Una pregunta para dejar de creerle a tu mente
¿Qué es la indagación?
La indagación es una práctica que, en el plano más profundo, sirve para identificar quién piensa dentro de la mente. Lo que enseñan los maestros es que todo lo que existe es parte del yo universal, del yo soy: no del yo individual, sino del yo universal, el yo consciencial, lo que algunos llaman la conciencia cósmica. Ese yo se expresa a través de la individualidad, y en ti, ahora, hay un yo.
Después de miles de años de estar dormidos, hubo maestros que empezaron a identificar que el yo individual es una ilusión: que ese yo que pensaba en su propia mente no existía. Lo hicieron no sólo a través de la reflexión, sino sobre todo a través de la observación. Ese yo individual es lo que podemos traducir por ego.
Uno de esos maestros fue Ramana Maharshi, que tuvo un despertar de conciencia a los quince o dieciséis años y se fue a vivir al monte Arunachala, en India. Cuando le preguntaron cómo definiría en una palabra el proceso que enseñaba, habló de indagación. Lo que comparto acá está alineado con la práctica que él daba, y en el método de indagación lo llamamos indagación avanzada.
Todos los seres humanos usan la palabra yo todo el tiempo: me gusta tal cosa, quiero tal cosa, pensé tal cosa, siento tal cosa. Siempre está el yo detrás. Lo que explica este maestro es que ese yo que está detrás es una ilusión, y existe solamente porque lo estamos construyendo de manera constante a través del pensamiento.
Cada vez que piensas y dices yo, lo estás construyendo. Es como un actor que cada vez que sale a escena recrea el personaje que tiene que recrear: tiene un guion, lo va siguiendo y lo recrea durante una, dos, diez temporadas. Nosotros, habitualmente, sostenemos esa serie toda la vida, hasta que hay un despertar de conciencia.
Si cada uno observa con detenimiento, que es el trabajo de la autoobservación, va a ver que los pensamientos aparecen solos y sin su consentimiento. No eliges ningún pensamiento. Así como no decides nada de lo que ocurre en el cuerpo físico, que está en automático, el pensamiento también está en automático, y ese yo con el que nos hemos condicionado también.
¿Por qué no se puede llegar a lo espiritual pensando?
Hay un truco que es muy importante que detectes en tu mente: siempre que pienses sobre el plano espiritual, es una trampa. Por algo simple: el plano mental con el que estamos pensando está por debajo, en escalafón vibratorio, del plano espiritual, y un plano inferior no puede entender un plano superior.
El cuerpo físico existe en la medida en que hay movimiento energético; el cuerpo energético es el que modifica el cuerpo físico; la mente es la que dirige, intenciona y mueve la energía; y el cuerpo mental sale del espíritu, o de lo que podemos llamar Dios o el ser infinito. Así como el cuerpo no puede entender la energía porque es más denso, la mente no puede entender el espíritu porque es más densa. En el método de indagación a esto se le llama densificación.
Hoy está muy expandida, entre las personas que están en un camino de despertar, la ilusión de intentar entender lógicamente, a través del pensamiento, el plano espiritual. Y vas a fracasar todas las veces. Ramana Maharshi usa una metáfora para esto:
El intento de destruir el ego o la mente a través de prácticas espirituales diferentes a la autoindagación es como que el ladrón pretenda ser el policía para atrapar al ladrón, o sea, a sí mismo.
— Ramana Maharshi, The Teachings of Sri Ramana Maharshi
Eso ocurre cuando intentamos alcanzar el plano espiritual desde el pensamiento. Por eso el desafío más grande que tenemos al principio no es pensar mejor, sino poder cortar el hilo del pensamiento.
Cómo hacer la práctica: ¿quién es el yo que piensa?
Ramana te dice: indaga quién es el yo que habla. Porque debajo de ese yo está el yo universal, que no puede ser explicado con pensamientos ni puesto en palabras.
Nuestra labor es observar, en cada pensamiento, quién es el yo que está pensando. Cuando digo «mañana tengo que hacer tal cosa» o «me dijo tal cosa y no me gustó»: cada vez que aparece un pensamiento, ¿quién es ese yo? Hasta no poder hacer ese trabajo de ir al origen del pensamiento, que es el yo a través del cual creo estar pensando, todo eso está en automático.
- Lo puedes hacer donde sea que estés; no hace falta una postura en especial. Recomiendo cerrar los ojos, aunque también se puede hacer con los ojos abiertos.
- Al principio, pónganse una alarma de cinco minutos y, en esos cinco minutos, relajadamente, ante cada pensamiento: ¿quién es el yo que piensa?
- No le des lugar a ningún otro pensamiento que no sea «¿quién es el yo que piensa?». En esta práctica está prohibido hilar pensamiento con pensamiento.
- Al principio lo puedes pensar; después ni siquiera hace falta: aparece un pensamiento y observas.
- No discrimines. Como dice Un Curso de Milagros cuando plantea las lecciones, va a haber pensamientos que no vas a querer observar y otros que te va a resultar fácil observar: obsérvalos a todos por igual.
Un error que uno puede cometer cuando llega a entender en el plano mental es quedarse en «ah, estoy juzgando». ¿Y quién es el yo que dice «estoy juzgando»? ¿Quién es el yo que se recrimina por lo que piensa? El trabajo es observar el pensamiento que aparece y observar quién es el yo que lo piensa. Cuando puedes observar el yo que lo piensa, el origen de donde sale, el pensamiento desaparece, sea el que sea.
Si aparece «ah, volví a pensar esto», ¿quién es el yo que dice «volví a pensar esto»? No se trata de ordenar el hilo ni de desenredarlo: se trata de cortarlo. El pensamiento surge de la nada y, cuando pasa, vuelve a la nada. Esa nada es el origen. Observando cómo surge y cómo desaparece, ahí vas a reconocer el origen.
¿Por qué no preguntarse «quién soy yo»?
No es «¿quién soy yo?», es «¿quién es el yo que piensa?», por una razón muy simple: si tú te preguntas quién eres, te vas a dar una respuesta, y el problema no está en la pregunta, está en la respuesta que te vas a dar. Puede parecer muy sutil, pero no lo es.
Todas las preguntas que hacemos dan por supuesta una respuesta. Son pocas las veces que preguntamos realmente con curiosidad de no saber; en general, cuando uno pregunta, ya tiene en su mente una respuesta y quiere ver si la confirma. Las preguntas de indagación no buscan una respuesta: buscan un estado de observación.
La gran pregunta de la indagación, quién soy, es de alguna manera una pregunta sin respuesta, porque todas las respuestas van a ser falsas. Incluso decir «yo soy Dios» o «yo soy el que soy» no es más que otra frase hecha. Por eso, cuando hagas esta práctica, ve más allá de las frases hechas espirituales: lo único que hacen es disfrazar al ladrón de policía para que se persiga a sí mismo. Y ahí es cuando el ego dice «ah, lo entendí, lo conseguí». ¿Qué puedes entender, si esto está más allá de la comprensión?
Concentración y firme determinación
Para esto hace falta mucha, mucha concentración. Por eso los maestros antiguos del yoga dieron prácticas de concentración. Antes de dedicarme a lo espiritual estuve muchos años dedicado a la música, estudiando violín, que requiere un nivel de concentración impresionante.
Al principio, como dice Un Curso de Milagros, puede ser un esfuerzo: tu mente se distrae. En el budismo se habla de firme determinación: tienes que poner tu voluntad, porque la mente va a tender a irse con los pajaritos a volar para otro lado. Ahí es donde tienes que volver, y volver, y volver, y no dejar que la mente vuelva al automático, porque ahí es donde el yo se activa, vuelve la identificación con el ego y vuelves otra vez a la película.
Observo sin sacar conclusiones. Cuando aparece otro pensamiento: ¿quién es el yo? Van a ver cómo ahí se está desprogramando la ilusión del pensamiento hilado del ego: parece que lo que piensa el ego está conectado, cuando en realidad está todo fragmentado.
Acá no ganas nada, y ésa es la buena noticia
¿Cuál es el problema que tenemos con esta práctica? Que no ganamos nada, y para el ego todo es ganar o perder. Uno medita para ganar paz, hace tal práctica para soltar. Acá no ganas nada. Es más: mientras el ego esté activo, parece que estás perdiendo algo, porque estás perdiendo tu identidad. Pero la buena noticia es que esa identidad no existe.
El mayor peligro de la espiritualidad es que uno al principio la usa para fortalecer el ego, no para disolverlo. Un maestro ayuda al alumno a disolver el ego, no a fortalecerlo. No te está destruyendo a ti: está destruyendo lo que tú crees que eres, y eso que crees que eres es lo que te genera sufrimiento, la ilusión de estar separado.
Incluso aunque no lo entiendas, si lo vas practicando, van a ir apareciendo luces de comprensión. Acá no hay nada que lograr ni ningún lugar al que llegar: es solamente ver lo real. Y si aparece el pensamiento «ah, estoy viendo lo real», ¿quién es el yo que ve lo real? Como dice Ramana Maharshi, tienes que seguir con el trabajo de indagación hasta que no haya nadie para indagar, hasta que desaparezca el indagador mismo.

