Decretos de prosperidad: antes, mira quién decreta
Te sabes la frase de memoria: «soy próspero, el dinero fluye hacia mí». La dices frente al espejo, la anotas en el cuaderno, la dejas de fondo en el celular. Y el día quince abres la aplicación del banco con el mismo nudo en el estómago de siempre. Entonces llega la duda que casi nadie dice en voz alta: ¿estoy haciendo mal el decreto, o el decreto no hace lo que prometen?
¿Qué es un decreto de prosperidad y por qué se usa tanto?
Un decreto es una frase dicha en afirmativo y en presente, como si ya fuera un hecho: «tengo abundancia», «el dinero llega fácil a mi vida». Se repite cada día, en voz alta o por escrito, con la idea de que la mente se acostumbre a esa realidad y la traiga. Se busca tanto porque es concreto, cabe en un minuto y da la sensación de estar haciendo algo por tu situación.
Y hay algo cierto debajo, que no conviene tirar: la palabra tiene poder. Lo que dices acompaña lo que piensas, y lo que piensas ordena lo que ves y lo que eliges. Yo mismo trabajo con frases y declaraciones. La pregunta es qué hay detrás de la frase.
¿Funciona repetir un decreto?
Cuando me preguntan si los decretos sirven, devuelvo la pregunta: si decretas que vas a tener un Mercedes Benz, ¿qué estás decretando? Buscamos la felicidad en los objetos, y por eso decretamos objetos. Hay gente que se dedica a hacer decretos, y eso no significa que después no tenga lo que pidió. Pero da lo mismo: el objeto llegó o no llegó, y tú sigues siendo la misma persona que lo esperaba.
La otra pregunta es más incómoda: ¿quién decreta? Si dices «soy próspero» desde el miedo a no llegar a fin de mes, quien habla es esa parte tuya que se siente en falta y quiere taparla con una frase bonita. Debajo de los conceptos que aprendiste sobre el dinero, ¿qué quieres tú? Te lo digo para que lo cuestiones todo, no para que dejes de hacerlo. Pon la atención en tu forma de pensar y mira qué aparece.
La ley de atracción no responde a las palabras sino a la vibración que las generó. Por eso hay quien repite el decreto mil veces desde la vibración de quien se siente pobre y víctima, y no pasa nada. Tampoco sirve fingir: gastar todo el sueldo en un día para «actuar como abundante» y ver si llega más. No funciona así, porque no es una ley de control ni de manipulación. No vas a pensar una cifra hasta que alguien la deposite en tu cuenta.
¿Y entonces qué decretar?
Decreta lo que ya estás eligiendo ver. Tú decretas tu realidad todo el tiempo, aunque no lo notes: si piensas que alguien te traicionó, lo vas a vivir así; si eliges ver la luz en esa persona, vas a ver la luz. Con el dinero pasa igual. Si cada vez que abres la cuenta te dices «me falta», estás eligiendo mirar la falta.
Por eso, cuando trabajo con una frase, la dejo corta y sobre lo que eres, no sobre lo que vas a recibir. La dices despacio, te quedas en una sola palabra, la sientes. La palabra funciona como una flecha que apunta a tu centro. Una frase así sí te sirve, porque no depende de que el mundo coopere esta semana.
¿Qué es la prosperidad si no es lo que marca tu cuenta?
Mira lo que haces con un número. Abres el celular, ves una cifra y, según cuál sea, te tranquilizas o te hundes. Ese número ni siquiera es dinero que puedas tocar, y aun así le entregas tu estado de ánimo. Hay personas con mucho dinero que viven con miedo a perderlo y personas con poco que duermen en calma. No digo que el dinero esté mal; digo que no tiene que ver con la abundancia. Si llega, agradécelo, pero no lo confundas con ella.
La escasez es mental, porque en el espíritu ya eres abundante: lo que descubres al despertar es que nunca faltó nada. Eso lo desarrollo en la abundancia que no se puede perder y en la mentalidad de abundancia, y no quiero repetirlo aquí. Lo que sí te propongo es una práctica para esta semana: da abundancia, de lo que tengas, y fíjate qué ocurre.
Nada de esto significa que te quedes quieto con tu economía. Aprender cómo funciona el dinero y cómo se vende lo que haces es parte del camino. La satisfacción te la da el amor con que lo haces, más que la cifra que cobras. Si quieres ver cómo se crea algo sin forzarlo, lee 3 claves para manifestar lo que deseas sin forzar.
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