Orar no es suplicar: qué pedir para sanar
Terminas de orar y lo primero que haces es abrir la aplicación del banco, a ver si te depositaron el sueldo. Lo cuento como un chiste en los encuentros, pero es un buen retrato de cómo solemos orar: como un trámite del que esperamos un resultado.
Orar para sanar es otra cosa, y Un Curso de Milagros la explica con mucha precisión.
¿Qué es orar, según Un Curso de Milagros?
Entre los principios de milagros, el número 11 dice esto:
La oración es el vehículo de los milagros. Es el medio de comunicación entre lo creado y el creador. Por medio de la oración se recibe amor y por medio de los milagros se expresa amor.
— Jesús, Un Curso de Milagros, principio de milagros 11
Fíjate en la primera consecuencia: la oración no es pedir, es recibir. Después de orar deberías sentir que algo se expande, que algo se abre. Si lo único que sientes es la urgencia de ver un resultado físico, habló el ego. Lo físico, en todo caso, es una derivación de lo que ya se recibió. Y si quieres entender mejor qué es un milagro, lo cuento en qué es un milagro.
Tampoco te preocupes por orar bien. Quien se sienta a orar es la mente, no la conciencia. La conciencia observa a la mente orando, y no la juzga.
¿Qué diferencia hay entre suplicar y pedir?
La súplica es de la carencia; el pedido es de claridad. Muchos aprendimos a orar como quien le pide una migaja a Dios, cuando en realidad tienes toda la luz adentro. Dios, dice el Curso, no conoce de necesidades, así que no puede responder a una súplica por algo que nunca te faltó. Lo que sí puedes pedir es ver lo que no estás viendo.
La súplica nace de la idea de que yo sé lo que tiene que ocurrir. Si suplico por la vida de alguien, quizá esa persona ya está lista para dejar este plano y yo no lo sé. El pedido nace de la profunda humildad: no sé lo que tiene que ocurrir, así que no pido un hecho, pido luz y comprensión.
¿Qué se pide para sanar?
El milagro es una corrección en la mente, así que lo que pides con la oración es una corrección. Algunas formas de pedirlo:
- «Quiero sanar esto, quiero abrir esto, quiero entender esto», sin decirle a la vida cómo.
- Aprender a ver de otra forma a alguien con quien estás perdido: quiero entender que no me hizo lo que me parece que me hizo.
- Pedir el máximo beneficio para todos los involucrados.
- Poder perdonar lo que parece imposible; cómo se practica el perdón.
También puedes pedir desde lo que todavía no está limpio. Si quiero ayudar a otros pero noto que esa voluntad aún está contaminada, puedo pedir: ayúdame a liberar esto para poder ayudar desde el corazón. Eso ya es una oración. Cada una es distinta; si siempre oras con las mismas palabras, estás repitiendo el versito que aprendiste.
Las emociones son buenas puertas. Cuando estás frustrado, desesperado o angustiado, algo interno se está quebrando, y es un buen momento para pedir luz. Si el sufrimiento es muy fuerte o hay una enfermedad de por medio, la oración te acompaña, pero no sustituye la ayuda de un profesional.
¿Cómo se ora en silencio?
La oración más honda es la del silencio: no pides nada, solo estás. Ahí la oración y la meditación casi se funden. Primero se hace el trabajo de reconocer lo irreal en ti, después se ora con la mente más limpia, y después viene la meditación como estado natural. Si quieres ese tercer momento, mira cómo meditar para sanar.
Así cierro yo mis encuentros: una oración silenciosa en grupo. Cerramos los ojos, cada uno desde su lugar, y con las palabras que surjan del corazón hace su oración. Llevamos cada una al centro de un círculo espiritual, y pedimos que las oraciones de todos los hermanos lleguen a cada uno como una lluvia de bendiciones. Termino pidiendo que «la sabiduría de Dios ilumine cada una de mis palabras en cada momento, en cada situación en que esa sabiduría sea requerida».
Si quieres seguir aprendiendo a orar así, mira gratis en Guía TV la serie «El mensaje de Jesús», para seguir profundizando en estas enseñanzas.


