Miedo a la muerte: qué temes perder
Son las tres de la mañana, la casa en silencio, y te cae de golpe la idea: un día voy a dejar de existir. El pecho se aprieta, te sientas en la cama y por un rato no hay nada más. Por la mañana vuelves a tu vida, pero la idea se queda ahí, como una piedra en el zapato.
Si te pasa, no tienes nada raro. Es el miedo más común, y en mis clases lo he dicho muchas veces: todo miedo, en última instancia, remite a este. Una aclaración antes de seguir: lo que comparto viene de Un Curso de Milagros y de la indagación. No es terapia ni un tratamiento.
¿De qué tienes miedo cuando temes morir?
Mira con calma. Todos los cuerpos mueren, y ningún miedo ha cambiado eso. Entonces, ¿qué es lo que no quieres que termine?
Lo que enseña el Curso es que, en última instancia, el miedo es el miedo del ego a la aniquilación de lo que cree ser, de su sentido de identidad. El ego se identifica con el cuerpo, y para él el cuerpo es todo lo que hay. Por eso, cuando dices «tengo miedo a morir», lo que temes es que muera tu imagen: la que tienes de ti, de tus hijos, de tu historia. Y eso que quieres que no muera es una imagen, y las imágenes se caen.
Hay vidas de maestros antiguos que sabían que no eran el cuerpo. Cuando se acercaba la muerte les daba igual, porque no la veían como una amenaza. Eso no se consigue a la fuerza; sale de ver quién eres. Si quieres mirar cómo funciona el miedo en general, lo cuento en El miedo no se enfrenta: se mira y se suelta. Aquí me quedo con este.
¿Quién te enseñó que ibas a morir?
Haz memoria. Un niño pequeño juega sin cargar con la idea de que la muerte es inevitable, porque nadie se la ha enseñado todavía. Por eso tanta gente añora esa edad: aún no llevaba esa idea encima.
Imagina ahora a alguien que vive noventa años y pasa ochenta con miedo por una idea que aprendió un día. Fíjate cuál fue tu primer momento: ¿cuándo supiste que ibas a morir? Desde ahí empezaste a organizar tu vida alrededor de eso. Aferrarte al cuerpo como si fueras tú es firmar un contrato de sufrimiento para toda la vida.
Una idea aprendida se puede mirar. No tienes que creerme: obsérvalo en tu mente.
¿Entonces la muerte no existe?
Esto es lo que yo enseño: tu cuerpo va a morir, y el mío también. Cuídalo, que es una herramienta valiosa en este mundo. Pero tú no eres el cuerpo. Temporalmente estás en él, y lo que eres no tiene principio ni fin. El Curso te dice que no estás en peligro: el que está en peligro es el ego.
Yo te pregunto: si pudieras asentar en tu corazón la eternidad, ¿cómo te sentirías? Casi todos los problemas tienen que ver con el tiempo, con lo que pasó o con lo que temo que pase, y casi ninguno con lo eterno.
Una alumna vino a un retiro y me entregó una carta de su hija, de once o doce años, que escuchaba las clases de refilón. Me daba las gracias porque había entendido que la muerte no existe, o había perdido el miedo a la muerte. Te lo cuento porque esa niña no tenía décadas de estudio encima.
No te voy a describir lo que viene después como si lo hubiera visto, y tampoco te digo que yo no sienta miedo ante la muerte del cuerpo: seguimos despertando todos. Lo que sí puedes mirar hoy es quién eres debajo de cada pensamiento; empieza por quién soy yo. Si lo que te duele es que alguien murió, eso es otra cosa, y lo trato en Cuando alguien que amas muere: qué hacer con el dolor.
¿Cómo se trabaja el miedo a morir?
Con una indagación sencilla, sin filosofía. Una vez la hicimos en un encuentro: observa la palabra «muerte». Repítela, muerte, muerte, muerte, y mira qué pasa. En un momento deja de tener sentido. Son sonidos nada más, y cuando desarmas el sonido, la palabra no significa nada. Lo que queda es lo que tu mente le había pegado: recuerdos, una escena, una emoción.
Ahora pregúntate si eso lo estás viviendo en este instante. Si no lo estás experimentando ahora, no es nada. Si lo estás experimentando, ahí hay un vínculo entre un pensamiento y tu mente, y ese vínculo sí se puede observar.
Si el miedo es tan fuerte que te paraliza, te quita el sueño o te trae ataques de pánico, busca también acompañamiento profesional. Pedir ayuda también es cuidarte.
En el seminario gratuito La nueva consciencia humana, grabado en Monterrey, practicas la indagación paso a paso y miras el estado de separación desde el que nace el miedo, para que puedas observarlo en tu propia mente.

