Ataque de pánico: qué hacer cuando llega
El corazón se dispara, sientes que te falta el aire, las manos no te responden y una voz te dice «me voy a morir» o «me estoy volviendo loco». A los pocos minutos baja, y quedan el cansancio y el miedo de que vuelva a pasar. Si estás leyendo esto en medio de uno, empieza por el primer apartado y vuelve después al resto.
Antes de seguir, y va en serio: si es la primera vez que te pasa, o si tienes dolor en el pecho, falta de aire fuerte u otros síntomas físicos intensos, consulta a un médico. Que algo sea pánico lo decide un profesional. Lo que sigue no reemplaza a un médico ni a un psicólogo.
¿Qué hago en el momento de un ataque de pánico?
Hay una distinción que ordena mucho: la taquicardia es una cosa y el miedo es otra. La taquicardia es una sensación física, y puedes observarla. El miedo es la idea de lo que ella puede significar: «me va a pasar algo». Primero ubica dónde está la sensación y mírala con atención, como quien saborea algo despacio. Sin esperar que baje. Si no baja, sigues mirando.
Nadie puede firmarte que no vas a volver a sentir tal cosa. Si el sentir aparece, hay que sentirlo, y casi nadie sabe qué hacer con él, porque nos abruma. Por eso se entrena: conviene practicar con sensaciones pequeñas, cuando no hay ataque, para que en el momento difícil no sea la primera vez que miras lo que sientes.
Después, dónde pones la atención. Yo puedo ponerla en el sabor del mate, en las caras que veo, en cómo apoyan mis pies sobre el piso o en el silencio. Según dónde la ponga es la experiencia que tengo. Para otros pasos que puedes hacer ahora mismo, mira cómo calmar la ansiedad en 4 pasos.
¿Por qué el miedo al miedo hace crecer el ataque?
Porque la ansiedad mira hacia el futuro. Nuestra mente aprende todo el tiempo de lo que piensa: una idea que se piensa una y otra vez, de formas parecidas, crece como una bola de nieve que baja por la montaña hasta volverse enorme. «¿Y si me vuelve a pasar?» es justo esa idea. Cada vez que la piensas la reaprendes. Mucha gente vive preocupada por lo que le pueda pasar al cuerpo, y ese temor alimenta la bola con cada latido que se nota.
En el Curso, interrumpir esa bola de nieve se llama perdón, y el proceso que ayuda a ver qué idea la sostiene es la indagación. Algo que se mira con atención deja de empujar. Aquí escribí sobre cómo mirar el miedo sin pelearte con él.
¿Qué hay debajo de un ataque de pánico?
No te voy a dar una causa, porque yo no curo ataques de pánico y no conozco tu historia. Te cuento lo que he visto. Una persona me escribió que no podía ni conversar con otros. Cuando alguien no puede hablar con los demás, suele haber miedo a lo que el otro piensa, a que lo juzgue, a lo que opine. Es una idea aprendida, y lo aprendido puede soltarse.
Algunos alumnos entraron con crisis de pánico y se les fueron yendo con el trabajo interior paso a paso. Lo cuento porque pasa, no como promesa. Y a muchos les hizo falta llegar a un punto en que no daban más para decir «hasta aquí» y empezar a hacerse preguntas.
El Curso compara estos miedos con el payaso que sale de una caja: la primera vez asusta, a la tercera o cuarta te ríes porque ya conoces el juego. Eso se aprende mirando de cerca cómo se mueve tu mente, que es lo que explico en este artículo sobre la mente alerta.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Cuando el sufrimiento es muy fuerte, se repite, te impide vivir o tiene síntomas en el cuerpo. El camino interior va además de la ayuda profesional, no en su lugar. Pedir ayuda no contradice nada de lo que te cuento: un buen acompañamiento profesional y este trabajo de mirar tu mente se suman, y puedes hacer los dos a la vez. Si estás en tratamiento o tomando medicación, sigue con eso y habla con quien te la indicó antes de cambiar nada. Si piensas en hacerte daño, pide ayuda ahora mismo a alguien cercano o a un servicio de emergencias de tu país.
En el curso gratuito Vivir en paz interior te llevas una forma de entender cómo se arma el miedo en tu mente y de mirarlo con calma, a tu ritmo.

