Lección 312: Veo las cosas como quiero verlas
Son las tres de la madrugada y tu mente da vueltas a una frase que alguien te dijo. Sabes que tienes que perdonarla, pero vuelve y vuelve. ¿Por qué no puedes simplemente pasarla por alto? La lección 312 responde con una claridad enorme.
¿Qué significa «veo todas las cosas como quiero que sean»?
En el camino que hacemos ahora con las lecciones estamos repasando cómo funcionan el juicio y la percepción. Quizá lo leíste en el libro de texto y está muy bien explicado, pero nuestro trabajo, te lo recuerdo, es entrenar la mente, porque está entrenada para juzgar, para ver dualidad, para ver algo externo y para creer que lo que piensa es real.
El curso lo dice hacia el final, en el epílogo de la clarificación de términos: el libro está pensado para trabajar en el ámbito del ego. Lo que hacemos es desarmar lo que no existe. Una mente iluminada no necesita leer Un Curso de Milagros; si lo trabajamos es porque todavía hay algo que liberar y soltar.
Hoy toca entender cómo sigue la película del ego una vez que juzgué: la percepción se deriva de los juicios. Habiendo juzgado, vemos lo que queremos contemplar, pues el único propósito de la vista es ofrecernos lo que queremos ver. Dentro del juicio final, en cambio, la percepción desaparece, porque al no ver nada como separado todo pasa a ser uno.
¿Por qué no puedo pasar por alto lo que me duele?
Dice el curso que es imposible pasar por alto lo que queremos ver. Seguro te ha pasado: sabes que debes aplicar el perdón, pero te resulta imposible. Una palabra que alguien te dijo llega a tu mente y no puedes pasarla por alto. Vuelves sobre ella una, no, trescientas veces en la última semana.
Eso ocurre porque todavía hay algo ahí que queremos ver, algo que creemos verdadero. Y, aunque resulte raro, el ego se regodea en girar una y otra vez en la misma situación. Nuestra mente queda encapsulada, enjaulada, en lo que no hemos podido pasar por alto. Mira el nivel de conocimiento de la mente que hay en este libro.
¿Cómo practicar la lección 312 hoy?
- Recuerda que el juicio viene primero y la percepción después: lo que ves es un derivado de lo que juzgaste.
- Observa la maquinaria de la mente: cuando una situación vuelva y vuelva, pregúntate qué quieres seguir viendo en ella.
- Reconoce que los barrotes de esa cárcel de pensamientos los elegiste tú, y que hay otra forma de ver.
- Abre la puerta al Espíritu Santo para que deshaga el ego, perdone y te muestre la ilusión.
- Repite la frase de devoción: mi único propósito hoy es contemplar un mundo liberado.
Para entender el origen de esa trampa, te servirá conocer qué es el ego según Un Curso de Milagros y ver si se puede cambiar la percepción. La lección anterior fue la lección 311 y la siguiente es la lección 313.
Date cuenta de lo liberador que es esto. Si la percepción es un derivado del juicio, no estás condenado a seguir viendo lo mismo. Cuando invertimos el pensamiento y le abrimos la puerta al Espíritu Santo, empiezas a descubrir que los barrotes de esa cárcel los habías elegido tú. Y lo que uno elige puede elegirlo de nuevo. Por eso conviene tener muy presente cómo funciona este trabajo de la percepción: es un entrenamiento que se repite día a día, sin prisa y sin culpa.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Cuando aceptas el propósito del Espíritu Santo, el mundo real se alza de manera inevitable ante la santa visión. Si no juzgáramos nada, veríamos todo como una unidad, y eso es lo que nos toca: asentar las bases de la conciencia crística, una mirada iluminada que reconoce la inocencia en cada situación.
Si hoy no sientes cambios, no te exijas: es un entrenamiento que se hace día a día. Este libro es de autoconocimiento, y conocer cómo funciona tu mente ya es el trabajo santo de hoy. Si una situación te hunde, apóyate también en un acompañamiento profesional.
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