Apego ansioso y evitativo: el miedo a perder
Le escribiste hace una hora y no contesta. Ya armaste tres historias: se cansó, conoció a alguien, dije algo que no debía. O al revés: la otra persona quiere hablar de lo que sienten y tú ya estás buscando la puerta. Dos conductas que parecen opuestas y que duelen igual.
¿Qué es el apego ansioso y el apego evitativo?
Cuando lo buscas, aparecen dos nombres. El apego ansioso es el de quien necesita cercanía constante, confirmar que lo quieren y teme que lo dejen. El evitativo es el de quien se aleja cuando la relación se acerca. Son términos de la psicología y esa teoría no es lo que yo enseño. Lo que sí puedo contarte es qué veo debajo de esas conductas desde lo que enseño sobre el apego: el miedo a perder.
En quien se aferra ese miedo se ve a simple vista. En quien se aleja te propongo una pregunta: ¿y si fuera el mismo miedo con otra conducta, irse antes de que me dejen? Es una pregunta y no un diagnóstico; para mirarla no necesitas ponerte ninguna etiqueta.
¿Qué hay debajo de la ansiedad de perder a alguien?
Toda una cultura nos repite lo mismo: no pierdas el trabajo que tanto te costó, no pierdas la oportunidad, no pierdas a esa persona. Acostumbrados a eso, generamos apego por miedo a perder, y el apego es la mayor herramienta de sufrimiento que tenemos. Además aprendimos que somos medias naranjas: quien no tiene pareja se siente mal por no tenerla, y quien la tiene se siente mal por miedo a perder lo que consiguió.
Cuando dices «te amo» y esperas lo mismo de vuelta, a veces por debajo estás poniendo una cadena entre los dos para que no se separen. Se nota en los ratos en que cada uno va a su trabajo o se queda solo: ahí aparece la soledad que no querías sentir. Yo también tuve que atravesar ese apego y esa angustia por el miedo a perder al otro; no me cambió de un día para otro. Lo que sientes en pareja nace muchas veces de querer que el otro sea de cierta manera.
Si lo que te cuesta soltar es la imagen que te hiciste de esa persona, eso lo trato en Dependencia emocional: lo que cuesta soltar es la imagen. Aquí miro el miedo mismo.
¿En qué se diferencia el amor del apego?
Los confundimos, y por eso hace falta una vara para medir. Esta es la que uso:
- El amor no pide nada; el apego pide todo.
- El amor no se enfada; el apego guarda un enfado latente.
- El amor está para la otra persona; el apego está si ve que puede obtener algo.
- El amor es libre, juguetón y alegre; el apego se toma todo en serio, es dramático y está en lucha.
El apego quiere que el otro esté cuando yo quiero y como aprendí que debe estar. Si no está así, vienen el reproche, la escena y el resentimiento. Mira en tu mente esa relación y nota qué le estás pidiendo.
¿Soltar el apego es alejarse?
No, y aquí se equivocan los dos lados. Soltar el apego no es dejar de tener relación, ni dejar de estar cuando el otro te necesita, ni dejar de responder con cariño o de abrazar. Quien se cierra para no sentir tampoco suelta: se protege. En una charla lo puse así: cada situación es una oportunidad, o reconozco la petición de ayuda de la otra persona, o mi propia petición de ayuda, o me cierro; y si me cierro, sufro.
Cuando el otro me expresa su amor, la salida no es cerrarme sino abrirme: recibir ese amor y darlo a la vez. Eso lo puedes hacer sin cadenas y sin puertas cerradas, y los ojos pueden mirar al otro sin miedo a perderlo.
¿Cómo se suelta el apego, en concreto?
Empieza por observar la relación en tu mente, no en el chat. Fíjate si queda algo latente por perdonar: el resentimiento de que el otro no fue quien querías, más atento, más presente o menos agobiante. De eso hablo en El resentimiento lo pagas tú. Y si la relación ya terminó y sigues atado, mira Todavía lo amas: cómo amar sin querer que vuelva.
Un punto de apoyo que da el Curso de Milagros: relacionarte únicamente con lo que nunca te abandonará. Lo que eres no puede abandonarte ni tú a ello. Puedes dejar una casa, una videollamada, a una persona; no puedes abandonar lo que eres. El apego se afloja cuando dejas de pedirle al otro que sea eso para ti. Si la angustia te desborda, busca también acompañamiento profesional.
Si quieres trabajar lo que quedó por perdonar en esa relación, en el Minicurso El perdón tienes tres audios guiados y tres clases conmigo, con ejercicios gratuitos para hacerlos a tu ritmo.

