Lección 35: Soy muy santo
Piensa en la imagen que tienes de ti. La que usas cuando te presentas, cuando te equivocas, cuando alguien te reclama algo. ¿De dónde salió? La Lección 35 te propone mirar esa imagen de frente y, después, preguntarte quién eres de verdad.
¿Qué significa «Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo»?
Esta lección empieza a establecer cuál es nuestro verdadero origen y, con ello, cuál es nuestra verdadera identidad. Es un escalón fundacional y fundamental para sacarnos de encima la idea absurda de que somos culpables. Viene después de la Lección 34, y prepara el camino para las que siguen sobre la santidad.
Te cuento algo importante que dice el propio curso: esta idea no describe la manera como te ves ahora. Es una idea futurista. Tu mente, en la medida en que se impregna de quién eres realmente, va dejando atrás la peliculita barata que uno se cuenta de sí mismo: la historia personal, las experiencias y la interpretación que hiciste de ellas. Lo que importa es quién eres ahora, no el relato que arrastras.
¿Por qué cuesta tanto creerlo?
Porque en esta práctica vas a ver al ego cara a cara. Y lo que vas a ver no es quién eres, sino tu tontería: la idea de que puedes fracasar, de que puedes fallarle a otro, de que puedes culpar, de que puedes hacer que otro sufra. Eso es mentira. No tienes ese poder. Es el poder que el ego se ha adjudicado y que no existe en términos reales; es solo temporal, dentro de una mente dormida.
El curso lo explica así: según el nivel de tontería que te contaste, entras en un ambiente y creas una imagen de ti mismo. Y te juntas con quien creó esa misma imagen, se llame machismo, feminismo, tal ideología política o tal estructura de pensamiento. Todo eso es irreal. En la mente de Dios no hay género, no hay separación, no hay órganos físicos. Todo es mental y ocurre con libre albedrío: uno puede elegir exactamente lo que quiere. Si te interesa ver de dónde sale esa idea de estar aparte, lee qué es la separación según Un Curso de Milagros.
¿Cómo practicar la Lección 35 hoy?
El curso te pide dos cosas, y yo las resumo así:
- No esfuerces la mente para traer ningún pensamiento.
- No rechaces nada de lo que venga: a todo pensamiento le aplicas la idea de hoy.
- Hazlo con honestidad y con un amor infinito por lo que eres, mirando sin miedo la imagen que tienes de ti.
- Al final, pon el énfasis en el que observa y no en lo observado, en el que percibe y no en lo percibido. Porque el que percibe es el que juzga.
Ese último paso es muy poderoso. Es el famoso efecto observador, como se le dice en la mecánica cuántica: el que observa afecta lo que observa. Ahí empiezas a encontrar el origen de la fabricación de un mundo ilusorio, o de la creación de un mundo de amor que está en tu propio interior.
¿Qué cambia cuando lo practicas?
Esta visión no ve a través de los ojos del cuerpo, sino que los usa como una forma de aprendizaje y no de juicio. Poco a poco sueltas la idea que tienes de ti, y con ella la culpabilidad, la mochila, la tontería de pensar que puedes perjudicar a alguien, porque eso solo ocurre dentro de la mente del ego. Cuando despiertas y reconoces esa ilusión, el amor y la paz que experimentas no son de este mundo. Si el peso de la culpa te acompaña hace tiempo, mira cómo soltar la culpa.
Y si hoy te sale resistencia, o incluso no sientes nada, tómalo con calma: esta es una lección para llevar «hasta sus últimas consecuencias», pero sin presión. Si lo que aparece es un dolor fuerte, busca además acompañamiento profesional. Estas son palabras de verdad, palabras de sabiduría, que nos llevan a reconocer quiénes somos y a ver con la visión del Creador. Mañana, la Lección 36.
Si quieres hacer el libro de ejercicios acompañado, lección a lección, súmate a la formación y accede a una media beca: Pide tu media beca.
Si primero quieres probar, empieza con el curso gratuito Maratón de Un Curso de Milagros: Empieza gratis aquí.

