Miedo a perder a alguien y a perder el control
Ella tarda en contestar y algo se te aprieta en el pecho. Empiezas a armar la película: se cansó de mí, hay otra persona, le pasó algo. Dejas el teléfono, lo vuelves a mirar, y la tarde se te va cuidando que nadie se vaya. Si te reconoces, quiero decirte algo antes que nada: ese miedo es muy humano y no hay nada mal en ti por sentirlo.
¿Por qué me da tanto miedo perder a alguien?
Quien escribe «miedo a perder a alguien» suele escribir después «miedo a perder el control» y «miedo a perderme». Parecen tres miedos y para mí son uno solo. Cuando hay miedo, aparece el control, siempre. Si temo que te vayas, quiero que contestes rápido, que me cuentes dónde estás, que pienses lo que yo necesito que pienses. Lo mismo pasa con los hijos, con los padres, con el trabajo. Detrás del ego hay siempre un intento de acomodar las cosas para quedarse tranquilo, y de ahí salen la inseguridad y la incertidumbre.
Si este miedo se te enciende sobre todo en la pareja, lo explico en apego ansioso y evitativo. Y si sientes que sin esa persona no te sostienes, entra en juego la dependencia emocional. Aquí quiero mirar lo que tienen en común.
¿Por qué controlar no me da tranquilidad?
Porque no se puede. Controlas algo un rato, una respiración, un ejercicio, una pregunta al otro, y después vuelve. Nadie ha logrado controlar de forma permanente sus pensamientos ni sus emociones, y mientras más lo intentas más te frustras, porque ni siquiera a ti te puedes controlar. Mucho menos al otro: no es un muñeco al que se acomoda a tu sistema de pensamiento, tiene su libertad y su propio corazón.
Mira la montaña rusa. Si él hace lo que espero, estoy tranquilo; si no, me desarmo; a la hora vuelvo a estar bien y a la siguiente, otra vez mal. Mi calma queda en manos de lo que el otro haga. La certeza, en cambio, solo la vas a encontrar en tu propio interior, no en algo que haga tu pareja.
Por eso yo no propongo controlar sino soltar. Viene el pensamiento «la voy a perder» y lo suelto, como se suelta cualquier pensamiento: sin pelearlo y sin creérmelo.
¿Se pierde a alguien alguna vez?
Yo hago esta pregunta en voz alta y con mucho respeto: ¿se pierde a alguien? No te pido que respondas rápido. Mira qué es exactamente lo que no quieres perder: su cuerpo en tu casa, su voz, lo que sientes cuando está, la imagen que ella tiene de ti. Casi siempre lo que tememos perder es una forma. Un Curso de Milagros enseña que lo único real es el amor, y que lo real no se puede amenazar. El amor no depende de que el otro conteste en diez minutos ni de que se quede.
Es como tener el plato lleno y tanto miedo de que se vacíe que terminas comiendo rápido y sin sentir el sabor. Quien vive con la pérdida puesta ya está perdiendo a la persona que tiene delante.
Con el miedo a que alguien muera pasa igual. Nadie sabe cuándo se va a ir su madre, ni su hijo, ni él mismo, y no hay bola de cristal. Ahí es donde entran la entrega y la confianza: lo que tenga que ocurrir ocurrirá en su momento, y a ti te toca estar presente mientras tanto. Si es lo que más te asusta, te dejo mi artículo sobre el miedo a la muerte.
Y está el miedo a perderte. Tenemos miedo de perder nuestra individualidad personal, y esa individualidad es una idea que te hiciste de ti: la que gusta, la que resuelve, la que tiene todo en orden. Eso es el ego. Cuando se tambalea sientes que te pierdes, pero fíjate: quien está mirando ese miedo no puede ser a la vez el personaje que lo siente, y esa conciencia que mira no se pierde.
¿Qué hago cuando el miedo llega?
No hace falta nada espectacular, basta con volver al presente. El miedo casi siempre habla de un mes que viene o de una escena que no ocurrió, y ni ese mes ni esa escena existen: tú existes ahora. En esos días me ayuda mucho la lección 244 del Curso, que dice que no corro peligro en ningún lugar del mundo. Repetirla no te cambia la vida, pero te devuelve ahí.
Una advertencia honesta: si el miedo te tiene sin dormir, con el pecho cerrado, o te empuja a controlar de maneras que lastiman a ti o al otro, busca también acompañamiento profesional. Y si estás en una relación donde te controlan o te agreden, primero cuídate y aléjate. Soltar no es quedarse.
Si quieres aprender a soltar el control y a mirar tu miedo sin que te mande, en el curso gratuito Vivir en paz interior te llevas ejercicios sencillos para volver al presente cada vez que el miedo te hable de lo que podrías perder.

