Cuando alguien que amas muere: qué hacer con el dolor
Cuando mi última abuela estaba por dejar el cuerpo, llegué al sanatorio y había familiares llorando. Nadie nos enseñó otra cosa: «se está muriendo, se me va a morir». Y justo ahí aparece una pregunta que casi nunca nos animamos a hacer en voz alta: ¿qué es lo que se muere? ¿Quiénes somos?
Antes de seguir, algo importante: no voy a prometerte que esto te cure ni que el dolor se vaya pronto. Te comparto lo que enseño desde Un Curso de Milagros, para que lo mires con calma y a tu ritmo.
¿Qué hago con la tristeza cuando alguien murió?
Una alumna me preguntó, después de la muerte de su perro, que la acompañó diez años. Decía: «no es que se me haya partido una uña». Lo que sentía venía en oleadas, y no lograba hacer ninguna práctica. A cualquiera que ha perdido a alguien le puede pasar. No hace falta exigirse nada.
Lo que yo le respondí fue lo siguiente: la tristeza aparece porque pensamos que perdimos algo, pero lo que somos no se puede perder. Puedes perder el cuerpo del otro, pero no la conexión que tienes con él; puedes incluso perder el tuyo y no dejar de existir. Y la práctica más sencilla es esta: mientras lees, nota que existes. ¿Hace falta algún pensamiento para eso? Ese ser que existe no depende de lo que piensas. Si quieres seguir mirando quién eres tú debajo de cada pensamiento, empieza por quién soy yo realmente.
¿Qué es lo que extraño de verdad?
Supón que muere tu madre y la recuerdas una y otra vez. Lo que traes al presente es la imagen que tienes de ella, no a ella; ella nunca abandonó el presente. Otras veces lo he dicho de esta manera: lo que extrañas es tener un cuerpo al lado, no al ser, que nunca te abandonó. Eso no quita que extrañar un abrazo, una voz o una mesa servida sea doloroso y real. Te lo digo para abrir un poco de espacio, no para negar lo que sientes.
Cuando Jesús enseñó la resurrección, no quería mostrar que un cuerpo resucita: quería mostrar que la muerte no existe. Es una frase fuerte para quien acaba de perder a alguien, y no te pido que la aceptes hoy. No me creas: pruébala, a tu tiempo, y quédate con lo que puedas.
Soltar no es olvidar. Si quieres ver cómo se vive un recuerdo sin quedar atrapado en él, lo desarrollo en cómo soltar el pasado.
¿Y si siento culpa por lo que dije o por lo que no hice?
La culpa suele llegar con el duelo: «debería haberle hablado de otra forma, se enojó». Lo que yo enseño es que nosotros somos el ser que existe, y ese ser no depende de lo que pensamos ni de lo que dijimos aquel día. Mira ese pensamiento sin pelearte con él. Si quieres entender de dónde viene la culpa, lo explico en cómo soltar la culpa.
¿Qué puedo hacer hoy, y cómo acompañar a otros?
Con quien está de duelo, a veces no hacen falta palabras: tomarle la mano, escucharla y darle un beso en la frente, y ya. No tienes que convencerla de nada, ni que crea en Dios; basta con conectar con ella.
Si tienes que decidir qué hacer con el cuerpo —entierro, cremación, un ritual—, haz lo que esa persona eligió. En sí da igual lo que se haga; el valor es el que cada uno le da, y si tu religión dice una cosa y no se cumple, te vas a sentir mal. Por eso conviene respetar lo que esa persona quería.
No hay un calendario obligatorio. Hay tradiciones que fijan un tiempo de luto; a mí me parece que, cuando llegue ese momento, también se puede recordar a quien se fue con amor y meditar en su luz. No hace falta forzarlo antes de tiempo.
Si el dolor te impide dormir, comer o seguir con tu vida, busca también acompañamiento profesional: no es un fracaso, es cuidarte.
Míralo gratis en Guía TV: la serie «Sanar el pasado» te acompaña en cuatro charlas —el pasado, el futuro, el presente y el instante— a mirar un recuerdo sin quedar atrapado en él. Ver la serie «Sanar el pasado».


