cómo caminas, si te gusta lo que dices. En última instancia, las palabras son solo puertas, una forma de comunicación. Por eso hay que trascender el apego y la adicción a creer que somos un cuerpo físico.
Y fíjate en lo que dice Jesús: el cuerpo desaparece cuando ya no tienes ninguna necesidad de él, excepto la que el Espíritu Santo ve en él. Es decir, el cuerpo se empieza a percibir como una forma útil para lo que la mente tiene que hacer. Para mí es útil, por ejemplo, para transmitirte este mensaje; para ti pueden ser muchas otras cosas. Ya no es una cárcel: es una herramienta, un vehículo para que el perdón se extienda hasta la meta que debe alcanzar.
¿Cómo practicar la lección 199 hoy?
- Repite varias veces al día: «No soy un cuerpo, soy libre».
- Observa tu mente: es ella quien siente, piensa y experimenta; no el cuerpo por sí mismo.
- Si aparece resistencia, no la combatas: reconoce que es el ego, que se cree encerrado.
- Agradece tu cuerpo y la experiencia física, y ofrécelos al Espíritu Santo para que los use como quiera.
Si esta práctica te produce angustia o confusión, no la fuerces: ve despacio y apóyate en un profesional que te acompañe.
¿Qué cambia cuando te desidentificas?
Te reconoces en un espacio más profundo, más amoroso, que es la misma mente de Dios, y la mente de Dios no vive en cuerpos: está en todo lugar a la vez. Del Espíritu Santo, la lección dice que es el hogar de las mentes que buscan la libertad. Ahí nos unimos, porque la mente se comparte y las ideas que realmente valen son las que pueden extenderse. Y poco a poco reconoces como tuyas las cualidades que le habías adjudicado a Dios: la pureza, el amor incondicional, la gratitud, la bendición, el poder de crear.
Tu cuerpo seguirá teniendo su propósito, pero será útil para el perdón y para el despertar de todos. Si quieres profundizar, lee ¿Quién soy yo realmente?. Mañana nos espera la lección 200, No hay más paz que la de Dios.
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