Tu propósito en la vida no es lo que crees
En todos los años que llevas de vida, ¿cuántas personas te preguntaron cuál es tu propósito? Casi nadie lo hace: no se estudia, no se aprende, no es una pregunta que nos hagamos a los doce ni a los dieciocho. Para mí fue tomando cada vez más importancia, hasta parecerme prácticamente obligatoria en cualquier camino real de autoconocimiento.
¿Qué es el propósito?
El propósito es lo que tú tienes que hacer en este mundo. Y cuando no lo estás llevando a cabo aparece una sensación de incomodidad. Esa sensación puede ser egoica, pero hay algo que te dice que falta algo: «Voy, pero esto no es».
Los seres humanos estamos tan acostumbrados a estar desconectados del propósito que casi nadie se lo pregunta. En todos los años que tienes de vida, ¿cuántas personas te preguntaron cuál es tu propósito en esta vida? No se estudia, no se aprende, no es una pregunta que nos hagamos a los 12 o 13 años, ni a los 17 o 18. Estamos configurados para la supervivencia, y lo que realmente venimos a hacer lo dejamos para cuando la supervivencia esté resuelta, o ni siquiera nos lo planteamos.
Y es uno de los temas más importantes que tenemos que entender, porque hasta tanto no hagamos lo que venimos a hacer hay un sistema, que en la India se llama samsara, el sistema de las encarnaciones, donde uno vuelve a encarnar repitiendo el mismo patrón una y otra vez. Es como en la película El día de la marmota: una persona vuelve a vivir exactamente lo mismo hasta que logra su propósito. En ese caso era algo romántico. En nuestro caso es despertar.
En el fondo, el propósito es despertar
Venimos hace vidas y vidas dormidos en este sueño de locura. Locura en el sentido de que vivimos miedo, angustia, tristeza, totalmente perdidos en la película de la vida, y el recuerdo de Dios, que debería aflorar en una mente serena, como dice Un Curso de Milagros, rara vez aparece.
Uno puede pasarse la vida en un rally de supervivencia, donde la única pregunta es cómo paso de 1 a 10, de 10 a 100, de 100 a 1.000, hasta que en un momento entra en crisis porque se da cuenta de que se va a morir, y dice: «¿Para qué estuve toda mi vida construyendo un castillo de naipes?».
La única forma de madurar es reconocer a Dios. Y cuando digo Dios me refiero a reconocer qué es lo real. Ese camino es lo que podemos llamar propósito. Lo único que hay que hacer en este mundo es despertar. Tu objetivo no es ponerte un maxiquiosco o vender peras: tu objetivo es despertar.
Recuerda que la duda es producto de una mente enferma. ¿Se imaginan a Jesús, ya despierto, teniendo dudas? Era una persona con una certeza total, y eso es lo que transmitió. Y no te asientes en la tontería de la pequeñez: la labor que vienes a hacer es fundamental.
Cada uno tiene una función que nadie puede hacer por ti
Un Curso de Milagros explica que cada uno de nosotros tiene una función para hacer en este mundo, y que tu función es única: no la puede hacer nadie por ti. Si tú no la haces, queda vacante, porque nadie sobra. Es como un rompecabezas: si tienes uno de 100 piezas y le sacas una, te falta una pieza. No está armado con 99. Cada uno de nosotros es una pieza de ese rompecabezas, y esa pieza sabe dónde va.
En el Curso a esto se le llama el plan de la Expiación. Expiar significa deshacer, liberar. Cada uno tiene una gota del océano, una parte para hacer.
(…) descubrirás que aquello que consideras como tu individualidad o tu singularidad sigue intacto, pero que es diferente de como siempre lo has imaginado. Descubrirás que cumples un gran propósito, y que tienes un maravilloso papel que desempeñar en un gran diseño.
— Un Curso de Amor
Cuando yo lo veía a nivel egoico, creía que todos tenían que hacer lo que yo creía que había que hacer. Lo que hace el ego es proyectar lo que cree de sí mismo. Pero cuando empiezas a ver la energía de una persona, de otra y de otra, te das cuenta de que cada uno es totalmente diferente. A alguien le encanta vender, a alguien le encanta dar clase, a alguien le encanta estar mirando la luna a las tres de la mañana.
Por eso una de las cosas que más confunde al principio es la comparación. Uno se compara y cree que el otro está más avanzado, y nadie sabe. Cada uno está haciendo exactamente el camino que tiene que hacer, y parte de eso es aprender a aceptarnos, aprender a aceptar cuál es mi energía.
Lo que haces no siempre es tu rol: alguien puede decir «soy trader», pero si lo hace con el propósito de ayudar y despertar a sus estudiantes, su rol no es ser trader, es ser docente. La idea es que en cada lugar haya un maestro, que cada uno de nosotros pueda despertar ese maestro.
Nada de lo que hiciste hasta ahora fue casualidad
Antes de dedicarme a esto me dediqué a la música, a la literatura, al arte, pero sobre todo a la música. Y no me iba mal con el violín, pero no se trataba de eso. En mi caso no se trataba de ser buen violinista y vivir toda mi vida de eso.
Lo loco, y parece contradictorio con lo que vengo diciendo, es que todo lo que hiciste hasta ahora era parte de ese propósito. La idea simplemente es que ahora tengas otro nivel de conciencia. Para mí la música fue parte de ese propósito: dedicarle miles, decenas de miles de horas a estudiar el violín me llevó a prácticas de conciencia impresionantes, a niveles de claridad y de sutileza que quizá nunca hubiera tenido con la meditación. Incluso tuve algunas lesiones musculares tocando que me hicieron estudiar técnicas de conciencia corporal.
Un día se me vino a la mente: «Qué bueno sería tocar el violín». Al otro día fui a comer a lo de mi abuela y me dijo: «Acá hay un violín, el de tu bisabuelo». ¿Crees que eso fue casualidad? ¿Y que lo que tú hiciste o estudiaste es casualidad? Todas estas otras cosas que hemos hecho también son guiadas por el Espíritu Santo.
El mismo don puede iluminar o puede oscurecer
Si tienes un cuerpo espectacular para ser atleta, sé atleta. Si naciste con oído absoluto y podrías ser un excelente pianista, sé pianista. Tus energías son un don, y hay que aprender a conocerlo y a usarlo. Unos son excelentes para la docencia —es mi caso, tengo ciertas energías que me ayudan en la parte docente—, otros para liderar, otros para organizar.
Cada energía tiene su lado iluminado y su lado oscurecido. Puedes tener una energía tremendamente explosiva que, mientras tu mente esté en el ego, te lleve a pelearte con todos. Y esa misma energía, usada desde un lugar de liberación, de sanación y de expansión, puede ayudar a una incontable cantidad de personas. Es la misma energía. Yo puedo tener un cuchillo y usarlo para matar a todo el mundo, o con ese cuchillo ser el mejor cocinero y cocinarles a 300 personas que están pasando hambre. Es el mismo cuchillo y es la misma herramienta.
Hay una frase de Truman Capote que me parece interesante, aunque no es verdadera: «Cuando Dios te da un don, te da un látigo». No es verdadera porque Dios no da ni un don ni un látigo; Dios no hace nada, y todo esto lo estamos generando nosotros. Pero se refiere a que eso para lo que realmente tienes capacidad puede terminar siendo una tortura si no entiendes cómo funciona. Cuando empiezas a entender qué herramientas tienes y por qué las tienes, aparece el «claro, toda mi vida fue así, esto es para esto, y no lo veía».
¿Sirve la astrología para encontrar el propósito?
Si tenías la astrología en un lugar banal, de horóscopo, empieza a poner un signo de pregunta en todo lo que te enseñaron. No es una ciencia exacta, pero te da un mapa de tus energías. Es como un escáner, pero a nivel energético. ¿Hace falta estudiar astrología para entender el propósito? En absoluto. A mí me confirmó muchas cosas de las que ya me estaba dando cuenta, y entender cómo funciona ayuda muchísimo y ahorra mucho tiempo.
Ahora, esto lo quiero aclarar: no implica que no tengas que perdonar ni que no tengas que conectar con el Espíritu Santo. Lo que implica es que vas a entender qué está pasando en ciertas áreas, hacia dónde te está llevando la vida y por qué de pronto estás muy expansivo y quieres comerte el mundo, y de pronto no quieres ver a nadie por seis meses. Así como las tortugas hibernan, hay momentos en que tienes que meterte adentro, momentos para expandirte y momentos para reflexionar. Es una herramienta poderosa en cierto momento de la vida, pero no te va a llevar a la liberación final: para eso está Un Curso de Milagros.
Y la herramienta en sí no hace nada. Hay una anécdota de uno de los mejores violinistas de todos los tiempos: bajaba del escenario después de un concierto y una mujer se le acercó a decirle qué hermoso sonaba su violín. Él lo movió un poco y le dijo: «Yo no escucho nada». Como diciendo: el violín solo no suena. Tiene que ver con cómo uno usa la herramienta, con qué hace uno con eso.
Cuando uno va clarificando todo esto, no es que después no tengas que pasar por cosas. Pero el camino se vuelve mucho más claro, porque ya sabes hacia dónde vas. Y ese es el propósito del Espíritu Santo: que un día veas con esta claridad y digas «ah, era esto, y no lo veía».

