Lección 316: Lo que doy a otros me lo doy a mí
Piensa en la última vez que le hiciste un favor a alguien sin esperar nada. ¿Quién recibió realmente algo? Esta lección te propone una respuesta que quizá no esperas.
¿Qué significa «Todos los regalos que les hago a mis hermanos me pertenecen»?
Ayer, en la Lección 315, aprendiste a reconocer los regalos que te llegan a través de otros. Hoy damos una vuelta de tuerca. Te recuerdo que lo que Un Curso de Milagros nos enseña es a reconocer la unidad que somos. Imagina que vas a una reunión donde quince personas están en conflicto y ves a una que está en paz: si resuenas con esa, tú también eres un canal de paz y un reflejo de la paz de Dios para tus hermanos.
La lección lo dice así: del mismo modo que cada regalo que mis hermanos hacen me pertenece, cada regalo que yo hago también me pertenece a mí. Esa sonrisa y eso a lo que ahora pones tu atención son regalos que te estás haciendo a ti mismo.
¿Por qué es un paso más profundo?
Mira cómo cambia la percepción. Primero reconoces el despertar a través del otro, la voz de Dios, y a tu hermano como tu salvador. Esa es la esencia del curso. Pero en un escalón más profundo agradeces que te estás regalando todo eso: despertar, ser consciente, abrazar tus miedos, liberarlos, reconocerte en el otro. Ahí empiezas a conectar con el ser y a descubrir un autorregalo.
La lección añade algo clave: cada regalo permite que un error del pasado desaparezca. Son regalos de perdón, y recuerda que nuestra función es esa. ¿Cuánto queda por liberar? No importa; no es una cuestión de contar. En cada instante tienes la oportunidad de desarmar algo y de extender un futuro a imagen de lo que reconoces ahora. Todo lo que das es lo que recibes, tal y como lo das.
¿Cómo practicar la Lección 316 hoy?
Te propongo esto:
- Mantén la visión de ayer: sigue reconociendo los regalos que ves en otros.
- Da un paso más y agradece: cada regalo que hago, una palabra amable, una escucha, un perdón, me lo estoy haciendo a mí.
- Haz la oración de hoy, dirigida directamente al Padre: «Hoy quiero aceptar tus regalos. No los reconozco, pero confío en que ya me los has dado y me proporcionarás los medios para verlos y estimarlos».
- Pide entrar en contacto con tus tesoros interiores, ese espacio de sabiduría y de amor donde, dice la lección, los ángeles vigilan las puertas. Esos ángeles son la energía divina que te guía y que a ti te toca reconocer en tu interior.
- Si no hay ningún hermano enfrente, mírate al espejo y regálatelo a ti también. No hace falta, pero puedes hacerlo para recordar que ese cuerpo durará un rato, y que es hermoso.
Recuerda lo que dice el curso: la oración es la herramienta de comunicación entre el Creador y la creación. Con esta oración pides reconocer esos regalos y darte la oportunidad de hacértelos a través de cada hermano que llegue a tu vida.
¿Qué cambia cuando lo practicas?
Piensa en lo que esto significa para tu día. Si todo lo que ofreces vuelve a ti, cada conversación, cada mensaje y cada gesto se vuelven una oportunidad de liberarte de un error del pasado. No tienes que esperar un momento especial: el regalo está en lo pequeño. Además, dejas de sentir que das «de más» o que los demás te deben algo, porque entiendes que nadie pierde cuando se da amor.
Cambia el lugar desde el que das. Ya no das para conseguir algo, porque entiendes que lo que ofreces vuelve a ti como perdón. Y notas que el corazón no deja de extenderse, aunque a veces no lo veas porque piensas que eres el cuerpo. Si hoy no sientes nada especial, no pasa nada: solo abre tu mano para recibir el regalo del otro, para darlo y para dártelo.
Si quieres ver cómo se vive el perdón en lo cotidiano, lee qué es perdonar de verdad. Y mañana seguimos en la Lección 317, donde sigues el camino que se te ha señalado.
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