Todavía lo amas: cómo amar sin querer que vuelva
Pasas por esa calle, escuchas esa canción, y lo sabes con una claridad que asusta: lo sigues amando. No hay rencor ni plan de volver; simplemente sigue ahí. Y te preguntas si hay algo malo en ti por seguir sintiendo eso, o si lo correcto sería dejar de amar.
¿Es amor lo que sigo sintiendo o es apego?
Quizá sean las dos cosas a la vez, y conviene distinguirlas. Dentro de ti hay amor, pero también puede haber miedo a perder; es lo mismo que les pasa a los padres cuando disfrazan de amor el miedo a perder a sus hijos. Y es posible que, mientras tu boca decía «te amo», por debajo estuvieras tratando de poner una cadena para no separarse. No te lo digo para juzgarte: te lo digo para que puedas mirarte. Esta lista sirve para eso:
El amor no pide nada; el apego pide todo.
El amor no se enfada; el apego siempre tiene un enfado latente.
El amor está siempre para la otra persona; el apego está si ve que puede obtener algo.
El amor es libre, juguetón y alegre; el apego se toma todo muy en serio, es dramático y está en lucha.
El amor está en paz. Y mientras haya apego, el miedo oculta la experiencia del amor: puede parecerte que amas muchísimo, cuando en realidad tienes miedo de perder.
¿Por qué el amor no se posee?
Me gusta explicarlo así: el amor no es propio. ¿Cómo va a ser propio, si amor significa eternidad? Piensa en un manantial: da agua sin parar y no se apega a ninguna de las gotas que caen. Por eso el río nunca es el mismo. Cuando quieres que el río de tu vida sea siempre el mismo —la misma rutina, el mismo olor, la misma voz— es cuando aparece el miedo a perderlo.
Algo parecido pasa con dos personas. Una luz llega a los rincones de una habitación; con dos luces hay más luz, pero ninguna necesita a la otra para iluminar. Cuando una pareja se encuentra desde ahí, se encuentra para compartir lo que cada uno ya es, no para completarse. Por eso a veces duele tanto una separación: no porque el amor se haya acabado, sino porque la relación sostenía algo que creíamos necesitar. Si quieres profundizar en cómo se sueltan las imágenes que armamos del otro, lo cuento en cómo se suelta la imagen que armamos del otro; y por qué creemos que dos personas se separan, en qué es la separación según Un Curso de Milagros.
¿Cómo se ama a alguien sin querer que vuelva?
Suelta la espera. La palabra esperanza viene de esperar, y lo que solemos esperar es que el otro cambie o sea quien queremos. Pregúntate qué estás esperando exactamente.
No esperes nada de una relación. Para mí, lo más importante para vivir una relación santa es no esperar absolutamente nada. Mientras deseemos algo que no sea la verdad, seguimos en un juego ilusorio; bájate de la película de cuento de hadas. Cuando lo sueltas, ahí puedes experimentar el amor incondicional.
Cambia dependencia por interdependencia. Nos necesitamos entre nosotros, vivimos en sociedad, pero no a través de la dependencia. Cierra los ojos y observa la imagen que tienes de esa persona: el apego no era hacia ella, sino hacia la imagen que generaste. Cuando ves sin imágenes, puedes verla con pureza y con amor verdadero.
Honra lo que hay ahora. Querer estar con alguien que no está en tu experiencia física es negar tu presente, y presente y regalo son sinónimos en español. Eso no significa que no vayan a encontrarse otra vez. Significa que tu vida no queda en pausa mientras tanto.
¿Y si aun así duele demasiado?
Que duela no significa que lo estés haciendo mal: significa que todavía hay una parte de ti que cree que perdió algo. Mírala con paciencia, que es una de las cualidades del maestro, y pide ayuda a quien te acompañe; aprender a pedir ayuda cuando la necesitas es un gran paso. Si el dolor es tan fuerte que te impide dormir, comer o seguir con tu vida, busca también acompañamiento profesional.
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