Lección 311: Juzgo las cosas como quiero que sean
Entras a una habitación y ves el desorden. Te sirven la comida y tiene un pelo. Llegas a una reunión y la cara de alguien no te gusta. En segundos ya decidiste qué está mal. ¿Te has fijado en lo que acaba de pasar dentro de ti? La lección 311 te enseña a verlo.
¿Cómo funciona el juicio según la lección 311?
La lección dice: «Juzgo todas las cosas como quiero que sean». Te invito a leerla y releerla, porque explica muy bien cómo funciona el juicio, y a usarla sobre todo para observarlo cuando te descubras juzgando.
El curso enseña que los juicios se inventaron para usarse como un arma contra la verdad. Es lo contrario del juicio de Dios, que es el juicio de la inocencia: reconocer al creador, la creación, al hijo y al padre.
Y funciona en dos pasos. Primero, el juicio separa aquello contra lo que se usa, y lo hace ver como algo aparte. Luego, hace de ello lo que tú quieres que sea. Es muy simple, y por eso conviene verlo en ejemplos pequeños.
¿Por qué cuesta tanto ver que juzgamos?
Porque es tan cotidiano que ni lo notamos. Vas a un bosque y ves un árbol reseco: lo separas y sientes pena. Te dicen que algo anda mal en una parte de tu cuerpo: esa parte la separas. Ves tu cuarto desordenado: lo separas y te enojas contigo por no haber hecho lo que debías. Si en un restaurante aparece un pelo, decides que quien cocinó es un inepto. No digo que no apartes el pelo; te lo cuento para que veas el mecanismo en cosas muy simples.
Después, a nivel profundo, esto tiene que ver con juzgar a mi hermano y separarme de él. El problema, además de ser falso y de lo que genera emocionalmente, es que vemos de manera constante un mundo que no existe, lo rechazamos y queremos que sea distinto de como es. Esa es la definición de la locura.
El juicio, además, juzga lo que no puede comprender: no ve la totalidad, solo una porción, y el ego decide qué quiere que sea esa porción.
¿Cómo practicar la lección 311 hoy?
- Lee la lección con calma y quédate con la idea de que el juicio siempre separa una parte del resto.
- Observa cada situación del día: ¿qué estoy separando y cómo quiero que sea?
- Pide guía y date espacios cotidianos para oír la voz del Espíritu Santo; escribe lo que te vaya diciendo, porque es exacto lo que necesitas.
- Perdona todo lo que aún estés juzgando.
- Relee la parte sobre el juicio final y recuerda que, en última instancia, todo es inocente.
Me gusta esta imagen: ves solo una porción de una pintura y piensas que falla por cómo la ves. Si vieras la pintura completa, que es lo que la mente de Cristo permite, entenderías la perfección del pequeño escenario que te toca. Si te cuesta soltar los juicios sobre otros, te ayuda leer cómo dejar de juzgar a los demás y qué significa realmente perdonar.
Piensa en lo que cuesta, a nivel emocional, sostener esa exigencia de que el mundo sea distinto. Cada vez que decides cómo deberían ser las cosas, te colocas en guerra con lo que ves. Por eso la lección no te pide esforzarte más, sino pedir otro juicio: el que corresponde al Hijo que Dios ama. Estamos esperando con la mente receptiva a oír ese juicio, y eso se aprende dándote pequeños momentos de silencio durante el día.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si todavía hay mucho juicio?
Empiezas a reconocer cuándo la mente dormida proyecta lo que cree real sobre lo que percibe, piensa y siente, y a elegir otra cosa. No tengas miedo si todavía hay mucho juicio: nuestro trabajo es liberar eso. Si hay juicio, no pasa nada. Pide guía, escucha, perdona y recuerda que todo es amor y que nos toca reconocer al Hijo de Dios en su perfección. Si algún juicio te duele mucho, apóyate también en un acompañamiento profesional.
Si vienes siguiendo el libro, retoma la lección 310 y continúa con la lección 312.
Si quieres hacer el libro de ejercicios acompañado, lección a lección, súmate a la formación y accede a una media beca: Pide tu media beca.
Si primero quieres probar, empieza con el curso gratuito Maratón de Un Curso de Milagros: Empieza gratis aquí.

