Lo que enseñas, lo aprendes
Los que se han curado curan
El Curso de Milagros dice que los que se han curado se convierten en los instrumentos de la curación, y que no transcurre tiempo alguno entre el instante en que son curados y aquel en que les es dada toda la gracia de curación para que ellos a su vez la den. Hay un punto en el Curso en que te dice: comienza tu ministerio. Una vez que reconoces de dónde vienes y lo vas liberando, empieza ese ministerio, que a nivel simbólico es el proceso en el que vas despertando al maestro interno y pasas al ejercicio de la enseñanza. Como algo natural: más o menos estructurado, acá o allá, virtual o presencial.
Lo que das, lo recibes
Esto implica algo bastante interesante: hay un punto en que reconocemos que lo que damos lo recibimos de manera simultánea. No hay distancia entre el dar y el recibir. Todavía estamos en una matriz de tiempo donde parece que hago cosas ahora para recibir los frutos mañana. Si escribes un diario de tu camino de sanación, dentro de un año vas a sentir que hubo todo un avance. Pero en términos espirituales, lo que ahora te abres a recibir lo recibes de manera inmediata.
Por eso sanarme y sanar es uno, ayudar y ayudarme es uno. Si yo te ayudo a ti, me estoy ayudando a mí; si me ayudo a mí, te voy a ayudar a ti. Y si suelto mis pensamientos de egoísmo, de miedo y de juicio, cuando me encuentre con alguien, ¿qué le voy a dar? Una mente liberada.
Tu ministerio empieza adentro
El Curso dice que tu ministerio comienza a medida que todos tus pensamientos se van purificando. Tendemos a creer que la enseñanza ocurre cuando estoy enseñando, pero estamos todo el tiempo en este acto de sanación. Después lo vas a ver reflejado en alguien, pero el trabajo más profundo no es con otro: es siempre interior. No hay nada que no sea interior.
Por qué hay que enseñar para aprender
El mensaje de todo maestro es siempre el mismo, y cada uno lo enseña y lo aprende de modo diferente. Pero el Curso dice que, hasta que no lo enseñe y lo aprenda, tendrá la vaga conciencia de que no está llevando a cabo su verdadera función. Sin animarnos a eso, nos quedamos en un punto donde algo nos está faltando: no estoy haciendo lo que vine a hacer.
Por eso te dice que aprender y enseñar son los mayores recursos de que dispones ahora, porque te permiten cambiar de mentalidad y ayudar a otros a hacer lo mismo. Es como un efecto dominó: una ficha golpea a la otra, y al final todas terminan cayendo, pero todo empezó con una. El simple hecho de hablar con otros ya empieza a generar ese cambio, así que estamos enseñando todo el tiempo. Y algunos tienen que dedicarse de manera más profunda, a una enseñanza estructurada, porque esto no se entiende en una charla suelta de café: requiere práctica, lectura y comprensión. El milagro induce a la acción: cuando vives un cambio de conciencia, te lleva a hacer algo.
No eres tú el que enseña
La buena noticia es que no vas a ser tú el que lo enseñe. Ahí puedes relajarte. Va a haber una voz que va a enseñar a través de ti, que es tu voz y no es tu voz, porque existimos como parte de algo más grande. El Curso la llama la Voz que habla por Dios, el Espíritu Santo. Y te dice: hazte a un lado. Correrte significa abrir el canal y no entretenerte en si lo voy a decir o no, si está bien o está mal, si me estarán entendiendo. Deja que la información te atraviese. Lo que empieza a salir a través de ti es algo que no conocías, y lo entiendes porque lo estás enseñando: al enseñar, lo aprendes.
Un buen maestro clarifica sus propias ideas y las refuerza al enseñarlas. En el proceso de aprendizaje tanto el maestro como el alumno están a la par.
— Un Curso de Milagros
Tus alumnos ya te están buscando
El Manual para el maestro dice que a cada uno de los maestros de Dios le han sido asignados ciertos alumnos, que comenzarán a buscarle tan pronto como él haya contestado la llamada. Hay personas que van a aprender de ti y solo de ti. No hace falta que te lo digan ni que te manden un WhatsApp: tú ya sabes qué función tienes que hacer. Lo importante es desbloquear los miedos, las creencias y las trabas. Quizás crees que alguien está cerrado, le hablas, y era justo lo que necesitaba escuchar. Puede ser tu primo, tu cuñado, quien sea.
Si quieres empezar a sentir esa confianza, primero haz los ejercicios y lee el libro. Pero después guía meditaciones: no una meditación estructurada que copias, sino una meditación vacía, en estado de no mente, donde dejas que hable. Ahí entiendes que eso que venías escuchando en otros es el mensaje que tú tienes que dar.


